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El Misterio del Grial - Capítulo II - El ciclo del Grial - XIII Las Fuentes del Grial

El Misterio del Grial - Capítulo II - El ciclo del Grial - XIII Las Fuentes del Grial

Biblioteca Evoliana.- El título del Capítulo II de "El Misterio del Grial" se titula "El Ciclo del Grial" y a lo largo de sus ocho parágrafos, Evola describe las fuentes y los episodios simbólicos más importantes de este ciclo heróico-literario. El primer parágrafo se titula precisamente "Las fuentes del Grial" y es particularmente importante porque delimita el "auténtico" ciclo del grial a un corto período entre el siglo XII y el XIII con apenas una docena de fuentes literarias. Evola aprovecha también para pintar breve pero con precisión asombrosa aquella época en la que apareció la leyenda del Grial.

 

EL CICLO DE GRIAL

XIII. LAS FUENTES DEL GRIAL

Se ha señalado con razón que, desde el punto de vista histórico, los textos más característicos referidos al Grial hacen pensar casi en una corriente subterránea que aflora  en un momento dado, pero que en seguida se retira y se hace invisible de nuevo, casi como si se hubiese advertido un obstáculo o peligro preciso. De hecho, tales textos se multiplican en un breve período: ninguno de ellos parece anterior al último cuarto del siglo XII y ninguno posterior al primer cuarto del siglo XIII. Y este período corresponde también al apogeo de la tradición medieval, al período de oro del gibelinismo, de la alta caballería, de las Cruzadas y de los Templarios, y al propio tiempo del esfuerzo de síntesis metafísica efectuado por el tomismo, partiendo en el fondo de una herencia precristiana y no cristiana, recogida por la civilización árabe (junto con un florecimiento análogo de espíritu caballeresco y místico), como era la del aristotelismo. La repentina popularidad de los romances y de los poemas del Grial viene seguida de un olvido igualmente singular. En los primeros años del siglo XIII, como si se obedeciese a una consigna, en Europa se deja de escribir sobre el Grial. Se produce una reanudación tras un notable intervalo, en los siglos XIV y XV, con formas ya cambiadas, a menudo estereotipadas, que entran en rápida decadencia. El período del colapso de la primitiva tradición del Grial coincide con el del máximo esfuerzo de la Iglesia por reprimir corrientes que consideró «heréticas». La reanudación se produjo pasado cierto intervalo de la destrucción de la Orden de los Templarios, a la que, especialmente en Francia y en Italia, y en parte en Inglaterra, parece haber seguido el organizarse más secretamente los representantes de influencias afines, que ya veremos que no carecen de relación con la misma tradición del Grial y que continuaron algunos aspectos hasta épocas relativamente recientes.

Indicamos las principales fuentes de la saga del Grial, en las que apoyaremos principalmente nuestra exposición, expuestas en un orden que, según algunos autores, es aproximadamente el cronológico de la compilación de los textos:

I) Ciclo de Robert de Boron, que comprende:

    a) el José de Arimatea,

    b) el Merlín;

    c) el Perlesvaus.

II) El Conte du Graal, de Chrestien de Troyes, junto con:

    a) una primera continuación por parte de Gautier de Doulens;

    b) una segunda continuación por parte de Manessier;

    c) una interpolación por parte de Gerbert de Montreuil.

III) El denominado Grand Saint Graal.

IV) El Perceval li Gallois en prosa,

V) La Queste del Saint Graal, penúltima parte del Lanzarote en prosa.

VI) El Parzifal, de Wolfram von Eschenbach, al que puede asociarse el Titurel, de Albrecht von Scharffenberg, y el Wartburgkrieg.

VII) La Morte Darthur, de Malory.

VIII) El Diu Crône, de Heinrich von dem Turlin.

Esto por lo que se refiere a lo que suele llamarse la «literatura» del Grial en sus fuentes positivas. Pasamos ahora a un breve examen de las fuentes internas de la tradición, según algunas indicaciones proporcionadas por las mismas fuentes.

Señalemos ante todo al respecto el tema de Avalón. En el Perceval li Gallois se cuenta exactamente que el libro en latín que contenía la historia del Grial fue hallado en la isla de Avalón, «en una casa santa, situada en la cima de regiones peligrosas», donde «están también enterrados Arturo y Ginebra». Ahora bien, en Robert de Boron, que es uno de los textos más antiguos del ciclo, el Avalón aparece como un país situado en el Occidente extremo, adonde, por orden divina, se dirigen algunos caballeros de las huestes de José de Arimatea, el portador del Grial, como Petrus y Alano. Se dice exactamente que Petrus deberá dirigirse «a donde su corazón lo llama», o sea «a los valles de Avaron», y allí deberá permanecer hasta que vea a quien sabrá leer una carta divina y anunciará el poder del Grial.

Sabemos ya que el Avalón occidental es lo mismo que la «Isla Blanca». Ahora bien, «a la Isla Blanca», concebida por transposición como parte de Inglaterra, dice Gautier que se dirige el propio José de Arimatea con el Grial, y allí, acosado de enemigos, es «alimentado», junto con los suyos, por el propio Grial, que da a cada uno lo que ansía . Por otra parte, según otros, en la insula Avallonis, confundida con Glastonbury por la razón ya explicada, está enterrado el propio José de Arimatea, y tal isla es en el fondo una reproducción de aquella adonde son llevados muchos héroes del Grial y en donde se desarrollan sus aventuras y sus pruebas más significativas, mientras que a su vez recoge el antiguo símbolo «polar» nórdico-céltico del centro primordial cuando se nos presenta en la forma de «isla giratoria».

Y aquí, de un modo u otro, se trata en realidad de ese centro. Esa es la «Tierra prometida» del Grial, concebida como el lugar donde se hallan los orígenes del Grial, o como el país adonde éste es transportado, o como el lugar de su búsqueda, y que los distintos viajes que a ello se refieren tenían carácter simbólico y el significado de una toma de contacto con fuerzas o centros de la tradición primordial se desprende ya del hecho de que, por ejemplo, en el Grand Saint Graal la tierra inglesa, concebida como la tierra prometida del Grial, la alcanzan por medios sobrenaturales José de Arimatea y sus caballeros. Les es impuesta la prueba de cruzar de forma milagrosa las aguas, prueba que pasarán los elegidos y los puros, mientras que los que carecen de fe se hundirán. Hemos aclarado ya el sentido de ese simbolismo.

La tradición que refiere Wolfram von Eschenbach conduce también al Avalón, porque en ella el jefe de la estirpe de la dinastía del futuro rey del Grial es Mazadan, a quien una mujer sobrenatural, Ter-de-la-Schoye, conduce a Feimurgán. A través de un visible cambio de nombres, reconocemos aquí a la Morgana del ciclo de Arturo, que reside en la «Tierra del Gozo», uno de los nombres asignados a la «Isla Occidental» de la tradición céltica, que a veces, además, acaba aplicándose al propio reino del Grial. El tema de una tradición primordial unida a Avalón que hay que resucitar por vía «heroica» ejerce, por lo demás, un papel importante en la expresión de la saga por parte de Robert de Boron: Parsifal se entera de que «el Rico Pescador» (título que con frecuencia se aplica al propio José de Arimatea) es su padre: por orden divina ha ido «a lejanos países de Occidente, donde se pone el sol (avaloit)», y allí es mantenido en una vida que no cesa, hasta que el hijo de Alano haya realizado tales gestas que lo hagan aparecer como el mejor caballero del mundo.

En cuanto a las referencias sobre José de Arimatea, constituyen el componente cristiano, aunque no católico y apostólico, de la saga. José es representado como «noble caballero» pagano llegado a Palestina que, por los servicios que había prestado a Poncio Pilatos durante siete años, obtiene de éste el cadáver de Jesús y recoge la sangre del costado en una copa que, según algunos textos, es el propio Grial. Encarcelado en «una casa parecida a un pilar hueco en medio de un pantano», a José se le aparece el Señor, quien le entrega la copa: y ésta le da luz y vida hasta su liberación, que según algunos textos no se produce hasta cuarenta años después. Todo esto sucede mientras José todavía era pagano.

Más tarde, José recibe el bautismo, y el Señor lo consagra primer obispo del cristianismo mediante un óleo que, por otra parte, parece ser el de una consagración real más que sacerdotal. De hecho, este óleo consagrará más tarde a toda la dinastía del rey de Bretaña, hasta Uther Pendragon, padre del rey Arturo. José y los suyos tienen varias aventuras simbólicas, de las que nos ocuparemos, y en las que se repite el tema de la «Isla», antes de pasar a Inglaterra (país que hemos visto que había adoptado el significado de la «Isla Blanca») del modo sobrenatural que hemos explicado. En el Parceval li Gallois se encuentra la importante mención de que, ya antes de la muerte de Jesús, José había estado en la «Isla», adonde se dirigirá luego Parsifal, mientras que Robert de Boron habla también de misteriosos antepasados de José, a los cuales es necesario prestar igualmente servicio para conseguir formar parte de la Orden; la cual, siendo esto así, debía de existir ya antes de Cristo y del cristianismo.

Si se quiere dar un contenido histórico sui generis a estos aspectos de la saga, quizá podría resumirse como sigue: algo del cristianismo pasa al área nórdico-céltica y reaviva la tradición de Avalón.

Según esas tradiciones, Britania, asociada a reminiscencias de la «Isla Blanca» y después decididamente al reino del rey Arturo, es de hecho la tierra prometida del Grial, el lugar donde se manifiesta el Grial eminentemente, Además, un centro inglés – Glastonbury y también Salisbury -, que también se confunde con Avalón o con lugares simbólicos equivalentes, conserva las «fuentes» de la historia del Grial. La referencia de que el Grial fue concedido para alimentar a los caballeros que habían pasado a Avalón y habían caído en la indigencia, podría referirse a un período de decadencia de las formas visibles de la antigua tradición nórdica, que precisamente en la forma de la tradición del Grial debía despertar a una nueva vida al entrar en contacto con la religiosidad cristiana llegada hasta el Norte. Esto podría relacionarse con el tema de los encantamientos de los cuales el Grial debía librar a Inglaterra, y según algunos al mundo entero, y también con el tema de la Corte del rey Arturo caída en decadencia a causa del «golpe doloroso» y con la necesidad, para los caballeros de la Tabla Redonda, de entregarse a una aventura desconocida para los textos más antiguos de la tradición nórdico-céltica y que es precisamente la búsqueda del Grial.

Sin embargo, en su misma forma cristianizada, esta búsqueda es igualmente desconocida en los primeros textos del cristianismo ortodoxo, y la tradición del Grial tiene visiblemente muy poco en común con la apostólico-romana. Sobre el segundo punto, hemos visto ya que el jefe de la estirpe regia del Grial, José de Arimatea, recibe directamente la investidura de manos de Cristo, y su dinastía, esencialmente real, no guarda relación con la Iglesia de Roma, sino que conduce directamente al reino nórdico del rey Arturo, y una de sus ramificaciones, según Wolfram von Eschenbach, desemboca en el reino simbólico del preste Juan, «rey de reyes». En cuanto al primer punto, si bien la literatura eclesiástica conocía ya el personaje de José de Arimatea y su encarcelamiento, no sabe nada del Grial, ni hay antiguos textos bretones (con excepción de uno, y en un solo pasaje, que parece intercalado) en los que José aparezca como apóstol cristiano de Inglaterra.

El cronista Elinando, que fue el primero en referir la historia del Grial haciendo aparecer en ella a José de Arimatea, escribe: Gradalis autem vel gradale dicitur Gallice scutella lata et aliquantulum profunda in quia preciosas dapes, cum suo jure divitibus solent apponi, et dicitur nomine Graal... Hanc historiam latine scriptam (entiéndase: en los escritos de la Iglesia) invenire non potui, sed tantum Gallice scripta habentur a quibusdam proceribus, nec facile, ut aiunt, tota inveniri potest. En 1260, Jakob van Maerlant desmentirá la historia del Grial, precisamente basándose en el hecho de que hasta entonces la Iglesia todavía no sabía nada o, mejor dicho, no quería saber nada de ella.

Si bien en algunos textos el cáliz de José de Arimatea se identifica con el de la última Cena, en ninguna tradición cristiana se encuentran rastros de tal asociación. Por otra parte, aunque en los textos más posteriores y de fuerte tendencia cristiana el Grial adoptará, en este sentido, una función análoga a la del cáliz eucarístico en el misterio de la Misa, la repugnancia de un Robert de Boron, por ejemplo, a hablar de la naturaleza del Grial y la alusión a palabras secretas que a él se refieren, que nadie debe repetir y que sólo habían sido transmitidas a José de Arimatea, hacen pensar que se trata de un misterio diferente al del rito católico, y que en cualquier caso aparece celebrado por otros, no por el clero ortodoxo, junto a un simbolismo y a un esoterismo totalmente ajenos al cristianismo . Y cuando algunos textos identifican el Grial como copa con el cáliz de Jesús y la lanza con la lanza de la crucifixión, quien sigue la lógica interna y advierte el tono fundamental del conjunto no puede dejar de preguntarse si se trata de algo más que de imágenes de la conciencia religiosa predominante tomadas a modo de préstamo como medio para expresar un contenido distinto.

Que ese contenido arranca de tradiciones ajenas al cristianismo y refleja un clima bastante poco reducible a la religiosidad cristiana resulta bastante claro para todo aquel que considere en su conjunto las leyendas del Grial.

Wolfram von Eschenbach hace remontar las fuentes de su narración a un «Kyot el Provenzal», que a su vez había encontrado la leyenda de Parsifal y del Grial en textos paganos, descifrados por él gracias a su conocimiento de los caracteres mágicos. Flegetanis, de la estirpe de Salomón, había escrito en tiempos antiquísimos la historia del Grial contenida en esos textos, basándose en su ciencia astrológica, al haber leído el nombre del Grial en las estrellas. «Examinando las estrellas, descubrió secretos profundos de los que no hablaba sin estremecerse».

De modo que la leyenda del Grial presenta en general caracteres sobrenaturales, secretos e iniciáticos. Robert de Boron atribuye las verdaderas fuentes de esta historia a un «gran libro» que él no pudo leer, «donde están escritos los grandes misterios que son llamados del Grial», y en el Percevalli Gallois se añade: «Esta historia es muy valiosa y no se cuenta a gente que no pueda comprenderla, ya que una cosa buena divulgada entre hombres malvados nunca será aprendida por ellos.» Y Robert de Boron: «La gran historia del Grial nunca había sido tratada por un hombre mortal: unque retreite este n'avoit – la grant estoire dou Graal - par nul homme qui fust mortal.» Las metamorfosis que se despliegan en la visión del Grial son para él inexpresables, «ya que los secretos del sacramento no deben revelarse más que a aquel a quien Dios ha dado la fuerza para tanto».

Vauchier dice que es peligroso hablar del Grial, a no ser en el momento y lugar oportunos, y que «no puede hablarse del misterio del Grial sin temblar y mudar el color». La denominada "Élucidation" que precede al texto de Chrestien de Troyes se remite a un tal Maestro Blihis, poseedor de una tradición que debe permanecer secreta: «Car, se Maestre Blihis ne ment, nus ne doit dire le secrée». En el texto más reciente y cristianizado del primer período, el Grand Saint Graal, al originario carácter secreto y misterioso lo sustituye otro más místico: el libro del Grial fue escrito por el propio Cristo y transmitido a su autor durante una visión. Sólo es posible acercarse a él tras una preparación ascéticopurificadora.

Leyéndolo, se producen apariciones, el espíritu es raptado por los ángeles y llevado a contemplar directamente la Trinidad. Abrir el estuche que contiene el Grial significa entrar directamente en contacto con Cristo. Sin embargo, aun junto a esos caracteres, a causa de las heridas, de la obcecación o de la sed ardiente de que ese mismo texto hablará en relación con quienes desean acercarse demasiado al Grial, permanece el antiguo y más originario significado de un mysterium tremendum que poco tiene que ver con el pathos cristiano.

 

Hitler y las sociedades secretas

Hitler y las sociedades secretas

Biblioteca Evoliana.-  Recibimos la traducción de este artículo sin más mención, aun cuando ha sido citado muy frecuentemente. En é Evola rompe un mito demasiado insistente para que no lo tratara antes o después. Las relaciones del nazismo con las sociedades secretas fueron muy limitadas. Contrariamente a lo que han dicho algunos apologistas del nazismo (Miguel Serrano, fundamentlamente) o muchos de sus detractores (Pawels y Bergier en "El Retorno de los Brujos"), las relaciones del nazismo con el esoterismo y la magia fueron poco menos que nulas. 

 

 

HITLER Y LAS SOCIEDADES SECRETAS

Julius Evola

Es notorio que algunos autores en Francia han investigado la relación del nacionalsocialismo alemán con las sociedades secretas y las organizaciones iniciáticas. La motivación para ello ha sido el supuesto trasfondo ocultista del movimiento hitleriano. Esta tesis fue propuesta primeramente en el bien conocido y muy exitoso libro El amanecer de los magos, ("El Retorno de los Brujos") donde el nacionalsocialismo es definido como la unión del "pensamiento mágico" con la tecnología. La expresión usada para ello fue: "divisiones panzer más René Guénon", una frase que puede haber provocado que el eminente representante del pensamiento tradicional y las disciplinas esotéricas se agitara indignado en su tumba.

El primer malentendido aquí es la confusión del elemento mágico con el mítico, siendo que uno no tiene nada que ver con el otro. El papel de los mitos en el nacionalsocialismo es innegable, por ejemplo, en la idea del Reich (imperio), el Führer carismático, Raza, Sangre, etcétera. Sin embargo, antes de llamarlos "mitos", uno debe aplicar a ellos el concepto "ideas-energías motivadoras" de Sorel (que son todas las ideas sugestivas usadas comúnmente por los demagogos), y no atribuirles ningún ingrediente mágico. De la misma manera, ninguna persona racional relaciona la magia con los mitos del fascismo, tal como el mito de Roma o el del Duce, tampoco con los de la revolución francesa o el comunismo. La investigación debe proceder diferentemente si se dirige hacia el surgimiento de ciertos movimientos, sin saber que están sujetos a influencias que no son meramente humanas. No obstante, no es el caso de los autores franceses. Ellos no están pensando en influencias de este tipo sino de una naturaleza concreta, ejercida por organizaciones que existieron realmente, algunas de las cuales fueron "secretas" en varios grados. Igualmente, algunos han hablado de "superiores desconocidos", que supuestamente han originado el movimiento nacionalsocialista y han usado como médium a Hitler, aunque no es claro qué propósitos tenían en mente cuando lo hacían. Si uno considera los resultados, las consecuencias catastróficas que representó para el nacionalsocialismo, aun indirectamente, tales propósitos debieron ser oscuros y destructivos. Uno podría identificar el "lado oculto" de este movimiento con lo que Guénon llamó la "contrainiciación", pero los autores franceses han propuesto la tesis de que Hitler, el "médium", se emancipó hasta cierto punto de los "superiores desconocidos", casi como un golem, y que el movimiento siguió entonces su dirección fatal; pero en este caso uno debe admitir que tales "superiores desconocidos" no poseían verdadera precognición y tenían un poder muy limitado, al haber sido incapaces de poner un alto a Hitler, su supuesto médium.

Se ha entretejido mucha fantasía sobre los hechos concretos del origen de los temas y símbolos del nacionalsocialismo. Se ha hablado acerca de ciertas organizaciones como predecesoras, pero difícilmente podríamos atribuir a alguna un carácter iniciático genuino y comprobable. No hay duda de que Hitler no inventó la doctrina racial alemana, el símbolo de la esvástica o el antisemitismo ario: todos ellos tenían una larga existencia en Alemania. Un libro titulado El hombre que dio a Hitler sus ideas habla de Jörg Lanz von Liebenfels (el título nobilario se lo otorgó a sí mismo), que había sido monje cisterciense y fundó una orden que usaba la esvástica. Lanz editó desde 1905 el periódico "Ostara", el cual conocía Hitler, en el que las teorías raciales arias y antisemíticas habían sido desarrolladas claramente.

Pero mucho más importante para el "trasfondo oculto" del nacionalsocialismo es el papel de la Sociedad Thule. Las cosas son más complejas aquí. Esta sociedad surgió a partir de la Orden Germánica fundada en 1912 y dirigida por Rudolf von Sebottendorf, quien había estado en Oriente y publicó un extraño folleto titulado La práctica de la antigua francmasonería turca. Las prácticas descritas en él involucraban la repetición de sílabas, gestos y pasos, cuya meta era la transformación iniciática del hombre, tal como la alquimia también mencionada. No es claro con qué organización masónica turca estuvo en contacto Sebottendorf, tampoco si él mismo practicó tales cuestiones o simplemente las describió

Aún más, no se puede establecer si estas prácticas fueron empleadas en la Sociedad Thule que encabezaría Sebottendorf. Sería muy importante saber esto, ya que muchas personalidades nacionalsocialistas de alto rango, desde Hitler hasta Rudolf Hess, frecuentaban dicha sociedad. En cierto modo, Hitler fue introducido al mundo de ideas de la Sociedad Thule por Hess durante su encarcelamiento juntos después del fallido Pustch (golpe de estado) de Munich.

En todos estos hechos debe enfatizarse que la Sociedad Thule fue menos una organización iniciática que una sociedad secreta, que ya usaba la esvástica y que fue marcada por un antisemitismo decidido y un pensamiento racial germánico. Uno debe ser cauto acerca de la tesis de que el nombre Thule es una seria y consciente referencia a una conexión nórdica y polar, con el propósito de hacer una conexión con los orígenes hiperbóreos de los indogermanos, ya que Thule aparece en la tradición antigua como el centro o isla sagrado en el extremo norte. Ciertamente Thule puede tener un papel en el nombre "Thale", una localidad en el Harz donde la Orden Germana tuvo una reunión en 1914, en la que se decidió crear una völkisch o banda secreta para combatir el supuesto judaísmo internacional. Sobre todo, estas ideas fueron enfatizadas por Sebottendorf en su libro Antes de la llegada de Hitler, publicado en Munich en 1933, en el cual indicó los mitos y el punto de vista völkisch que existió antes de Hitler

Así, una investigación seria sobre las conexiones iniciáticas de Hitler con las sociedades secretas no conducen lejos. Unas cuantas explicaciones son necesarias en relación a Hitler como médium y a su poder de atracción. Nos parece pura fantasía que él haya alcanzado dicho poder debido a prácticas iniciáticas. Si fuera así uno tendría que aceptar la misma explicación acerca del poder psíquico de otros líderes, como Mussolini y Napoleón, lo que es absurdo. Es mucho mejor asumir que a partir de los movimientos de masas había surgido un vórtice psíquico, el cual se concentraba en él como centro y le proporcionaba una cierta radiación que percibían especialmente las personas sugestionables.

La cualidad de médium (que, para decirlo contundentemente, es la antítesis de una calificación iniciática), puede ser atribuida a Hitler con unas cuantas reservas pues hasta cierto punto parecía ser un poseso, lo que lo diferencia de Mussolini, por ejemplo. Cuando arengaba a las masas hacia el fanatismo, uno tenía la impresión de que otra fuerza lo dirigía como un médium, aun cuando él era un hombre de un tipo extraordinario y extraordinariamente dotado. Nadie que escuchara cómo se dirigía a las arrobadas masas podría tener otra impresión. Puesto que hemos expresado nuestras reservas acerca de que los supuestos "superiores desconocidos" estuvieran involucrados, no es fácil definir la naturaleza de esa fuerza suprapersonal. Respecto a la teosofía nacionalsocialista (Gotteserkenntnis), esto es, a su supuesta dimensión mística y metafísica, debemos considerarla como el único punto de contacto entre este movimiento y el Tercer Reich con respecto a los aspectos místicos, iluministas e incluso científicos. En Hitler uno puede encontrar muchos síntomas de un típico punto de vista "moderno", fundamentalmente profano, naturalista y materialista; aunque, por otra parte, él creía en la Providencia, cuya herramienta creía ser, especialmente en relación con el destino de la nación alemana (por ejemplo, él veía un signo de la Providencia el que hubiera sobrevivido al intento de asesinato en su jefatura de cuartel en la Prusia Oriental). Alfred Rosenberg, el ideólogo del movimiento, proclamó el mito de la Sangre, en el que hablaba del "misterio" de la sangre nórdica y le atribuía a ésta un valor sacramental; aunque al mismo tiempo atacó todos los ritos y sacramentos del catolicismo como ilusorios, tal como un hombre de la Ilustración. Él maldecía contra el "oscuro hombre de nuestro tiempo", mientras atribuía al hombre ario el mérito de haber creado la ciencia moderna. El nacionalsocialismo se interesó por las runas, las antiguas letras-signos nórdico-germánicos, los cuales deberían reconocerse como puramente simbólicos, antes que haberlos utilizado como el fascismo usó ciertos símbolos romanos, haciendo a un lado su significado esotérico. El programa del nacionalsocialismo de crear un hombre superior tiene algo de "misticismo biológico" implícito, pero esto nuevamente era un proyecto científico. Cuando mucho, puede tratarse de una cuestión del superhombre en el sentido nietzscheano, pero nunca el de un hombre superior en el sentido iniciático.

El plan para "crear una nueva orden racial, religiosa y militar de iniciados, reunida alrededor de un Führer divinizado", no puede ser reconocido como la política oficial del nacionalsocialismo, como escribe René Alleau, aun cuando la relaciona y la compara, entre otros, con los ismaelitas del Islam. Unos cuantos elementos de un nivel elevado fueron visibles únicamente entre los jerarcas de la SS.

En primer lugar, uno puede ver claramente la intención del Reichführer-SS Heinrich Himmler de crear una orden en la que los elementos de la ética prusiana se combinaran con los pertenecientes a las antiguas órdenes de caballería, especialmente la Orden Teutónica. Él buscaba legitimar tal organización, pero no podía lograrlo dado que aquellas antiguas órdenes del catolicismo eran opuestas abiertamente al ala radical del nacionalsocialismo. Himmler también buscaba, sin posibilidad de ninguna conexión tradicional, una relación entre la herencia nórdico-hiperbórea y su simbolismo (Thule), no obstante, aquellas "sociedades secretas" discutidas arriba no tenían ninguna influencia sobre ella. Él estaba enterado, como dice Rosenberg, de las investigaciones del holandés Herman Wirth acerca de la tradición nórdico atlante. Himmler fundó posteriormente, junto con Wirth, la organización de investigación y enseñanza llamada la Ahnenerbe. Esto no carece de interés, pero no hay un "trasfondo oculto" en ello.

Así, el resultado neto es negativo. La fantasía de los autores franceses alcanza su punto más alto en el libro Hitler y la tradición cátara, de Michel Angebert (París, 1971). Trata acerca de los cátaros, llamados también albigenses, quienes fueron una secta herética que se extendió especialmente en el sur de Francia entre los siglos XI y XII, y que tenía su centro en la fortaleza de Montségur. De acuerdo con Otto Rahn, ésta fue destruida en "una cruzada contra el Grial", como se titula uno de sus libros. Lo que el Grial y los Caballeros del Grial tenían que ver con esta secta permanece completamente en la oscuridad. La secta se distinguía por un tipo de maniqueísmo fanático: algunas veces sus propios creyentes morían de hambre o por otra causa como una demostración de su desapego del mundo y su rechazo a la existencia terrestre en carne y materia. Ahora se cree que Rahn, con quien nosotros nos escribimos cuando vivía y tratamos de persuadir acerca de la falta de base de su tesis, era un hombre de la SS y que se envió una expedición para recobrar el legendario Grial que se supone fue puesto a salvo cuando la fortaleza cátara de Montségur fue destruida. Se dice que después de la caída de Berlín una unidad alcanzó el Zillertal y escondió este objeto al pie de un glaciar, en espera de una nueva era.

La verdad es que cuando se habla de una unidad comando, ésta tenía una misión menos mística: el rescate y entierro de los tesoros del Reich. Estos últimos ejemplos muestran a lo que tales fantasías pueden conducir cuando no se refrena la imaginación. La SS (que incluía no sólo unidades de combate sino también investigadores y académicos expertos) montó una expedición al Tíbet con la finalidad de realizar investigaciones en el campo del alpinismo y la etnología, y otra al Ártico, aparentemente para investigación científica pero también con el propósito de establecer la posible situación de una base militar alemana. De acuerdo con aquellas interpretaciones fantásticas, la primera expedición buscaba un vínculo con un centro secreto de la Tradición, mientras que la otra buscaba contactar con la desaparecida Thule hiperbórea.

 

 

El fascismo visto desde la derecha (V) FASCISMO Y MONARQUIA

El fascismo visto desde la derecha (V)  FASCISMO Y MONARQUIA

Biblioteca Evoliana.- Como se sabe, Evola era monárquico, así que no veía una particular contradicción en la coexistencia de un rey con un Dux. Existían antecedentes históricos de esta fórmula, así que Evola no duda de su legitimidad. Achaca a la República de Saló el haber caído en la trampa de confundir a un principio (la monarquía) con el representante material del mismo (el monarca mediocre y estúpido, Víctor Manuel II). Evola desarrolló las ideas sobre la monarquía en decenas de artículos que fueron recopilados en un volumen publicado con el título de "Monarquía, Aristocracia, Tradición"

 

 

CAPITULO V

FASCISMO Y MONARQUIA

 

Puede afirmarse con sólidas razones que una verdadera derecha sin monarquía está privada de su centro de gravedad y de fijación natural, pues en prácticamente todos los Estados tradicionales el punto de referencia principal para la encarnación del principio destacado y estable de pura autoridad política ha sido precisamente la Corona. Si podemos permitírnoslo aquí, nos sería fácil demostrarlo por una serie de consideraciones históricas. Esto vale particularmente para una época no muy alejada de la nuestra, pues los regímenes que, aunque representan en cierta medida un carácter tradicional regular, no tuvieron estructura monárquica o de tipo análogo, debieron este carácter a situaciones que pertenecen aún más al pasado. Por ejemplo, las repúblicas aristocráticas y oligárquicas que han existido en otros tiempos serían inconcebibles en el clima de la sociedad actual, donde serían inmediatamente desnaturalizadas.

@TEXTO PRINCIP =  Para volver a lo que hemos dicho inicialmente sobre la situación en la cual, en general, una Derecha cobra forma, podemos decir que la función principal de esta última debería corresponder, en un sentido, a la del cuerpo que, anteriormente, había estado caracterizado por un lealismo particular respecto a la Corona, aun siendo con ella el guardian de la idea del Estado y de la autoridad comprendida en el marco de una monarquía constituyente con un sistema representatito de tipo moderno ("constitucionalismo autoritario").

Es pues oportuno para nosotros emprender un breve estudio sobre las relaciones que existieron entre el fascismo y la monarquía.

El fascismo del Ventennio ha sido monárquico y existen declaraciones explícitas de Mussolini sin equívoco sobre el significado y la dignidad de la monarquía, declaraciones que permiten incluso establecer una relación entre el principio monárquico y la dignidad del nuevo Estado reivindicada por el fascismo, entre el principio monárquico y el principio de estabilidad y continuidad referido por Mussolini tanto al estado mismo, como, de forma más vaga y mítica, a la "raza". Para definir la monarquía, Mussolini habla textualmente de "síntesis suprema de los valores nacionales" y de "elemento fundamental de unidad de la nación". Es decir, si eliminamos la tendencia republicana (solidaria en amplia medida de la tendencia más o menos socialista) presente en el fascismo anterior a la marcha sobre Roma, debe ser considerado como un aspecto esencial del proceso de purificación, de mejora y de "romanización" del fascismo mismo, mientras que es preciso concebir el giro republicano del segundo fascismo, el fascismo de Saló, que además se proclamó "social", como una de estas regresiones, debidas al traumatismo frecuentemente observadas en psicopatología: el resentimiento legítimo de Mussolini, los factores humanos, contingentes y dramáticos, que actuaron en esta coyuntura pueden incluso ser perfectamente reconocidos, pero no pueden hacer aparecer de otra forma la naturaleza del fenómeno, si nos mantenemos en el plano de los puros valores político‑institucionales. Así, desde nuestro punto de vista, no hay gran cosa a extraer del fascismo de la República Social.

En el origen, Mussolini no "toma" el poder sino que lo recibe del rey, asistiéndose a una especie de investidura completamente legal; de acuerdo con las instituciones, Mussolini fue encargado de formar gobierno. Tras los desarrollos sucesivos, pudo hablarse de una "Diarquía", es decir, de una coexistencia de la monarquía con una especie de dictadura; es la importancia que toma el segundo término lo que ha permitido a los enemigos actuales del régimen pasado hablar simplemente de la "dictadura fascista" apartado el otro término, la presencia monárquica, como si esto estuviera privado de toda significación.

Se han dirigido al sistema de la "diarquía" críticas animadas de otro espíritu. De un lado, hay quienes han creído descubrir en el respeto por la monarquía un equívoco o falta de fuerza revolucionaria del movimiento mussoliniano (pero olvidan indicar con precisión lo que habría debido ser, entonces, la verdadera conclusión de este movimiento). La verdad es que si hubiera existido en Italia una verdadera monarquía, una monarquía con un poder capaz de intervenir enérgicamente en toda situación de crisis y desintegración del Estado y no una monarquía como simple símbolo de autoridad, el fascismo no habría nacido jamás, no habría habido "revolución", o por decirlo mejor, la superación de la situación crítica en la que se encontraba la nación antes de la marcha sobre Roma habría llegado exclusivamente y en tiempo útil gracias a esta "revolución de lo alto", (con suspensión eventual de las obligaciones constitucionales), que es la única revolución admisible en el Estado tradicional, y gracias a la revisión sucesiva de las estructuras que hubieran dado muestras de su ineficacia. Pero ya que no existía esto, se siguieron otras vías. Es posible que el soberano realizase la "revolución de lo alto", en el interior de ciertos límites, a través de Mussolini y del fascismo, pensando quizás salvaguardar una especie de principio de la "neutralidad", del "reinar sin gobernar", principio formulado por el monarca en los últimos años del constitucionalismo liberal.

En términos de pura doctrina, no se dice que la situación diárquica que resulta fuera necesariamente un compromiso híbrido. Pudo, por el contrario, encontrar una justificación tradicional, sobre la base de antecedentes precisos.A este respecto,se tiene un ejemplo típico en la dictadura tal como fue originariamente concebida en la Roma antigua: no como una institución "revolucionaria" sino como una institución prevista por el sistema del orden existente legítimo, esencialmente destinada a completarlo en caso de necesidad, tanto como durara la situación de urgencia o la oportunidad de una concentración y de una activación particulares de las fuerzas existentes. Además, diferentes constituciones tradicionales, y no solo en Europa, han conocido dualidades análogos a las del REX y del DUX, del REX y del HERETIGO o IMPERATOR (en el sentido, sobre todo militar, del término), el primero encarnando el principio puro, sagrado e intangible de la soberanía y de la autoridad, el segundo presentándose como el que, en un período tempestuoso asume tareas o misiones particulares, recibiendo poderes extraordinarios en una situación crítica, poderes que no podían ser atribuidos al REX por el carácter mismo de su fundación superior. Y se exigía una personalidad particularmente dotada, ya que no debía extraer su autoridad de una pura función simbólica no‑actuante, de carácter "olimpico", por llamarla así.

Por lo demás, en tiempos menos lejanos, figuras particulares, como Richelieu, Metternich o Bismarck reprodujeron, en parte, junto a los soberanos, esta situación dual, y bajo esta relación MUTATIS MUTANDIS, no habría en principio gran cosa a reprochar a la "diarquía" del período fascista. La dignidad de Mussolini por lo demás, no se habría visto comprometida si su actividad se hubiera limitado a la de un gran Canciller lealista. En efecto, bajo ciertos aspectos fue también la función que asume hasta la creación del Imperio, no por él mismo, sino por el Rey de Italia. Incumbía a la monarquía ser más o menos celosa de sus prerrogativas específicas (o mejor, prerrogativas naturales que habrían debido ser las suyas en el nuevo Estado) en esta situación de hecho. En el sistema del "constitucionalismo autoritario" que existió bajo el Segundo Reich, Guillermo II no dudó en separar a Bismarck del poder, a aquel "Canciller de Hierro" creador de la unidad y de la nueva potencia alemana, cuando este tomó iniciativas con las cuales el soberano no estaba de acuerdo: pero sin impedir que Bismarck fuera siempre honrado como un héroe y considerado como el mayor hombre de Estado de la nación alemana.

Ya que debemos ocuparnos esencialmente de la doctrina, no tenemos que expresar un juicio de valor sobre la forma en que sobrevino la crisis de la "diarquía", cuando las cosas empeoraron en Italia, por razón de fuerza mayor, particularmente por el desarrollo desafortunado de la guerra. A decir verdad, desde el simple punto de vista jurídico, no habría gran cosa que criticar en el comportamiento de Victor Manuel III; puede incluso admitirse la existencia de una conspiración palaciega dirigida por Acquarone, Badoglio y algunos más. Formalmente Mussolini se presenta al rey como el jefe del fascismo, un jefe al cual la más alta asamblea de su movimiento, el gran Consejo, no habría renovado la confianza y que, designado por el mismo rey como jefe de gobierno, estaba ahora dispuesto a ofrecer su dimisión. Pero era muy cómodo, para el soberano, remitirse a las abstractas prerrogativas constitucionales, como si nada hubiera sucedido entre tanto, y emplear la caricatura liberal y constitucionalista de la no responsabilidad del REX. Las cosas hubieran debido suceder de otra manera: el lazo no escrito, pero por lo mismo más real, de una fidelidad de parte del soberano; un soberano que había permitido además que el blasón de la dinastía, en tanto que emblema oficial del reino italiano, hubiese sido modificado añadiéndosele el fascio litorio  ‑expresión clara y adecuada de la convergencia unitiva, que había caracterizado al Ventennio‑ autorizó, durante este período, que el poder del Estado fuera restablecido, no por la Derecha ‑inexistente‑ sino por el fascismo.

No es aquí el lugar para pronunciarse sobre el tratamiento al cual fue sometido Mussolini, ni sobre la manera con la cual se prestó fe a la declaración "la guerra continúa", ni sobre los acontencimientos que siguieron. Pero no podemos dejar de reconocer que, ante todo esto, los que juzgaron roto su lazo de fidelidad con el soberano y pasaron al servicio del segundo fascismo pueden reivindicar, por su comportamiento, una incontestable legitimidad; igualmente, puede comprenderse que un resentimiento muy humano llevase a Mussolini hacia lo que la historia, desgraciadamente, nos ofrece tantos ejemplos, para mayor gloria de la subversión: la toma de posición legítima contra una persona, se extiende o desplaza arbitrariamente hacia el principio del cual esta no es más que el representante, en este caso la monarquía. De ahí la proclamación por Mussolini de una república e incluso de una república llamada "social": cosa que ya hemos comparado a las regresiones involutivas que se verificaron en su personalidad tras los traumatismos psíquicos ya referidos.

Así, a través del encadenamiento de los acontecimientos que siguieron y que tuvieron de alguna manera el carácter de una Némesis, la monarquía en Italia debía acabar incluso sin ni siquiera una aureola de grandeza y tragedia.

 

 

Evola y la Cuestión Racial, por Eduard Alcántara

Evola y la Cuestión Racial, por Eduard Alcántara

Biblioteca Evoliana.- Hasta ahora no habíamos colocado on line ningún texto de Evola relativo a sus estudios sobre la "doctrina de la raza". En las próximas semanas iremos colocados algunos textos y artículos sobre este tema. Se trata, sin duda, de uno de los aspectos más polémicos de la obra de Evola, aunque sin duda, exento de cualquier tentación de xenofobia y racismo. Para abordar este aspecto de la obra evoliana publicamos este ensayo de Eduard Alcántara a modo de introducción. En él están implícitos las líneas generales de Evola en este terreno.

 

 

EVOLA Y LA CUESTIÓN RACIAL

Eduard Alcántara

Mucho se ha escrito, a partir del desconocimiento, sobre la postura que el gran intérprete de la Tradición, Julius Evola, mantuvo a lo largo de su vida a propósito del tema racial. Desde esa ignorancia hacia su obra se ha llegado a afirmar que de cara a pensar en la hipotética constitución de comunidades u organizaciones de naturaleza Tradicional a nuestro autor no le importaría en absoluto la extracción racial de sus miembros, mientras todos ellos defendieran una visión Superior y Trascendente de la vida y de la existencia. No le importaría, se ha afirmado, que fueran diferentes grupos raciales y aun elementos mestizos los que integraran un mismo ´Regnum´ o ´Imperium´.

Estas erróneas interpretaciones del mensaje del maestro transalpino arrancan de la idea de que al priorizar jerárquicamente su concepto de la ´raza del espíritu´ por encima del de la ´raza del cuerpo´, Evola tendría en cuenta, como primer y principal criterio aglutinador de comunidades el de la afinidad de inquietudes, y de vivencias, espirituales de sus integrantes; dejando como anécdota accesoria el origen étnico de los mismos.

Estos errados ´analistas´ ignoran que la naturaleza y los atributos de esta ´raza del espíritu´ que Evola nos describió como los que fueron propios del hombre indoeuropeo que, en sus orígenes -y a lo largo de diversos ciclos heroicos que protagonizó-, vivió en consonancia con los parámetros de la Tradición Primordial, ignoran, decíamos, que son una naturaleza y unos atributos que, para nuestro autor, sólo se podrán despertar en el seno de un tipo racial concreto: el del indoario. Más todavía, defendía Evola la idea de que entre los subgrupos en los que se dividen los actuales pueblos indoeuropeos (nórdicos, fálicos o dálicos, dináricos, alpinos, mediterráneos o atlánticos –de emparentamiento muy directo con el mundo celta-, báltico-orientales,... ) hay uno más apto, innatamente, para reconquistar la esencia primigenia de lo que él define como ´raza del espíritu´: se trata del tipo nórdico, pues éste fue el propio del hombre indoeuropeo de los orígenes. Del hombre indoeuropeo cuya espiritualidad es definida por Evola con los adjetivos de ´apolínea´, ´uránica´ o ´solar´ y que conoce de lo sobrio, de la medida, de lo impasible, de lo impertérrito, de la ´gravitas´ y de lo majestático como patrones internos a seguir en el proceso de autorrealización y como atributos externos de conducta. (1)

Este tipo nórdico tendría, para Evola, más disponibilidad y accesibilidad a la hora de intentar recuperar la esencia de la ´raza del espíritu´ y, una vez reconquistado este tipo de espiritualidad, seguidamente podría erigirse en modelo a seguir por los otros subgrupos étnicos indoeuropeos por tal de que dicha reconquista se hiciera también extensible a ellos. (2)

En el seno de la misma Italia nuestro maestro de la Tradición proponía la selección de individuos de clara extracción nórdica –el ariorromano, según denominación suya- que presentarían una mayor predisponibilidad y predisposición para convertir, en ellos, en acto las potencialidades propias de este tipo de espiritualidad apolínea. Individuos que adoptarían la función de arquetipos y ejemplos a seguir por tal de aspirar a que el resto de subgrupos étnicos que habitaban (en época de Evola) la Península Itálica –todos ellos indoeuropeos- emprendieran también el camino de la auténtica reconstrucción espiritual. (3)

La postura que estamos intentando fijar se ve reflejada nítidamente en una máxima evoliana que afirma que “la raza es necesaria, pero no suficiente”. Esto es, que se necesita ser de una determinada extracción racial –en este caso la indoeuropea- para poseer las potencialidades que le puedan permitir a uno, si hace uso de la libertad de que goza, emprender el uránico-solar, y heroico, camino del desapego y de la transfiguración iluminadora interiores. Pasar de potencia a acto en el plano de la Trascendencia es un privilegio de que disponen aquellos individuos indoarios que no se conformen exclusivamente con discurrir por el mundo perecedero del devenir, sino que se pongan como meta el superar su condición material finita para llegar al Conocimiento de la Realidad Suprasensible y para aspirar a la propia identificación –de dicho individuo- con lo Supremo, inmutable e incondicionado.

La raza es necesaria, pero no suficiente”, pues de poco nos sirve un individuo cuyos rasgos físicos podamos catalogar como indoeuropeos, si ese individuo no interioriza unos valores y una cosmovisión conformes con los que siempre definieron la manera de ser y de actuar de la raza a la que pertenece.

El principal ´leit motiv´ de Evola a la hora de abordar la cuestión racial, radicaba en superar muchas de las doctrinas básicamente biologistas (4) que circulaban, sobre todo, por la Europa anterior al fin de la segunda gran conflagración mundial. Pugnaba por no reducir al hombre a su mera condición corporal y animal (5), por no dejarlo convertido en el ser mutilado y privado de su dimensión Absoluta al que lo empezó a reducir el racionalismo y al que lo acabó por abocar el materialismo propios de las etapas crepusculares por las que está transitando este disolvente mundo moderno. Pugnaba por llenar la raza del cuerpo con el componente espiritual que desde sus más ignotos orígenes le fue consustancial.

Consustancial le es al mundo negro un tipo de ´espiritualidad´ (si es que se puede utilizar este término) (6) animista y que en ningún caso va más allá de lo que son los cultos totémicos. Consustancial le es a los diferentes pueblos semitas otro tipo de ´espiritualidad´ que oscila entre la denominada como sacerdotal, demétrica o matriarcal y la calificada como ctónica o telúrica. Consustancial siempre le fue a los indoeuropeos la espiritualidad apolínea, uránica, hiperbórea, solar u olímpica.

´Espiritualidades´ como, p. ej., la matriarcal, lunar o pelásgica primaron entre el ´homo europaeus´ sólo como consecuencia de un proceso de caída; como el resultado de una involución que le imposibilitó la vivencia y la visión directa de la Realidad Metafísica y le abocó al plano inferior de la creencia, de la fe y de la devoción hacia esa Realidad. En cambio, para pueblos como los de origen racial semita un tipo de ´espiritualidad´ ya sea de corte sacerdotal o demétrico o ya sea de índole telúrica es a lo más a lo que pueden aspirar debido a las más romas y limitadas predisposiciones y potencialidades innatas que les ´brinda´ su extracción étnica.

Si todo lo señalado hasta este momento, a alguna mente ofuscada en sus erróneos prejuicios no le hubiese bastado para dejar de recelar sobre la postura que Evola siempre mantuvo al respecto del tema sobre el que estamos escribiendo y si todavía hubiese quien creyese que nuestro autor pudiera admitir algún tipo de mestizaje no tan sólo de carácter cultural sino hasta racial, dejaremos que sea el mismo gran maestro de la Tradición quien hable directamente y disipe, así, cualquier vestigio de duda de una manera categórica, incontestable y contundente.

En un artículo intitulado “Teología del estado nacional”, y citando a Wilhem Stapel, Evola se posiciona en contra de “cualquier pretendida ´moralidad´ de validez universal, es decir, indiferente respecto de la raza y de la nación. Cada raza tiene su ética, su derecho, sus costumbres, su religiosidad en formas bien distintas. Un pueblo degenera y perece cuando asume una ética extraña, concepciones y principios que no son conformes a su propia naturaleza. Un pueblo es éticamente sano cuando su ética y sus costumbres se encuentran en armonía con su sangre y con su espíritu innato –se podría decir con sus ´dioses´.” (7)

En otro escrito (“Acerca de las diferencias entre la concepción del estado fascista y nacional-socialista”) equipara su postura con la propia que defiende el Führer al afirmar que “Hitler, en un discurso pronunciado en 1.933 en Nüremberg, ha correctamente reconocido que la forma física nórdica no siempre puede acompañarse de elementos espirituales correspondientes, de modo tal que, al respecto, el extremo criterio debe estar dado por el examen de la actitud del alma y del espíritu, por el carácter, por las obras”; al respecto recordemos de nuevo, con nuestro autor, que “la raza es necesaria, pero no suficiente.

En dicho escrito también podemos leer que “cuando el fascismo italiano haya hecho suya la idea racista” se percibirá claramente “un beneficio para nuestra Revolución, obstaculizada todavía, en tantos sectores, por escorias ´positivistas´ y ´oficiosas´ o intelectualistas, y por un estilo que, aparte de la raza del cuerpo, no siempre podremos denominar ´ario´.” (8)

En “La Edad Media y nosotros” apunta que “los adversarios de nuestro tiempo son más que nacionales: bolchevismo, comunismo, judaísmo, plutocracia, masonería...” (9)

El carácter que el judaísmo tiene de catalizador y acelerador de los procesos de decadencia que han tenido lugar a lo largo de los últimos siglos, es una cuestión que Evola ha analizado profunda y extensamente a lo largo de un buen número de artículos; algunos de los cuales han sido recopilados en un volumen titulado “Escritos sobre judaísmo” (10)

En “El equívoco universalista” señala que “en la romanidad crepuscular la ciudadanía romana fue concedida irresponsablemente a cualquier especie de elementos espurios o de razas inferiores y la Urbe acogió sin dificultad cultos y costumbres exóticos. Así justamente este ´universalismo´ fue una de las principales causas de la ruina de la romanidad.” (11)

Leemos en “Por un verdadero derecho europeo” la siguiente queja: “Dicha admisión (la anexión de Turquía a la comunidad jurídica de las naciones europeas que tuvo lugar en el congreso de Berlín) fue concordada por Bismarck con el judío británico Disraeli”. (12)

En “Revuelta contra el mundo moderno” anota en un capítulo titulado “El ciclo se cierra” (en el apartado dedicado a los Estados Unidos) y refiriéndose al jazz que: “En las grandes salas de las ciudades yanquis en donde centenares de parejas se sacuden como fantoches epilépticos y automáticos ante los sincopados negros, es verdaderamente un ´estado de muchedumbres´, es la vida de un ente colectivo que se vuelve a despertar.”

En su obra “Orientaciones para una educación racial” realiza una síntesis de muchos de los asuntos tratados en “Síntesis de la doctrina de la raza”. Si repasamos, en el primero de estos dos trabajos, el capítulo “Significación interior de la raza” nos encontraremos con afirmaciones como las que siguen:

“Las reacciones de los individuos con respecto a las ideas racistas constituyen una especie de barómetro que revela la ´cantidad´ de raza presente en ellos. Decir sí o no al racismo no es una simple alternativa intelectual, no es una elección subjetiva y arbitraria. Dice sí al racismo aquél en el que la raza vive aún; y, por el contrario, se opone aquél que buscando coartadas en todos los ámbitos a fin de justificar su aversión y desacreditar el racismo, demuestra que ha sido vencido interiormente por la antiraza (aquél en el cual las fuerzas originales han sido reprimidas, ya sea por el peso de los deshechos étnicos, herederos de cruzamientos y de procesos de degeneración, ya sea por un estilo de vida burgués, afeminado e intelectualizante).“

En el capítulo “Consecuencias del sentimiento de raza” escribe que “En la visión racista de la vida toda diferencia (incluso física) es simbólica: lo interior se manifiesta al exterior, lo que es exterior es símbolo, signo o síntoma de algo interior; tales son los principios fundamentales de un racismo completo.”

En el intitulado “Herencia racial y Tradición” asevera que “De lo que un ancestro tanto espiritual como biológico le ha transmitido, el individuo puede, pues, si permanece fiel a su raza, extraer las fuerzas necesarias para alcanzar una perfección personal y representar la encarnación del ideal íntegro de la raza. Al igual que puede contaminar esa herencia, dilapidarla, ponerla al servicio de determinismos a los que dan lugar mezclas de sangre y mestizajes de tal tipo que ésta, tarde o temprano, será sofocada por influencias paralizantes o disolventes.”

En otro capítulo, “Significación de la profilaxis racial”, pensando en las posesiones que Italia tenía en África, nos dice que “Una de las circunstancias que han favorecido las tomas de posición “racistas” de Italia ha sido precisamente la necesidad de prevenir el mestizaje de nuestro imperio colonial.”

En “Importancia de la teoría de las ´razas interiores´” leemos:

“Naturalmente, la fisiognomía o ciencia de la fisonomía, juega aquí un gran papel: decir que ´el rostro es la expresión del alma´ es enunciar un lugar común, pues el cuerpo (formas del cráneo, proporciones de los miembros, etc.) tiene, para el que sabe comprenderlo, un lenguaje lleno de enseñanzas. De aquí, la significación precisa de ciencias tales como la craneología, el estudio del esqueleto, etc., que, a primera vista, pueden parecer técnicas.”

“Un alma que vive el mundo como algo frente a lo que hay que tomar posición, como el objeto de un combate y de una conquista, debería normalmente poseer un rostro en el que los rasgos enérgicos y ardientes reflejasen esta experiencia interior, junto con un cuerpo esbelto, grande, enérgico y recto, un cuerpo ´ario´ o ´nórdico-ario´.”

“Los cruzamientos y mestizajes tienen por efecto que las almas de una raza se encuentren en el cuerpo de otras razas, lo que provoca la alteración tanto de la una como de la otra. Crean verdaderos inadaptados en el amplio sentido de la palabra.”

En el capítulo “La raza y los orígenes” escribe que “Frente al esplendor de la prehistoria nórdico-occidental y aria, las civilizaciones asiático-orientales aparecen como crepusculares e híbridas, tanto espiritual como étnicamente. Lo que ocultan, verdaderamente grande y luminoso, procede, en realidad, de la acción inicial civilizadora del núcleo perteneciente a las razas dominadoras nórdico-occidentales.”

En “Las migraciones nórdico-occidentales” afirma que “la raza de los orígenes está tan presente hoy en el pueblo italiano como puede estarlo en el pueblo alemán, si bien sofocadas en ambos casos bajo el peso de los deshechos étnicos, de otros componentes raciales y como efecto de procesos anteriores de degeneración biológica y cultural.”

Nos encontramos en “ La raza, la romanidad y la historia italiana” con que “cuanto más se extiende el antiguo imperio más se debilita la ´raza de Roma´: eleva a la dignidad de ciudadanos romanos a elementos étnicamente discutibles,...”

En “El arquetipo de nuestra ´raza ideal´” leemos:

“¿Cuáles son las características de nuestro arquetipo? Exteriormente es de elevada estatura y con anchas espaldas en los hombres. Sus miembros están bien proporcionados. Es delgado, enérgico, dolicocéfalo (aun cuando menos que el tipo propiamente nórdico). Sus cabellos son morenos; a diferencia de algunos tipos menos puros mediterráneos, sus cabellos no son rizados sino ondulados. Los labios son finos y las cejas no son gruesas. La nariz es fina y alargada, recta o ligeramente aguileña. El maxilar inferior es bastante desarrollado, aunque menos pronunciado que en el tipo nórdico; expresa un tipo activo y pronto para el ataque.”

El último capítulo lleva por título “Campo histórico del racismo fascista” y en él pondera que “La comunidad de sangre o de raza será la premisa de base. Pero en el interior de tal comunidad, un proceso de selección adecuada fijará ulteriores jerarquías en función de las cuales podrá nacer algo semejante a una nueva aristocracia: un grupo que (no sólo sobre el plano físico, sino en términos de raza heroica, de estilo hecho de honor y fidelidad) testimoniará la raza ´pura´, es decir, la verdadera raza o raza ideal.”

En el capítulo “Tabúes de nuestros tiempos” pertenenciente a “Los hombres y las ruinas” nos dice que: “la raza blanca, al levantar el principio de la autodeterminación de los pueblos y al usar tropas de color en insensatas guerras fraticidas, había creado un arma que se ha vuelto en su contra; arma que no habría sido demasiado peligrosa si luego los blancos no hubiesen sido tomados imprevistamente por la psicosis anticolonialista, desconociendo todo lo que de realmente tuvo de positivo la colonización, a contrabalancear con lo negativo, para los pueblos africanos, conduciéndolos a un nivel al cual ellos jamás habrían podido llegar por sus solas fuerzas y capacidad”. “Intelectuales y artistas franceses de izquierda junto al clan de J. P. Sartre, inventaron y exaltaron la ´négritude´ creando un mito en el cual el negro jamás habría podido pensar: la ´négritude´ , concepto absurdo que querría hacer valer para los negros algo similar a aquello que para Italia es la italianidad, para Alemania la germanidad, etc.” “Aquellos negros que se han hecho una cultura, únicamente porque han frecuentado los institutos de instrucción de los blancos, se han apresurado a hacer propio ese mito.”

“Hemos tenido ocasión de indicar la negrización cultural resaltable en los Estados Unidos, bien visible en el campo de la música de baile, del arte, de las danzas, de ciertos comportamientos típicos, etc.: la infección después ha pasado en parte a los pueblos europeos. ¿Por lo demás algunos exponentes de la ´beat generation´ protestataria norteamericana (en su período de auge) no habían quizás llegado a hacer del negro un modelo y un compañero (habiendo hablado Norman Mailer, en un conocido escrito, del tipo ´beat´ como de un ´white Negro´, es decir de un ´negro blanco´), mientras que muchachas blancas han hecho una de sus manifestaciones protestatarias el ir a la cama con negros?.”

“En cuanto a la promiscuidad social en EE.UU. se sabe del arreciar de la infatuación ´integracionista´ y antisegregacionista que entre otras cosas muestra uno de los absurdos a los que conducen la democracia y el igualitarismo fanático. En efecto, querer imponer la ´integración´ es un abierto ultraje a aquel principio de la libertad, que bajo otros aspectos se exalta tanto. Nadie negará nunca a una familia el derecho de no acoger y de mantener alejados a aquellos extraños que le resultasen antipáticos (independientemente de las razones de tal antipatía), pero la promiscuidad con los negros en la vida pública se la quiere imponer por ley en nombre irónicamente de la libertad, de una libertad concebida en un solo sentido.”

“Se habla como de una abominación del régimen del ´apartheid´ vigente en Sudáfrica, interpretándolo tendenciosamente como una ´inadmisible segregación´ , mientras que en realidad se trata sólo de ´separación´: el significado literal del término es el de ´estar aparte´, estar cada uno por sí mismo, junto a los suyos, no en un régimen de opresión, sino de ´desarrollos separados´, con la sola reserva de que, en base a la violencia democrática del puro número, una mayoría negra no desplace a los blancos y no se ponga al frente de un Estado que sólo los blancos han creado y que sólo a los blancos debe su prosperidad y civilización.”

“Los negros de Norteamérica (fanatizados socialmente por agitadores respaldados por los comunistas) también se pusieron a hacer ´racismo´, un racismo contra el cual nadie levanta su voz, mientras que todo racismo de los blancos es marcado a fuego como ´nazismo´ o peor.”

“...Otra solución sería la de invitar a los negros racistas y a los del ´Poder Negro´ a irse a sus patrias de origen, en los nuevos Estados africanos; pero en eso no puede ni pensarse: nadie lo aceptaría, pues los negros poseen muchas veces de sus compañeros africanos de raza una opinión mucho peor que la de los blancos; a ellos les resulta cómodo quedarse, en vez, entre los blancos y recabar ventaja de las estructuras y de las instituciones de una sociedad que no ha sido creada por ellos, sino por los blancos.”

“Lo que puede acontecer cuando el negro tiene el poder ya se lo ha visto, por lo demás, en Norteamérica con la experiencia de los llamados ´carpet-baggers´, cuando la demagogia nordista en 1.868 dejó que los negros fuesen democráticamente al poder en la administración de los Estados del Sur derrotados: se tuvo un régimen de corrupción, de incompetencia tan grande que enseguida hubo que dar marcha atrás para evitar la ruina completa. Y si este ejemplo pareciese anticuado, se vea lo que sucede en los Estados africanos convertidos en ´libres´ como consecuencia de la psicosis anticolonialista: junto a ridículas imitaciones simiescas de las instituciones democráticas europeas se tienen conjuras y golpes de Estado a repetición, rebeliones, luchas tribales, homicidios, desorden administrativo, despotismos primitivos apenas enmascarados.”

“Aparte de la recepción de negros que se encuentran entre los estudiantes y que se distinguen muchas veces por una arrogancia provocativa, y como individuos de torvas actividades en concordancia con los ´protestatarios´ pelilargos, hay que señalar el compromiso de la televisión que sólo sabe hablar bien de los negros y no pierde ocasión alguna para tomar partido por ellos con distorsiones de toda especie, que proyecta películas yanquis en donde se ve a los negros en el papel de jueces, abogados, actores, policías, y así sucesivamente, que enrola a cantantes negros y mezcla a bailarinas blancas con negras, de modo tal de acostumbrar al público a una comunidad bastarda no privada de peligros, dado el nivel moral propio, lamentablemente, de nuestra población. Es un factor de disgregación que se agrega a otros.

Dejamos estos contundentes párrafos de “Los hombres y las ruinas” y echamos mano a lo que Evola nos apunta, ahora, en el capítulo “Música moderna y jazz” de su libro “Cabalgar el tigre”:

En materia musical “Occidente se ha ido a buscar los temas de inspiración en el patrimonio de las razas exóticas más bajas, en los negros y en los mestizos de las zonas tropicales y subtropicales.”

“Puede apreciarse que ha sido el primitivismo, al que ha regresado el hombre del tipo más reciente, concretamente el de América del Norte, ha sido el que le ha hecho escoger, asimilar, y desarrollar por una afinidad electiva, una música que tiene una impronta de tal manera primitiva, como la música negra, que, además, en el origen, estaba asociada a formas oscuras de éxtasis.”

“El hecho de que hayamos subrayado todo esto no implica de ningún modo que nos asociemos a las reacciones moralizantes contra el modernismo en este dominio, a pesar de la indiscutible contaminación que aporta, además, el elemento negro.”

Los comentarios que transcribimos a continuación los podemos encontrar en el capítulo “Norteamérica negrificada” que fue incluido en “El arco y la clava”:

Se asiste a una negrificación, a un mestizaje y a un retroceso de la raza blanca frente a razas inferiores más prolíficas.”

“Los promotores de la denominada ´integración racial´ en los Estados Unidos no sólo propugnan la completa promiscuidad racial a nivel social y quieren que los negros tengan libre acceso a cualquier cargo público y político (por lo cual en rigor podríamos esperarnos en el futuro también a un presidente negro), sino que no formulan problema alguno de que los negros mezclen su sangre con la de su pueblo de raza blanca.”

“Norteamérica se encuentra negrificada en los términos no tan sólo demográfico-raciales, sino sobre todo de civilización, de comportamiento, de gustos.”

“Los ingleses han obligado a sus compatriotas de Rhodesia a separarse de la Commonwealth, aplicando sanciones en su contra, por no haberse plegado a la imposición de conceder el voto democrático indiscriminado a la masa de población negra, cosa que los habría hecho salir de las tierras civilizadas tan sólo por ellos.”

“¿Por qué los ´integracionistas´ no piden que uno entre los cincuenta Estados de la Unión sea despoblado y cedido para poner allí a todos los negros estadounidenses a fin de que se administren por sí mismos y hagan todo lo que quieren sin fastidiar y contaminar a nadie?”

“Prescindiendo del componente puritano-protestante (el cual, a su vez ,en razón de su valorización fetichista del Antiguo Testamento, expresa no pocas tendencias judaizantes), parece que justamente el elemento negro, en su primitivismo, haya sido el que dio el tono a los aspectos relevantes de la psiquis norteamericana.”

“Aquella brutalidad que es uno de los aspectos innegables del norteamericano puede bien definirse como de origen negro. En los ´felices´ días que aquello que Einsenhower no se preocupó por denominar la ´Cruzada en Europa´ y en los primeros períodos de la ocupación se han podido observar formas típicas de tal brutalidad.”

“No es exagerado decir que el tonto orgullo de los norteamericanos por su ´grandeza´ de carácter espectacular, por los ´achievements´ de su civilización se resiente pues también ello de la psiquis negra (primitiva e infantil).”

Así es como tenemos que también el ´integracionismo´ social y cultural negro se está difundiendo en la misma Europa (a través de películas importadas y de la televisión)... a fin de que el gran público se acostumbre poco a poco con la promiscuidad y pierda cualquier remanente de natural sensibilidad de raza y de sentido de distancia.

El fanatismo que ha suscitado aquella masa informe y aullante de carne que es la negra Hella Fitzgerald en sus exhibiciones en Italia, es un fenómeno tan triste como indicativo.

En el mismo capítulo nuestro gran intérprete de la Tradición ratifica las siguientes impresiones expresadas por C. G. Jung:

Las expresiones emotivas del norteamericano y, en primer lugar, su manera de reír, se pueden estudiar perfectamente en los suplementos de los diarios yankees dedicados a la ´society gossip´. Aquel modo inimitable de reír, de reír a lo Roosevelt, es visible en su forma original en el negro de ese país. Aquella manera característica de caminar con las articulaciones relajadas, o bien balanceando las caderas, que se ve en forma tan habitual en los yankees, deriva de los negros... Las danzas yankees son danzas de negros. El temperamento vivo que se manifiesta, en manera particular, en la expresión verbal, el flujo continuo, ilimitado de las charlas que caracteriza a los diarios norteamericanos, es un ejemplo notable de ello; no deriva por cierto de los progenitores de estirpe germánica, sino que se asemeja al ´chattering´ de aldea negra. La casi completa falta de intimidad nos recuerda, en los Estados Unidos, a la vida primitiva en las cabañas abiertas en donde reina una completa promiscuidad de todos los miembros de la tribu.

Quedan, pues, incontestablemente fijadas las certidumbres que defendía Evola al respecto del tema racial. Certidumbres que mantienen una coherencia total a lo largo de toda su vida, pues téngase bien presente que los fragmentos que aquí hemos reproducido corresponden a artículos y a obras escritos y/o publicados en el transcurrir de los años ´30, ´40, ´50 y ´60 de la pasada centuria y que algunos de los libros de los que han sido extraídos fueron revisados y ampliados por nuestro autor en reediciones posteriores en las que mantiene o añade las reflexiones que hemos podido leer.

Damos por sentado el hecho de que, a partir de ahora, nadie volverá a pensar que Evola le otorgaba un papel insignificante a la raza del cuerpo. Más todavía si tenemos presente que el también considerado como ´El último gibelino´ postulaba que los rasgos físicos de una raza representan el reflejo externo de la cosmovisión y de los valores que le son innatos a ella. Por lo cual la raza del cuerpo deberíamos de considerarla y de tratarla como emanación y legado inviolable e inalterable de lo sacro y Superior.

Hace algún tiempo redactamos un escrito bajo este mismo título. En aquella ocasión empezamos por intentar realizar un esbozo de la ´doctrina de la raza´ que el italiano Julius Evola sistematizó en su día de acuerdo a los parámetros que siempre definieron a la Tradición y por los que se rigieron los pueblos indoeuropeos antes de precipitarse a la sima del crepuscular y deletéreo mundo moderno. Y tras dicho esbozo reprodujimos una buena relación de reflexiones suyas, aparecidas en una representativa cantidad de sus obras, escritas a lo largo de varias décadas, en las que se difuminaban totalmente ciertos equívocos -propalados por la ignorancia (sobre el contenido de la obra de Evola) de unos y la mala intención de otros- existentes sobre el verdadero carácter de esta ´doctrina de la raza´.

Al respecto de esta doctrina deberíamos resumir que el autor italiano estableció una jerarquía entre lo que él clasificó como las tres razas que forman ese compuesto que llamamos ´hombre´. En lo más alto de esta jerarquía situó lo que denominó como ´raza del espíritu´ (conformada por el tipo de espiritualidad que en el hombre indoeuropeo siempre fue de naturaleza solar, celeste, viril, olímpica, operativa, transformadora y activa). Bajo ésta y como reflejo de su carácter nos explicó que se halla la ´raza del alma´ -alma como sinónimo de psique o mente- (cuyos atributos definitorios siempre fueron tales como el honor, el valor, la fidelidad, la ´gravitas´, la templanza, el autodominio, el espíritu de sacrificio, la mesura,…). Y finalmente nos habló de una ´raza del cuerpo´ que sería la raza física y que siempre reflejaría en los rostros de sus integrantes esos atributos de nobleza que hemos relacionado como definitorios de la ´raza del alma´.

Nos dejó bien claro que dichos atributos de nobleza insertos en la ´raza del alma´ sólo se desarrollan si el hombre es fiel a la tradición espiritual que siempre caracterizó a la etnia a la que pertenece. O dicho de otro modo, si es fiel a su ´raza del espíritu´. Si abandona a ésta, los atributos de la ´raza del alma´ pueden sobrevivir, como por inercia, durante un cierto tiempo pero, a la postre, desaparecerán.

Asimismo cuando estos atributos de la ´raza del alma´ hayan desaparecido y hayan sido sustituido por otros extraños (extraños, en este caso, a los propios y originarios del hombre indoeuropeo), tales como la pusilanimidad, la cobardía, el amor a la vida fácil, cómoda y extasiada por lo sensual y por los más bajos placeres, el engaño, la perfidia o el humanitarismo ramplón, pacifista y cosmopolita, cuando esto suceda el hombre no conocerá más de lo diferenciado y lo cualitativo y caerá en el marasmo de la masa, de lo cuantitativo, del número, en lo gregario despersonalizado y, en consecuencia, caerá en una mescolanza niveladora, indiferenciadora e igualitarista no sólo a nivel cultural sino también racial o étnico. Igualmente una pérdida de tensión interior motivada por esta perturbación sufrida en el seno de la ´raza del alma´ acaba reflejándose en la ´raza del cuerpo´ en forma de laxitud externa, amaneramiento, de expresión innoble, agazapada, o taimada o de rostro bobalicón y falto de expresión enérgica.

Lo expuesto hasta ahora describe una caída que acontece desde arriba hacia abajo: empezando por la ´raza del espíritu´, continuando por la ´raza del alma´ y acabando en la ´raza del cuerpo´. Caída que sigue la lógica de una concepción jerárquica de la vida. Pero también debería de quedar claro que sin el eslabón inferior (la ´raza del cuerpo´) se hace imposible cualquier anhelo e intento de restauración de la integridad perdida del hombre –en este caso- indoeuropeo, pues es en el interior de este hombre indoeuropeo donde se hallan en estado larvario, adormecidos y en potencia los atributos mentados de la ´raza del alma´ y la llama de ese tipo de espiritualidad concreta propia de nuestra ´raza del espíritu´. Atributos del alma y tipo de espiritualidad que deberíamos de imponernos rescatar si queremos aspirar, algún día, a considerarnos Hombres en sentido integral y atributos del alma y tipo de espiritualidad que en cada raza revisten unas determinadas, peculiares e intransferibles características.

Las citas que expondremos seguidamente se añaden a las que, de nuestro autor italiano, ya ofrecimos en el anterior citado escrito que lleva el mismo título que éste. No serán tan numerosas, ya que las consideramos como un añadido hecho a aquéllas. Han sido extraídas de la 2ª edición ampliada de “La raza del espíritu”, publicada, en marzo de 2.005, por la argentina Ediciones Heracles. De la 1ª edición ya extractamos algunas citas que colocamos, en su día, en el artículo aludido. Revisten estas nuevas citas un carácter muy contundente a la hora de deshacer malentendidos que van en la línea contraria a lo que hemos expuesto en el párrafo anterior. Malentendidos que irían en la línea de afirmar que para Evola la ´raza del cuerpo´ no tendría ningún valor mientras las esencias de la ´raza del espíritu´ y los atributos de la ´raza del alma´ estuvieran en acto, en vigencia. Hemos creído desautorizar y vaciar de argumentos tamaña tropelía y consideramos que aún más lo harán las siguientes palabras de Evola.

Así pues en un artículo titulado “Raza y cultura” y publicado, en enero de 1.934, en la revista “La rassegna italiana” nuestro gran intérprete transalpino de la Tradición afirmaba que:

“Racismo significa pues reconocimiento de una determinada diferenciación de los hombres como dato originario: relación de un determinado grupo de hombres con un ´tipo´; purificación de la estirpe que le corresponde respecto de los elementos extraños sea étnicos como culturales; íntima adhesión del sujeto a la tradición de la propia sangre y a las ´verdades´ que se encuentran íntimamente vinculadas con esta sangre; eliminación de cualquier mezcla espuria.”

Y en el mismo artículo añadía:

“Por cierto, la preservación de la pureza étnica se nos debe aparecer como la condición más favorable para que también el ´espíritu´ de una raza se mantenga en su fuerza y pureza originaria.”

En otro escrito titulado “Raza y ´ascesis´” y publicado, en abril de 1.942, en la misma revista sentenciaba que:

“El hombre ario posee una semilla de luz, un elemento sobrenatural, un núcleo intangible y soberano, que en otras razas se encuentra ausente, o bien está ofuscado o, finalmente es sentido tan sólo como externo y ajeno.”

En el mismo articulo anterior escribía que:

“Las relaciones entre raza y ascesis se esclarecen en el mismo momento en que se tenga presente que, en el curso de los milenios, no sólo la superior conciencia ´olímpica´ de las razas arias se ha sumamente ofuscado en la gran mayoría de sus exponentes, sino que cruzas múltiples han introducido, a través de una sangre extraña, también instintos, formas de sensibilidad y sobre todo de pasionalidad y de deseo que hoy en día se consideran como ´normales´ y ´humanas´ para cualquiera, pero que sin embargo eran ajenas a la originaria alma aria, ario-romana y nórdico-aria. Ahora bien, uno de los significados principales de una ascesis bien comprendida es justamente éste: reconquistar aquello que se ha perdido; vivificar el estado primordial; neutralizar la influencia desmedida de la parte instintiva, pasional e irracional del ser humano, exasperada sobre todo en razón de la mezcla con la sangre de razas no-arias; reforzar aquellos caracteres típicos de naturaleza ´sidérea´, soberana, impasible, que originariamente se encontraban en el centro de la ya mencionada humanidad ´hiperbórea´ y de todas sus ramificaciones como raza dominadora.”

En otro escrito que lleva por título “Valores supremos de la raza ariana”, publicado, en febrero de 1.940, en la revista “La difessa della razza” aclaraba que:

“Para ser realmente ´ario´ los textos indicaron en efecto una doble condición: el nacimiento y la iniciación. Ario se nace, no se deviene; nascitur, no fit.”

Y, por último, en el mismo escrito nos explicaba que:

“…es posible descubrir aquello que, en las diferentes civilizaciones, atestigua la presencia o la reemergencia de fuerzas y de tradiciones pertenecientes a la arianidad y aquello que, en vez, debe considerarse como alteración o deformación debida a influjos e infiltraciones de razas y castas inferiores.”

Nos parece que, tras estos dos artículos nuestros escritos bajo el mismo título en los que la voz de Evola ha sido la protagonista, huelgan más comentarios y sobra cualquier tipo de aclaración más.

EDUARD ALCÁNTARA

SEPTENTRIONIS LUX

NOTAS

(1) Atributos externos de conducta que –junto a otros como los de la nobleza, la fidelidad, la austeridad, la autodisciplina o la valentía- conformarían lo que Evola definió como ´raza del alma´.

(2) Quede siempre claro que, de acuerdo con el principio aristocrático de la desigualdad natural del hombre, no todos los individuos llegarán, óbviamente, a conseguir los mismos logros en el terreno de la realización y/o transformación interiores.

(3) En el libro “Síntesis de la doctrina de la raza”, editado en 1.941, nuestro autor desarrolla este propósito. Ediciones Heracles lo editó en castellano, en 1.996, bajo el título “La raza del espíritu”.

(4) Tengamos presente que el biologismo racial reduccionista no representa sino más que una de las múltiples variantes del materialismo propio de una modernidad que tan en las antípodas se halla del pasado sacro de los pueblos indoeuropeos.

(5) Y aun podríamos contemplar una condición humana por debajo de la física, que sería aquella que tiene por contenido al mundo de un subconsciente al que toda persona restaurada en su integridad de cuerpo, mente o alma y espíritu debe dominar, ordenar y convertir en un reflejo de la armonía y el sosiego anímicos conseguidos.

(6) Entrecomillamos, en estos casos, el vocablo ´espiritualidad´ porque ni el animismo ni la religiosidad sacerdotal y lunar alcanzan el plano del Espíritu, del Ser, sino que pululan por el plano psíquico. En el caso de las creencias de corte pelásgico o lunar no se puede llegar jamás al Conocimiento –nivel espiritual- de lo Absoluto, sino que tan sólo se tiene la aspiración limitadora de creer –nivel mental- piadosamente en lo Supremo.

(7) Este artículo fue incluido en una compilación de escritos de nuestro autor a la que se le dio el título de “El Estado Tradicional” y que Ediciones Heracles publicó en 2.002 en lengua castellana.

(8) Op. cit.

(9) Op. cit.

(10) También traducido al castellano y publicado por Ediciones Heracles en 2.002.

(11) Integrado en el ya citado “El Estado Tradicional”

(12) Op. cit.

Nota.- Se ha intentado seguir un criterio básicamente cronológico –referido al momento en que fueron redactadas por Evola- a la hora de ir insertando, en el presente escrito, las diferentes y numerosas citas textuales.

 

Hablando de "Orientaciones" de J. Evola

Hablando de "Orientaciones" de J. Evola

Biblioteca Evoliana.- Cuando colocamos on line el ensayo de Evola, "Orientaciones" ya dijimos que se trataba de una de las puertas de entrada más accesibles a la obra de Evola. Eduard Alcántara en el artículo que colocamos a continuacion comenta y resume lo esencial de esta obra, destilando los valores y principios de esta obra. Reiteramos la importancia de la lectura de "Orientaciones"  y de su perfecto conocimiento, o de otra manera al lector le resultará particularmente difícil penetrar en el contenido del resto del corpus evoliano.

 

  

HABLANDO DEORIENTACIONES” DE J. EVOLA

Eduard Alcántara

 

Este libro representa un breviario idóneo para fijar cuáles son los fundamentos y principios básicos que ha de seguir y a los que ha de aspirar cualquier persona que aspire a caminar por derroteros radicalmente opuestos a los que nos quiere obligar a recorrer el presente Mundo Moderno.

Trata, de una manera sucinta, de descubrir o aclarar posturas de cariz existencial, ético, espiritual, cultural y político destiladas de cualquier tipo de influencia distorsionadora que pudiesen haber recibido de épocas decadentes como la nuestra.

Nosotros, en el presente escrito, nos vamos a limitar, casi exclusivamente, a hacer un repaso de los aspectos que son tratados a lo largo de los once puntos en los que el gran intérprete de la Tradición dividió este libro:

1.      Nos recuerda el pensador italiano que nos encontramos en medio de un mundo en ruinas y que, por tanto y antes que nada, nos debemos plantear el siguiente problema: ¿existen aún hombres en pie en medio de estas ruinas?

2. Afirma que si un Estado tuviera un sistema político o social que, en teoría, valiera como el más perfecto, pero en el cual el soporte humano fuese tarado, entonces ese Estado descendería antes o después al nivel de la sociedad más baja. Igualmente dice que si las cualidades de ese hombre fueran óptimas, aun enmarcado en un tipo de Estado con serias deficiencias, la comunidad de la que formase parte se encaminaría paulatinamente a los niveles más altos.

Por tanto, aboga por la reconstrucción de un hombre nuevo, animado mediante un determinado espíritu y una adecuada visión de la vida. Fortificado mediante la adhesión férrea a ciertos principios.

3.      En este punto traza una de las pinceladas de lo que deberá ser el hombre nuevo mencionado anteriormente. Y será aquel que sea fiel al espíritu legionario, es decir, aquel que sepa elegir el camino más duro.

4.      Y si valores como el del honor, la fidelidad, la valentía, el espíritu de servicio o el de sacrificio que encarnan el arquetipo del guerrero son los que deberán ser adoptados como norma vital, deberán, en consecuencia, rechazarse los modelos existenciales burgués y proletario.

Otro trazo del hombre nuevo vendría conformado por el de su asunción del principio de la impersonalidad activa, para el que lo que cuenta es la obra y no el individuo; el egoísmo quedará, pues, fulminado ante la lucha por la consecución de fines superiores.

5.      En este apartado se nos desenmascara el hecho constatable de que el liberalismo, después la democracia, más tarde el socialismo, también el radicalismo y, en fin, el comunismo o bolchevismo no han aparecido históricamente sino como grados de un mismo mal, como estadios que prepararon sucesivamente el complejo proceso de una caída.

Asimismo se nos advierte de cómo lo que hoy en día conocemos como globalización provocada por el demoplutocratismo, y que Evola denomina americanismo, comporta, y comportaba, más peligro que, según su propia denominación, el bolchevismo, porque el mismo mal actúa, en el primero, en forma más sutil y las transformaciones acontecen imperceptiblemente en el plano de las costumbres y de la visión general de la vida.

6.      Como todo nuestro quehacer y todos los ámbitos de la vida deben de estar al servicio de la consecución de metas superiores, nuestro pensador nos quiere dejar bien claro el peldaño jerárquico que debe ocupar cada actividad social y, así, afirma categóricamente que “nuestro radicalismo de la reconstrucción exige que no se transija con la alucinación o el demonio de la economía”.

7.      Se comienza, en este nuevo punto, por señalar que el tipo de Estado por el que hay que abogar es el Orgánico, no así el Totalitario. Y es que si el primero tiene la función de dirigir y coordinar las actividades de los grupos y entidades sociales, a los que representa, en pos de metas supremas, el segundo, por el contrario, pretende inmiscuirse en el planteamiento de dichas actividades y, más aun, reglamentarlas; o, dicho de otro modo, aspirar a establecer todas las pautas, hasta las más concretas, de la vida de los diferentes órganos y entes comunitarios, con el consiguiente proceso de igualitarización que ello acarrea.

Se continúa por defender el concepto de Imperium como doctrina de Estado basada en función de una autoridad y de un poder que están investidos de una naturaleza sacra que quiere y debe ser la guia que sirva de modelo a la comunidad a la que articula y aglutina.

Se sigue por rechazar concepciones del Estado, como la bonapartista, que no se basan en ningún fundamento de carácter Superior, sino en el prestigio que, al Jefe de Estado o de Gobierno, le otorgan o refrendan las fuerzas irracionales de la masa. Igualmente, se repudia cualquier variante de democracia porque en ellas el poder también encuentra su legitimización en este mismo tipo de fuerzas.

Se acaba por ensalzar el concepto de élite revolucionaria como órgano rector del Estado y, en relación a su composición, se acaba por afirmar que la suprema nobleza de los Jefes no es la de ser amos de siervos, sino Señores que aman la libertad también de quienes les obedecen.

8.      En este apartado se repudian concepciones jacobinas como la del nacionalismo o la de la idea genérica de patria, que se suelen basar en un enfoque físico hacia la tierra en que se habita, o en una adhesión de corte sentimental hacia ella o hacia los momentos más álgidos de su pasado histórico, o en las tierras movedizas e inestables de la voluntad popular alentada por el nefasto Rousseau.

Ante ello Julius Evola defiende que hay que darles a la Idea y al Estado la primacía respecto a una nación y a un pueblo que sólo dentro del Estado adquirirán un significado, una forma y participarán en un grado superior de existencia. (1)

Como colofón se acaba haciendo una relación de términos que son la clave para la constitución de las directrices políticas de una comunidad: Idea, Orden, élite, Estado y Hombres de Orden.

9.      El último gibelino –como ha sido llamado nuestro autor- rechaza de plano todos los subproductos que ha originado la llamada cultura libre, no sólo desgajada de cualquier sentido de Trascendencia sino, aún peor, en muchos casos frontalmente opuesta a ella: materialismo histórico, economicismo, darwinismo, psicoanálisis, existencialismo, neo-realismo,...

Asimismo sostiene que la verdadera realidad de la existencia está subordinada a un algo que va más allá; dejando atrás, por la voluntad de un más, aquello que está vinculado a lo meramente humano.

Y deja claro que estas líneas de superación no hay que tenerlas intelectual y dialécticamente, sino vivencialmente, realizadas en su directo significado a través de una vida interior y en la propia conducta. Y aclara también, por otro lado, que desintoxicados, de cultura libre, podremos conseguir claridad, rectitud y fuerza.

10.   Se nos habla aquí de la doble posibilidad que existe de superar a la sociedad burguesa y al espíritu burgués que conlleva:

- Yendo a parar a algo todavía más bajo.- la subhumanidad colectivizada y materializada que propugna el realismo marxista.

- Combatiéndolos para elevarse por encima de ellos.- desdeñando la vida cómoda; siguiendo a los que exigen todo de ellos mismos; amando la unión entre la vida y el riesgo; haciendo nuestra la inexorabilidad de la idea desnuda y de la acción precisa.

 

11.  En este último apartado se niega por igual la legitimidad del Estado laico como la del clerical o clericalista, ligando a este último con una crítica hacia el moralismo católico por su componente de humanitarismo, de iusnaturalismo y de igualitarismo y por su ideal del amor y del perdón, en lugar del de honor y justicia.

Se reprocha al catolicismo que no haya sido capaz de hacer suya una elevación ascética, al estilo del espíritu del mejor Medievo de los cruzados, sino que, por el contrario, haya descendido a un nivel mediocre y, en el fondo, burgués y mezquino.

     Como conclusión, Evola nos advierte de la necesidad de defender la intransigencia absoluta de la idea, en función de la cual se debe estar unidos y nos advierte, igualmente, de que es indispensable afirmar esta idea sobre todo, en la forma del hombre nuevo, del hombre de la resistencia, del hombre recto entre las ruinas.

 

(1)  Sobre las ideas expresadas hasta el momento en este punto nº 8, recomendamos la lectura del artículo escrito por José Antonio Primo de Rivera en el nº 2 de F. E., titulado La gaita y la lira

 

Eduard  Alcántara

Septentrionis  Lux

 
Nota: Aparte de algunos análisis y comentarios nuestros, gran parte de este escrito consta de frases textuales de Julius Evola, que no han sido destacadas con otro tipo de letra, sino que únicamente se han destacado algunas reflexiones, ideas o conceptos considerados por nosotros de especial trascendencia.

Una mirada a la ultratumba bajo la guía de un lama tibetano. Julius Evola

Una mirada a la ultratumba bajo la guía de un lama tibetano. Julius Evola

Biblioteca Evoliana.- El problema de la muerte siempre interesó a Evola quien concibió la vida como una preparación para la muerte. Lejos de ser un motivo de tragedia y tristeza, esta concepción da intensidad a la vida, hace que cada instante se aproveche como si fuera el último y, finalmente, supone un choque frontar con el realismo de la naturaleza humana: somos seres hechos para la muerte. De entre todas las escuelas sapienciales actualmente existentes, el budismo tibetano es la que ha hecho del proceso de la muerte, un objeto de estudio e incluso disponen de una "hoja de ruta" para abordarlo: el "Bardo Tödol", libro tibetano de los muertos. El presente artículo fue escrito por Evola en 1943 para el diario La Stampa de Turín. El artículo nos fue remitido por Sergio Fritz y figura en la web del Centro de Estudios Evolianos de buenos Aires.

 

UNA MIRADA A LA ULTRATUMBA

BAJO LA GUÍA DE UN LAMA TIBETANO

 

Julius Evola

 

Uno de los puntos en los cuales existe un preciso contraste entre las posturas que han predominado en Occidente y las que se han conservado –aunque no siempre en forma pura– entre casi todos los pueblos de Oriente, se refiere a la concepción de la muerte.

De acuerdo a las enseñanzas orientales el estado humano de existencia no es sino una fase de un ritmo que viene desde lo infinito y va hacia lo infinito. La muerte, a tal respecto, no tiene nada de trágico: es un simple cambio de estado, uno de los tantos que, en tal desarrollo, ha padecido un principio esencialmente suprapersonal. Y así como el nacimiento terrenal es considerado como una muerte con respecto a estadios anteriores, no-humanos, de la misma manera la muerte terrenal puede tener el significado de un nacimiento en sentido superior, de un despertar transfigurador. Pero en las enseñanzas aludidas, esta última idea no queda como entre nosotros en una dimensión abstractamente mística. La misma adquiere un significado positivo de una especial tradición relativa a un “arte de morir” y a una ciencia de las experiencias que deben esperarse en la ultratumba.

La expresión más característica de esta tradición se la encuentra en algunos textos tibetanos recientemente llevados al conocimiento del público occidental a través de la traducción del lama K. Dawa Samdup y de Evans Wentz. El más importante de tales textos se llama Bardo Thödol, término que se puede traducir aproximadamente así: “Enseñanza a escuchar con relación a las alternativas” (Bardo).

En efecto, la idea central de esta doctrina es que el destino de ultratumba no es unívoco; la ultratumba ofrece diferentes posibilidades, caminos, alternativas, en modo tal que a tal respecto, la actitud y la acción del alma de aquel que ya ha sido hombre, tienen una importancia fundamental.

Lo que impacta en tales enseñanzas es su absoluta asentimentalidad, su estilo casi de sala operatoria, en razón de su calma, precisión, lucidez. “Misterio” y angustias no encuentran lugar aquí. No sin equivocarse el traductor ha hablado a tal respecto de un traveller’s guide to other worlds, es decir una especie de Baedecker, de guía para los otros mundos. El que muere debe mantener el espíritu calmo y firme; con suma fuerza él debe luchar para no caer en un estado de “sueño”, de coma, de desmayo, lo cual sería sin embargo posible tan sólo si ya en la vida nos hemos entregado a especiales disciplinas espirituales, como por ejemplo el Yoga. Las enseñanzas que entonces son comunicadas, o de las cuales él se debe acordar, tienen más o menos este sentido: “Sabe que estás por morir. Probarás ésta o aquella sensación en el cuerpo, sentirás estas fuerzas como si se te escapan, se detendrá la respiración, cesará este sentido después de este otro – y he aquí: desde lo profundo, irrumpirá este estado de conciencia, estos vértigos te tomarán y estas apariciones se formarán mientras eres llevado afuera del mundo de los cuerpos. No te atemorices, no tiembles. Debes en cambio acordarte del significado de aquello que experimentarás y de cómo te conviene actuar”.

El ideal más alto de las tradiciones orientales en general es la “liberación”. La liberación consiste en realizar un estado de unidad con la suprema realidad metafísica. Aquel que, aun teniendo aspiración a ello, no ha sido capaz de realizarlo en vida de hombre, tiene la posibilidad de arribar a ello en el momento de la muerte, o en los estados que inmediatamente le siguen a la muerte, si es capaz de un acto, el cual hace casi pensar en aquella violencia a usar para entrar en el reino de los Cielos, de los cuales se habla también en los Evangelios. Todo dependería de una capacidad intrépida y fulminante de “identificación”.

Para ello la premisa es que el hombre, en su naturaleza más profunda, es idéntico no tan sólo a las diferentes fuerzas trascendentes simbolizadas por las diferentes divinidades del panteón de aquellas tradiciones, sino también al mismo Supremo. El mundo divino no tendría una realidad objetiva diferente del Yo: la distinción sería una mera apariencia, un producto de “ignorancia”. Nos creemos dioses, mientras que no se es sino dioses que duermen. Pero al caer el cuerpo el velo de la “ignorancia” se resquebraja y el espíritu tendría –luego de una breve fase de desfallecimiento correspondiente al compuesto psico-físico– la experiencia directa de estos estados o poderes metafísicos, a partir de la denominada “Luz-fulgor”, estados y poderes que no son sino su misma esencia más profunda.

Entonces se plantea una alternativa: o se es capaz, a través de un impulso absoluto del espíritu, de “identificarse”, de sentirse como aquella Luz –y entonces la “liberación” es alcanzada, el “dios que duerme” se despierta. O en cambio se tiene miedo, se da marcha atrás, y entonces se desciende, se pasa a otras experiencias, en las cuales, como por una sacudida dada a un calidoscopio, la misma realidad espiritual se presentará no más en aquella forma desnuda y absoluta, sino en la semblanza de seres personales y divinos. Y aquí se repite la misma situación, la misma alternativa, la misma prueba.

Habría propiamente dos grados. En primer lugar aparecerían formas divinas calmas, poderosas, luminosas: luego, formas divinas terribles, destructivas, amenazantes. En uno como en otro caso, de acuerdo a la enseñanza en cuestión, no nos debemos engañar ni asustar; es la misma mente que, casi a la manera de una alucinación, crea y se proyecta ante sí misma todas estas figuras: es la misma sustancia abismal del Yo que se objetiva, con la ayuda de las imágenes que fueron más familiares a un muerto. Por lo cual, es admitido sin más que el hindú “verá” las divinidades hindúes, el mahometano al Dios islámico, el buddhista a uno de los Buddha divinificados, y así sucesivamente, tratándose de formas variadas, pero equivalentes, de un fenómeno puramente mental.

Todo tiene que ver con que “aquel que ha partido” (el muerto) logre destruir la ilusión de una diferencia entre sí mismo y tales imágenes y mantener, por decirlo así, su sangre fría. Ello no es sin embargo tan difícil, en cuanto más él, bajo el impulso de fuerzas oscuras e irracionales, se aleje del punto inicial de las experiencias póstumas. En efecto, es más arduo reconocerse en un dios que toma el aspecto de persona y que fue siempre adorado como ser distinto, que en una forma de pura luz; y es sumamente menos probable que luego la identificación pueda acontecer frente a las divinidades “terribles”, a menos que, en la vida, no nos hayamos consagrado a cultos especiales. El velo de la ilusión se hace así paulatinamente siempre más espeso, en un progresivo menoscabo, equivalente a una disminución de la luz interna. Se cae, nos acercamos al destino de pasar nuevamente a una forma finita y condicionada de existencia que, por lo demás, no está dicho que sea nuevamente y terrestre como querrían aquellos que asumen como un dogma, de manera grosera y simplista, la teoría de la reencarnación.

Pero el que se “acuerda”, hasta el último momento tendría posibilidades; los textos en cuestión indican en efecto acciones espirituales, por medio de las cuales o se logra “abrir la matriz”, o bien, por lo menos, se logra “elegir” – elegir el plano, el lugar y el modo de la nueva manifestación, del nuevo estado de existencia, entre todos aquello que, en un último y supremo momento de lucidez, se revelarían a la visión del muerto. La reaparición en el mundo condicionado acontecería a través de un proceso que, en estos textos tibetanos, presenta una singular concordancia con varias posturas del psicoanálisis, y que implicaría una interrupción de la continuidad de conciencia: se borra el recuerdo de las anteriores experiencias suprasensibles, pero se mantiene sin embargo, en el caso de un “nacimiento elegido” el impulso, la dirección. Se tendrá así un ser que, aun hallándose nuevamente en la situación de experimentar la vida como “un viaje en las horas de la noche”, se encuentra animado por una vocación superior, es conducido por una fuerza de lo alto, no es uno de aquellos seres vulgares destinados a “perderse como una flecha lanzada en la oscuridad”, sino un “noble” al que un impulso más fuerte que él lo impulsará hacia el mismo fin hacia el cual en la primera prueba se ha venido a menos, pero que ahora, como un nuevo poder, será nuevamente enfrentada.

Singulares perspectivas se abren pues con estas enseñanzas, fundadas en una tradición milenaria. Cualquier cosa pueda decirse de los mismos, una cosa es segura: los horizontes, con tales enseñanzas, son ampliados, en modo tal que las oscuridades, las tragedias, las contingencias de esta vida humana no pueden sino resultar relativizadas. Aquello que, en una especie de pesadilla, se podía considerar como definitivo, puede no ser sino un episodio, con respecto a algo más fuerte y más alto, que no comienza con el nacimiento y que no concluye con la muerte y que puede aun valer como principio de una calma superior y de una incomparable, inquebrantable seguridad ante toda prueba.

(La Stampa, Diciembre de 1943).

Incluido en :; http://www.geocities.com/Athens/Troy/1856/Ultratumba.htm

 

Cabalgar el Tigre. Eduard Alcántara

Cabalgar el Tigre. Eduard Alcántara

Biblioteca Evoliana.-  Introducimos este artículo de nuestro amigo Eduard Alcántara sobre el significato de "Cabalgar el Tigre". Esta obra tiene "algo" que impacta a algunos de sus lectores, como si encontrara un eco en el interior de cierto tipo humano diferenciado, y le revelara algo que ya late en su interior. En realidad, nosotros mismos hemos experimentado esta sensación a medida que íbamos traduciendo el libro de Evola en 1988 junto a nuestro amigo F.García. El escrito de Eduard Alcántara es, no solamente, una valoración personal del último gran libro de Evola, sino también una contextualización de los temas que toca en los distintos capítulos de su obra.

 

 

CABALGAR EL TIGRE

Eduard Alcántara

 

     No hace demasiado tiempo alguien, tras haberse leído el imprescindible libro de Julius Evola, “Cabalgar el tigre” (1), nos expuso una serie de reflexiones y comentarios sobre su particulares posturas ante las tácticas, las tesis y las doctrinas sapienciales en él expuestas. Algunos de estos comentarios estaban salpicados de ciertas dudas sobre el fondo del que emanan una serie de planteamientos expuestos por el autor italiano y se hallaban impregnados de una mesurada crítica -por otro lado constructiva- acerca de lo conveniente y/o de lo correcto de la adopción de determinadas posiciones presentadas en esta obra cimera, capital y de lectura imprescindible.

     Ante ello nosotros (que hace ya años que nos leímos esta obra; pero de la que, a pesar de lo cual, se nos quedaron firmementemente arraigados su mensaje y su esencia), le escribimos a nuestro apreciado interlocutor los siguientes párrafos:

 

         Cabalgar el tigre ” es un libro que rompe con la moral propia de nuestras terminales sociedades (esa moral que ha venido en denominarse como de ´moral pequeño burguesa´) y rompe igualmente con las instituciones por ella impregnadas y lo hace de una manera radical y sin ningún tipo de miramientos ni de concesiones.

     Se trata de planteamientos hechos pensando en un hombre, como el actual, que vive en plena Edad de Hierro; en pleno período de decadencia. Y ante lo imposible de darle un golpe de timón al actual devenir corrosivo de los tiempos, se nos dice en este libro que debemos de concienciarnos de que no nos queda más remedio que el de vivir inmersos en ellos (en estos tiempos), pero sin que nos arrastren por el camino de la disolución, por lo que hemos de intentar vivir en medio de las ruinas, pero permaneciendo en pie. No adoptando posturas evasionistas y/o nihilistas (2), sino intentando acelerar la descomposición de este deletéreo mundo moderno para así conseguir que su caída (si ahora se nos presenta como imposible) ocurra cuanto antes mejor y para que en esta lucha mantenida para acelerar dicha caída (3) se vaya forjando el hombre que se hallará preparado para tomar las riendas de la reconstrucción de un nuevo Orden; de una nueva Edad Áurea.

     Acelerar la descomposición de los tiempos que acontecen es ´cabalgar el tigre´ para cansarlo cuanto antes y acabar derrotándolo. Pero al margen de estas connotaciones y aplicaciones de carácter más exterior (4) y político, ´cabalgar el tigre’ es también una fórmula reservada para un tipo de Hombre diferenciado (no para los que no somos más que ´el común de los mortales´) que transita por el arduo, disciplinado y metódico camino de la transmutación interior y que es capaz de utilizar ´el veneno y convertirlo en remedio´. Esto es, utilizar los ´venenos´ que emponzoñan y destruyen al hombre común y que de manera apabullante, exagerada y disolvente impregnan el mundo moderno (tales como, de forma más contundente, pueden serlo las drogas, el alcohol o el uso obsesivo y degradante del sexo (5)), utilizar, decíamos, estos ´venenos´ (6) para alterar su estado de conciencia ordinaria con el objeto de volverla más volátil y sutil y, en definitiva, más propicia a ser reconducida y elevada a otros estados de conciencia superiores que le pongan en el camino -siguiendo los rigurosos procesos de la Iniciación (7)- que lleva a la difícil meta de lo que el budismo llama el Despertar.

     Esta vía iniciática se conoce en Oriente como la ´Vía de la Mano Izquierda´ y en la tradición hermeticoalquímica occidental como la ´Vía Húmeda´.

     Existe otro camino, otra vía reservada para un tipo de Hombre diferenciado de cualidades internas aun superiores a las ya muy de por sí elevadas que se presuponen inherentes al anterior tipo de Hombre del que acabamos de hablar. Este otro camino es el conocido en las escuelas sapienciales de Oriente como el de la ´Vía de la Mano Derecha´ y en la tradición alquimicohermética de Occidente como el de la ´Vía Seca´.

     Se trata de una Vía que no necesita de la utilización ni de la ayuda de ninguno de los ´venenos´ de los que hemos hablado anteriormente para que el Iniciado se abstraiga interiormente de todo lo que inunda, distrae, liga y dispersa a la mente y que le supone obstáculos insalvables de cara a su búsqueda de estados superiores de conciencia que tiene por finalidad la Iluminación, a la par que la Gnosis o Conocimiento de la Realidad Metafísica que existe más allá y en el origen de todo el mundo manifestado, físico y, aun, sutil.

     Este tipo superior de Hombre descondicionado también podría ser definido como de ´apolíneo´ (Vía Seca o de la Mano Derecha) frente al otro tipo de Hombre al que le cabe el apelativo de ´dionisíaco´ (Vía Húmeda o de la Mano Izquierda). Es este ´dionisíaco´ el que se servirá de las embriagueces, que podrá experimentar con facilidad en nuestro actual estado crepuscular del Kali-yuga, para emprender el camino de la búsqueda de la Iluminación. Es el que intentará  ´convertir el veneno en remedio´  ´cabalgando el tigre´.

     ´Cabalgar el tigre´  también simboliza dominar, controlar y anular las pasiones, pulsiones, sentimientos y bajos instintos e impulsos que encadenan al hombre a lo bajo, a lo ínfero.

     De este Hombre que es capaz de ´convertir el veneno en remedio´ también se pueden aplicar expresiones como aquella que afirma que ´la espada que le puede matar, también le puede salvar´ o la que asevera que ´el suelo que le puede hacer caer, también le puede servir para apoyarse y levantarse´.

     Claro debe quedar que aquel que intente ´cabalgar el tigre´ sin estar innata e iniciáticamente validado y preparado para ello, será desgarrado, despedazado y devorado por él: por un alcohol o unas drogas que temerariamente quiso poner a su servicio o por unas prácticas sexuales respecto de las cuales acabará animalmente esclavizado y fatalmente obsesionado.

     Quede bien al descubierto, pues, lo peligroso de la fórmula de ´cabalgar el tigre´. Únicamente una élite Superior desde el punto de vista de la cualificación y realización interiores podría (en caso de que aún existiera en nuestro decrépito Occidente) aventurarse por esta vertiginosa Vía de transformación interna. Y esto sólo después de haber consumado un metódico, exacto, riguroso, estricto, difícil, duro y arduo trabajo previo, enmarcado dentro de los diferentes estadios de lo que la Tradición conoce como la Iniciación.

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     En este insigne libro Evola nos transmite la evidencia de que en los presentes momentos sombríos y crepusculares por lo que atraviesa el mundo moderno no existe nada que merezca ser salvado; que deba ser conservado. No debemos, pues, mantener actitudes ´conservadoras´, sino que debemos, por el contrario, poner todos los medios a nuestro alcance, luchando, para que la desaparición de cualquier tipo de manifestación del mundo moderno acontezca lo antes posible. El objetivo de esta lucha es el de reinstaurar los valores y la cosmovisión propios del Mundo Tradicional. La meta es la de ´volver a la Tradición´. Por lo que de este ´re- volver´ se deriva el término ´revolución´. Se trata, pues, de adoptar una actitud ´revolucionaria´ y no, repetimos, ´conservadora´.

     Décadas atrás, en la época de la Italia Fascista y de paralelos movimientos en otros países, Evola sí concebía que pudiera llegar a ser factible una reorientación general hacia valores, formas e instituciones de carácter Tradicional. La familia o el Estado en, por ejemplo, época mussoliniana todavía no habían degenerado en el remedo y la caricatura en que se han convertido hoy en día. Los intereses del alma o psique de entonces todavía podían entender de lo noble, de lo épico, del honor y de la fidelidad y aún no se habían anegado en el exclusivismo positivista, utilitarista, hedonista, mezquino, egoísta e individualista del que entienden hoy en día. Nuestro autor italiano pensaba, por entonces, que con un golpe de timón, más o menos pronunciado, se estaba a tiempo de reconducirlo todo hacia formas, instituciones y valores acordes con los de un Mundo de la Tradición que no es otro que aquél de la preeminencia de lo Sacro y Superior; en su auténtica configuración activa, Olímpica y Solar.

     Por aquel entonces, pues, (hasta una vez acabada la II Guerra Mundial) Evola no apostaba por la táctica de acelerar el final; acelerar la caída. Casi todo lo existente era reorientable. Por el contrario, cuando escribía esta obra y, por descontado, en la actualidad todo se encuentra en avanzado estado de descomposición, de putrefacción, y es por ello por lo que no sobrevive nada que deba de ser salvado. Por esta razón (y sin referirnos al terreno de la realización personal interior sino al distinto ámbito de la acción política, exterior) hay que ´cabalgar el tigre´ hasta agotarlo, hasta que exhale su último aliento, su último suspiro, y no quede ni rastro de él, porque entonces sí habrá llegado la hora de construir un nuevo Orden sobre las cenizas de lo que quedó del mundo tras su agitado, atribulado, frenético, desorientado, catastrófico e infernal paso por la fase crepuscular de lo que las diferentes tradiciones definieron como el Kali-yuga o Edad Sombría, la Edad del Lobo o la Edad de Hierro.

 

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      (1) Expresión extremo oriental. 

       (2) Pueden consultarse nuestros “Debates metafísicos (I): el nihilismo”.

      (3) Se debe de tener bien presente la realidad de que la lucha contra este disoluto y alienante mundo moderno no puede revestir una naturaleza frontal, pues la actual fuerza y casi omnipotencia del Sistema que lo vertebra nos arrollaría como lo haría, si nos colocásemos ante ella, una imponente bola de nieve que en su vertiginosa caída por la ladera de la montaña cada vez se ha ido haciendo más grande. Sino que las tácticas, que, por el contrario, se deben asumir deben ser diferentes. Si no nos debemos de colocar delante del tigre si no queremos que éste acabe rápidamente con nosotros, debemos de cabalgarlo. Y cabalgarlo es adoptar tácticas como la de fomentar las contradicciones de nuestro degradante mundo y del ´Establishment´ que lo sustenta y que a la vez es su consecuencia. Fomentar sus contradicciones y ponerlas de manifiesto y en evidencia. El desarrollo de sus contradicciones debe de provocar tales tensiones, fricciones, desajustes y desequilibrios que acabe con el estallido de todo el entramado plutocrático materialista de este orbe globalizado que Evola definió como el de la hegemonía del ´Quinto Estado´.

     (4) No obviemos que la forja del hombre en lid contra lo que suele denominarse como el Sistema también reviste una vertiente que afecta al carácter, a la voluntad, a la tenacidad, al valor, a la autodiscipina, al espíritu de sacrificio y, en definitiva, a toda una serie de cualidades de la psique, mente o alma que se ven, así, desarrolladas y reforzadas. Esto le configuraría otras connotaciones de carácter no exterior a la fórmula de ´cabalgar el tigre´ cuando ha sido aplicada al intento de acelerar el fin del mundo moderno.

     (5) No son escasas las doctrinas sapienciales que han concebido o conciben el sexo como herramienta válida para adentrarse en el sendero que busca su culmen en la Gran Liberación o Despertar. Se puede ver esto, por ejemplo, en el dionisismo, en el taoísmo o en el tantrismo. Y es algo que no nos ha de extrañar si tenemos en cuenta que el sexo fue definido por alguien como ´la mayor fuerza mágica del Cosmos´.

     El Iniciado en estos ritos intentará prolongar al máximo el acto sexual con la finalidad de activar y/o desarrollar, en su fuero interno, toda una serie de energías y fuerzas que comparte con la totalidad del citado Cosmos y que, por empatía, le facilitarán su conocimiento y la identificación con el mismo; a la par que le ayudarán a ir desapegándose de todo aquello que lo liga y encadena hacia lo material y hacia lo irracional. Estos procesos le adentrarán en dimensiones más sutiles de la realidad y constituyen los pasos previos para aspirar a acceder a la Realidad Superior; aquella otra del total descondicionamiento propio del Principio Supremo (del No-Ser de determinada metafísica).

     No hay que obviar la importancia que, para el Iniciado, puede revestir el ´trauma´ o ´shock´ representado por el orgasmo a la hora de intentar abandonar el estado de conciencia ordinario y de aspirar a adentrarse en otros estados de conciencia superiores; a la vez que menos densos y condicionados.

     (6) Las técnicas iniciáticas a las que hace alusión la fórmula de ´convertir el veneno en remedio´ cobran un especial sentido y una especial adecuación en estas fases terminales, y especialmente obscuras, del actual Kali-yuga en las que los ´venenos´, como el alcohol y todo otro tipo de drogas, se hacen omnipresentes y en las que lo sexual ha llegado a unos extremos de promiscuidad casi inimaginables no mucho tiempo atrás. Y ante este desolador panorama un tipo de Hombre diferenciado que -tal como se ha señalado en otros párrafos- no concibe posturas nihilistas, evasionistas o de fuga se encontrará continuamente ante estos ´venenos´ y podrá (si opta por esta ´Vía de la Mano Izquierda´) acceder a ellos con bastante facilidad.

     Más sentido cobra aun la ´Vía Húmeda´ si tenemos en cuenta que si ya resulta harto improbable hallar, en los tiempos que corren, este tipo superior de Hombre adjetivado como de ´dionisíaco´, ¿cuánto más difícil no será encontrar el otro tipo de Hombre denominado como de ´apolíneo´, de cualificación interna todavía más elevada que el anterior y que puede emprender la difícil tarea de su transformación interior sin servirse de ningún tipo de ayuda como la que pueden representar dichos ´venenos´?

      (7) Al respecto pueden consultarse nuestros “Debates metafísicos (II): la Iniciación”.

 

     NOTA - No querríamos concluir este escrito sin volver a hacer hincapié en la inviabilidad y peligrosidad que representa la opción de ´cabalgar el tigre´ desde el punto de vista de cualquier pretensión iniciática; que, por otro lado, tan remota se muestra en nuestros terminales tiempos. Por ello, nos reiteramos en defender esta fórmula en su planos más ´externos´: como estrategia de  lucha no frontal contra el mundo moderno y como medio para robustecerse anímica o mentalmente a lo largo del devenir de este tipo de lucha.   

     Eduard Alcántara

     Septentrionis Lux

 

El mayor peligro. Julius Evola.

El mayor peligro. Julius Evola.

Biblioteca Evoliana.- Vale la penaleer y releer este articulo publicado por Evola en la revista conservadora "Il Conciliatore" en noviembre de 1958 en plena Guerra Fría. Evola advierte: existe un peligro inmediado -la URSS-, de carácter material dada la brutalidad del stalinismo. Ahora bien, la tosquedad del peligro stalinista no puede hacer olvidar que, desde el punto de vista del espíritu existe un enemigo aún más peligroso: el americanismo. El artículo fue traducido al castellano y publicado por primera vez en la web del Centro de Estudios Evolianos de Buenos Aires.

 

 

EL MAYOR PELIGRO

por Julius Evola

No hay duda alguna de que, desde un punto de vista material y político, Rusia con sus derivaciones comunistas constituye hoy para nosotros el mayor enemigo: ello por el mero hecho de que un triunfo del mismo equivaldría a la inmediata eliminación física de todos aquellos que en Europa aun defienden una superior idea de la existencia humana y del Estado. Por tal razón, debido al actual encuadramiento internacional, quedan totalmente justificadas desde el punto de vista práctico, todas aquellas medidas defensivas y de profilaxis que, a través de un bloqueo capitaneado por Estados Unidos, puedan marginar el peligro ruso. E incluso se puede estar también del lado de tal país, al no estarnos concedida, por el momento, otra alternativa posible. Las premisas para una “tercera fuerza” que pueda desarrollarse en el campo de la gran política mundial, son lamentablemente inexistentes hoy en día.

Sin embargo las cosas se encuentran en una manera distinta si del plano material se pasa al espiritual. En tal plano, para todo aquel que se encuentre orientado en el sentido de una verdadera Derecha tradicional, debería mantenerse firme lo que fue reconocido en manera clara durante el período del Eje, es decir, que Rusia y Estados Unidos representan dos caras de un mismo mal, dos aspectos de una misma negación. Así pues el hecho de que materialmente y militarmente por el momento no podamos no apoyarnos en el encuadramiento “atlántico” no nos debería llevar a formular entre nosotros y Norteamérica, una distancia interior menor que la que nos separa de la Rusia soviética. Las tácticas político-militares antes mencionadas no nos deberían llevar en manera alguna a un vasallaje intelectual.

En efecto, en el domino de la cultura, defenderse de Norteamérica es sumamente más importante que defenderse de todo aquello que proviene de Rusia. Afuera de un campo estrictamente material, el peligro comunista es efectivamente mínimo. A pesar de las veleidades de unos pocos intelectuales cuyo encuadramiento se hace siempre más exiguo, una “cultura” comunista puede reputarse como inexistente. La nueva “civilización proletaria” existe tan sólo como un slogan de agitadores. Se sabe que en los países no dominados por parte de la Rusia soviética, el “comunista”, prácticamente, no es sino el obrero que aspira a hacer propios los modos y los tenores de vida del “burgués”; y aquí es donde comienza y termina todo el potencial sugestivo de la propaganda correspondiente, lo cual es sumamente ostensible para todos nosotros. En los mismos países comunistas, empezando por Rusia, no es el caso de hablar de un “hombre nuevo”, si se prescinde de estrecho círculo de un minúsculo grupo de “puros” y de fanáticos. Por su carácter rudimentario y su craso materialismo, las mismas condiciones marxistas son tales que es suficiente con tener un mínimo de forma interna y de sensibilidad espiritual para advertir todo su carácter bárbaro y ajeno a cualquier sentido mínimamente superior. Así pues, mientras no tengamos que padecer una ocupación, para nosotros la Rusia soviética y el comunismo no representan culturalmente un peligro verdadero. Sumamente diferentes se encuentran las cosas si tenemos que remitirnos a Norteamérica. La americanización de nuestro continente se encuentra en pleno desarrollo y –lo que es más preocupante– posee un carácter que parece espontáneo y natural. A tal respecto es dable decir que quizás sea Italia el país que se encuentra a la vanguardia de todas las demás naciones europeas en su actitud de aceptar pasiva y obtusamente la influencia norteamericana en la cual ella ve la quintaesencia de todo aquello que es verdaderamente “moderno”, interesante, grandioso, digno de ser imitado e importado. Esta fascinación, cuyas formas son múltiples, no ahorra casi a ningún estrato de la población. Cine, radio, televisión, prensa escrita, son los principales focos de todo esto. Y puesto que se trata del dominio de la vida ordinaria de los ciudadanos, nadie se preocupa políticamente de esta intoxicación, nadie se preocupa de perder el amor propio, ningún límite es puesto para asegurar al italiano medio un mínimo de dignidad, de decoro, de independencia interior y también, de libertad y de reflexión. Con respecto a esto último no queremos decir para nada que en una época como la actual tengamos que permanecer cerradamente apegados a lo nuestro sin importar su valor. Podemos también abrirnos a experiencias propias de una vida más vasta, pero eligiendo, discriminado, teniendo una medida propia, no lanzándonos hacia un solo lado, como acontece en cambio hoy en día con relación a la influencia norteamericana.

Un ejemplo típico, si bien archisabido, nos es dado con la llamada música ligera y con el jazz. A tal respecto entre nosotros circula casi con exclusividad mercadería norteamericana o de tal tenor. En la R.A.I., por lo menos en los dos tercios de sus programas, no se siente cantar en otra lengua que no sea el inglés, y no se escuchan sino orquestas norteamericanas o del estilo. Se ha llegado hasta el límite de que se difunden ejecuciones y “arreglos” norteamericanos incluso en temas italianos y vieneses. Una de las más bellas danzas del Príncipe Igor se ha hecho popular entre nosotros a través de un pegajoso “arreglo” aparecido en una película norteamericana, y los ejemplos abundan. Ante tal pasividad, todo aquello de interesante, de menos estereotipado, de más variado y de mucho más cercano a nuestra naturaleza que podrían ofrecernos por ejemplo la Europa central o centro-oriental, vale como inexistente para los compiladores de los programas. Aun desde el punto de vista de la lengua no se entiende cómo al italiano no le repela el inglés (en especial el inglés yanqui), en cuanto a la pronunciación y cadencia, y no se haya sentido más alejado del mismo que de cualquier otra lengua.

Y resulta a su vez sumamente triste y exasperante que ante tal estado de cosas no haya surgido ninguna reacción espontánea, popular para hacer frente a semejante esnobismo y mal gusto de usos ya difundidos que “hacen mucha América”, por parte de una cierta jerga existente en los modales y en las vestimentas, en especial cuando se trata del sexo femenino. A ciertas jóvenes fanáticas de los pantalones y de los blue jeans se los haríamos endosar no en habitaciones lujosas o en halls de hoteles, sino en un campo de concentración, en donde en verdad los mismos corresponden, dado que en su origen tal indumentaria, incluso en los Estados Unidos, era usada exclusivamente en el más duro mundo del trabajo. En ciertos casos especiales un gobierno serio se sentiría obligado a intervenir. En cambio no se ha encontrado nada para decir, por ejemplo, en el hecho de que un grupo de jóvenes de la aristocracia italiana haya ido en tournée a América, poniendo bien de relieve justamente su carácter de nobles, pero tan sólo para exhibirse como modelos, al servicio de una clientela yanqui bien provista de dólares.

En el mismo campo de la literatura, serían sumamente deseables ciertas reacciones. Así pues hallamos la novela norteamericana acompañada de una inflación de traducciones italianas que muchas veces se trata de obras de un nivel ínfimo, vinculadas a ambientes extraños y mezquinos, privados para nosotros de cualquier interés. Debería ser a su vez advertido el peligro de los denominados “intercambios culturales”. Es sabido que sobre la base de un grupo de leyes –la Fullbright y la Smith-Mundt Law– los Estados Unidos han abierto créditos en Europa y especialmente en Italia para estadías y sueldos de jóvenes en ambientes y colleges norteamericanos: con relación a ello hay justamente una oficina especial en la embajada de los Estados Unidos. Y como si esto no bastara, el gobierno italiano ha aportado su cuota, para incrementar tales intercambios, que se resuelven generalmente en otras tantas ocasiones de intoxicación intelectual. En efecto, lamentablemente sobre el joven que no tenga una forma mentis propia, unos principios verdaderos y buen sentido, puede impactar mucho todo aquello que Norteamérica nos presenta en el campo práctico y con su aparente facilidad de vida. Hemos comprobado varias veces esta experiencia respecto de quienes han regresado de los Estados Unidos. Y ello no tan sólo entre gente común, sino entre alguien perteneciente a la más antigua nobleza europea hemos escuchado decir tranquilamente que así como en la antigua área imperial se iba a Roma para formarse, de la misma manera acontecía hoy en día con Norteamérica comprendida como la nueva nación-guía.

Dado el clima de irresponsable democracia hoy vigente en Italia, es imposible que hablemos de un sistema organizado de defensa de tal tipo. Ello puede ser tan sólo algo perteneciente a unos pocos que se encuentran aun espiritualmente de pié. A éstos les correspondería dar el ejemplo con energía. Sin polémicas ni animosidad debe considerarse todo lo yanqui con una fría curiosidad, invirtiendo los roles: remitiendo a Norteamérica al rango de una provincia, de una excrescencia periférica en donde se ha centralizado y desarrollado hasta el absurdo todo aquello que de negativo había producido la civilización última de Europa. Y cuando algo perteneciente a lo norteamericano tuviese que ser admitido, se lo tendría que hacer manteniendo la mirada libre, considerando simultáneamente otras perspectivas, otras posibilidades, otros valores, en un marco tal en el cual, cualitativamente, Norteamérica represente tan sólo un episodio, y su pretensión de ser la portadora de la forma más alta alcanzada por la civilización humana, al cual el resto del mundo debe ser elevado bajo el signo de la democracia, se nos aparezca como una broma de mal gusto.

(de Il Conciliatore, Noviembre 1958)