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Biblioteca Evoliana

La Tradición Hermética (08) . 7. La Mujer. El Agua. El Mercurio. El Veneno

La Tradición Hermética (08) . 7. La Mujer. El Agua. El Mercurio. El Veneno

 

Biblioteca Julius Evola.- Evola en este capítulo prosigue su análisis pormenorizado del simbolismo hermético. Parte del análisis de lo que supone el concepto de Caos en el hermetismo. Y acto seguido aborda el papel simbólico de la mujer, asimilada herméticamente al agua y a una forma de Mercurio. En realidad, buena parte de la Obra Hermética gira en torno a los conceptos de la mujer y, especialmente, del mercurio, del que, en los próximos capítulos se verá que tiene dos acepciones y dos simbolismos diferentes.

 

 

7. La Mujer. El Agua. El Mercurio. El Veneno

Hemos hablado del «en to pan». Hay que determinar ante todo el aspecto «caos» o «todo» del «uno». En sentido estricto, el caos es la materia prima: la posibilidad indiferenciada, principio de toda generación. El simbolismo que lo designa en el hermetis­mo es bastante diverso en cuanto que recupera los símbolos uti­lizados en muchas antiguas civilizaciones. Es la Noche, el Abismo, la Matriz; luego el Árbol, y como hemos visto, también la Mujer ‑la Madre, la «Señora de los Filósofos», la «diosa de belleza su­blime»‑.[1] Pero los símbolos técnicos y específicos de los textos hermético‑alquímicos son, sobre todo, el Agua y el Mercurio.

«Sin el Agua divina nada existe», dice Zósirno[2]: «ella realiza cada operación en el compuesto (o sea, en lo que forma con ella). Agua del abismo, Agua Misteriosa, Agua divina, Agua permanente, Agua viva (o Agua de Vida), Agua eterna, Agua‑Pla­ta, Océano, Mate Nostrum, Mate Magnum Philosophorum, Acqua­ Spirito, Fons perennis, Acqua celeste, etcétera, son expresiones que se encuentran por doquier en los textos. Por otra parte, entre los símbolos del principio femenino y el de las Aguas‑‑‑entre Tie­rra Madre, Aguas, Madre de las Aguas, Piedra, Caverna, Casa de la Madre, Noche, Casa de la Profundidad o de la Fuerza o de la Sabiduría‑ existe una conexión que se remonta a los primeros tiempos[3]. Y el hermetismo la recupera.

Al propio tiempo las Aguas, lo «Húmedo radical», la «Seño­ra de los Filósofos», el Caos, el «misterio buscado por todos y finalmente encontrado», etc., son, alquímicamente, el Mercurio. Todo está compuesto de Mercurio (o de agua mercurial), dicen los textos: es lo que constituye, a su decir, la materia, el princi­pio y el fin de la Obra.

Ya hemos mencionado otra asociación: la existente con la Ser­piente o el Dragón. Se trata de la Serpiente universal o cósmica, que, según la expresión gnóstica, «se mueve en el interior de to­das las cosas»[4]. Su relación con el principio del caos ‑«nuestro Caos o Espíritu es un dragón de fuego que a todo vence»[5]y con el principio de la disolución ‑el Dragón Uroboros es la disolu­ción‑ de los cuerpos[6], se remonta a mitos antiquísimos.

Sin embargo, el hermetismo utiliza los símbolos más particu­lares del Veneno, Víbora, Disolvente universal, Vinagre universal para designar el aspecto de la potencia de lo indiferenciado, en cuyo contacto todo lo diferenciado no puede menos que ser destrui­do. Pero, al propio tiempo, para designar el mismo principio en­contramos el término Menstruo y, como tal ‑o sea, como la sangre de la simbólica «Señora» que alimenta la generación‑, asume tam­bién el significado opuesto de Espíritu de Vida, de «Fuente de Agua Víva», la «Vida en los cuerpos, lo que atrae, la Luz de las Luces»[7].

El principio en cuestión tiene pues un «doble sentido», es Muerte y Vida, tiene el doble poder del «solve» y del «coagula»: «Basilisco, Filosófico», como un rayo quema a todo «metal im­perfecto» (Crollío); «Fuente Terrible», a la que si se deja des­bordarse, todo lo devasta, pero que confiere la victoria sobre cual­quier cosa al «Rey» que consiga bañarse en ella (Bernardo Trevi­sano); el Ruach, el Espíritu o Hálito, «principio indeterminado de todos los indíviduos»; 8 es el «Plomo negro», y también la «Magne­sía», la «Quíntaesencia», lo que puede todo en todo, y que a quien sabe y comprende su uso proporciona Oro y Plata.[8]

En realidad, por la propia naturaleza, absolutamente indife­renciada, de lo que ello quiere signíficar, el simbolismo usado por los textos a este propósito es desmesurado: los autores herméticos dicen explícitamente que lo que es el todo puede ser designado con todo ‑incluso con las cosas más extravagantes‑, con el fin de desorientar al ignorante.

Lo que interesa, sin embargo, es relacionar estos símbolos con un estado del espíritu, con el encubrimiento de una experiencia: puesto que para el hermetismo hay que considerar válido aquello que Aristóteles dice acerca de los Misterios, o sea que no se iba a ellos a aprender, sino para realizar a través de una experiencia vivida una profunda impresión[9]. En ese sentido hay que en­tender las expresiones relativas al mismo principio, que encontra­mos en las corrientes afines al hermetismo: «Agua que produce temblores»[10]; «Las Tinieblas son un Agua terrible»[11]; «Potencia entera de la agitación violenta, semejante al agua en movímiento», la que trae «aquello que permanece, libera lo que anda, destruye lo que crece», y a cuya imagen fueron hechos Cefeo, Prometeo y Japeto»[12]. Böhme añade: «El ser se libera de la muerte con una agonía, que se realiza en la gran angustia de la impresión, que es la vida mercurial... Este estremecimiento procede del Mercurio, o angustia de la muerte». Se trata del contacto con el veneno, con la fuerza disolvente que como muerte rompe las esencias fi­nitas.

Así, el Mercurio hermético, «Basilisco Filosófico», que actúa como un rayo (recuérdese el rayo que abatió a los titanes), se co­n­rresponde con el prána la fuerza de vida que en la tradición hin­dú se llama también «causa suprema de estremecimiento», y «rayo blandido», que sin embargo «hace inmortal a quien lo conoce»[13]. En la mitología asiría el dios Merodak tiene rayos en ambas ma­nos cuando combate contra el monstruo del caos, Tiamat. Este combate simbólico nos conduce a la fase siguiente, la de la sepa­ración.



[1] Esta última, en B. VALENTINO (Aurea Occultam Philosophorum, en Manget, 11, 3.' clave) es ofrecida como la «Mujer del Mar», y al mismo tiem. po hay una referencia al «centro del Árbol que hay en el centro del Paraíso», que «los Filósofos han buscado tan afanosamente».

 

[2] CAG, 11, 144.

 

[3] CI. H. WIRTH, Der Aufgang der Menscbheit, Jena, 1928 y J. J. BACHOFEN, Urreligion und antike Symbole, Leipzig, 1926.

[4] Apud HIPÓLITO, PBILOS., V. 9. CI, V, 16, donde la Serpiente es asimilada, como el Mercurio hermético en Basilio VaIentino, a la corriente que nace en el centro del Edén; en segundo lugar al Logos de Juan, aquel por medio del cual todas las cosas se hacen (asimilación que también en­contramos en el hermetismo): para BÖHME el Mercurio es el Sueño, el Verbo, la «Palabra de Dios, manifestación del Abismo eterno» (Morgenróte, IV, § 13‑14, De Signatura Rerum, VIII, § 56).

[5] FILALETES, Introitus, etc., c. II.

[6] Textos Pseudodemocriteos, CAG, 111, 22.

[7] PERNETY, Dict., p. 141.

[8] Cfr. CAG, 11, 91, 94‑96, 99, 144.

 

[9] Gran Papiro Mágico de París, texto en Intr. alla Magia, vol. I, P‑ 144 y ss.

 

[10] Apud HIPOLITO, Philo. S., V, 19.

 

[11] Ibid, 5, 34

 

[12] Böheme, De Signatura Rerum, III, 19, 20

 

[13] Khata Upanishad, II, 4, 2.

 

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