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El Misterio del Grial - Capítulo II - El ciclo del Grial. XVIII. El misterio de la lanza y de la venganza

El Misterio del Grial - Capítulo II - El ciclo del Grial. XVIII. El misterio de la lanza y de la venganza

Biblioteca Julius Evola.- Evola aborda en este capítulo una temática que ha estado muy "de moda" en los últimos años, el del Santo Grial como receptáculo de la "sagnre real", temática que ha sido tratada en todo el género de seudo ensayo ocultista que ha rodeado el lanzamiento de "El Código Da Vinci". Evola, aborda toda esta temática desde un punto de vista serio y apoyándose en la documentación originaria. La lanza, e cuanto objeto uránico, atraviesa el corazón del héroe y derrama la sangre transmutada que cae en el receptáculo graálico.

 

XVIII. EL MISTERIO DE LA LANZA Y DE LA VENGANZA

Hemos mencionado ya el complementarismo que existe entre lanza y copa. En las representaciones tradicionales del «doble poder», el cetro a menudo se confunde con una lanza, y el simbolismo de la lanza, .junto con el del cetro, interfiere a menudo con el simbolismo del «eje del mundo» y, por esa razón, remite a los ya conocidos significados «polares» y regios. Ahora bien, en el ciclo del Grial, la lanza aparece precisa y exactamente junto a figuras regias y presenta un doble carácter: hiere y sana. Esto requiere alguna explicación más. En la leyenda, la lanza del Grial suele estar ensangrentada; a veces, más que estar mojada en sangre, ella misma origina un flujo de sangre.

De esta sangre, en el Diu Cróne, se alimenta el rey. En los textos más posteriores, la sangre adquirirá un papel cada vez más importante, hasta relegar a segundo término al recipiente que la contiene y que en un principio tenía el papel esencial. En esos textos, el Grial se torna Sangreal, con el doble sentido de sangre real de Cristo y de sangre regia. En los elementos cristianizantes de la saga, la lanza del Grial es explicada efectivamente, a veces, como aquella con la que fue herido Jesús, y la sangre que de ella mana es «la sangre de la redención», o sea que simboliza un principio regenerador. Pero esto, sin embargo, no explica demasiado el hecho de que la lanza hiera a quien, como Nescien, ha querido conocer demasiado de cerca el misterio del Grial, quedando, por esto, además de herido, cegado. Se recobra la vista y se cierra la herida en virtud de la sangre que mana del hierro de la lanza, una vez que se ha logrado extraerla de la herida. En el Grand Saint Graal, al producirse este fenómeno, un ángel resplandeciente dice que ese es el inicio de las maravillosas aventuras que tendrán lugar en el país adonde se dirija José de Arimatea, o sea en la región noroccidental. Gracias a estas aventuras, «los verdaderos caballeros se distinguirán de los falsos, la caballería terrenal se tomará caballería celestial», y entonces se repetirá el milagro de la sangre que brota del hierro de la lanza. También el último rey de la dinastía de José resultará herido entre los muslos por la lanza y no sanará hasta la llegada de aquel que descubra el secreto del Grial y posea la cualificación requerida para ello. En ese conjunto, la sangre de la lanza parece estar, por tanto, en relación con la virtud del héroe restaurador. Pero en este texto se encuentra también la referencia de que la lanche aventureuse hiere, en el sentido de infligir un castigo destinado a recordar la herida de Jesús. En todo esto parece ocultarse el tema «sacrificial», o sea lo que recuerda la necesidad de una «mortificación», de un «sacrificio» como condición preliminar de que la experiencia del Grial no resulte letal. Sin embargo, en otros textos este tema se entrecruza con el de la venganza: la lanza, con su sangre, recuerda una venganza que el predestinado debe cumplir: sólo entonces, junto al cumplimiento del misterio, habrá la paz, el fin del estado crítico de un reino. En relación con esta variante, la restauración adquiere el carácter de una reafirmación, de una recuperación victoriosa de la misma fuerza o tradición que otro había adquirido pero cayó o fue herido. El tema «sacrificial» cristiano, en este punto, se rectifica en un sentido más viril, que cabe considerar, aun en este caso, como originario. En Vaucher el hierro de la lanza está clavado en el cuerpo de un caballero muerto. Quien lo extrae, debe vengarlo. y el vengador es el restaurador. En cualquier caso, de una sangre con caracteres enigmáticos - sangre de redención - se pasa a la sangre como sangre regia, y finalmente la lanza conduce a la «paz triunfal». Una vez más se confirma la vena central y solar de la tradición aquí estudiada, surgiendo a través de los laberínticos meandros del simbolismo  y la opacidad de las estratificaciones.

El tema la pés sera pas ceste lance se encuentra ya en la leyenda céltica de Peredur ab Evrawc junto al de la venganza, y por esa razón probablemente ha influido en las narraciones del Grial. Como Parsifal, el héroe Peredur es maldecido por no haber «hecho la pregunta», lo cual significa aquí: por no haber preguntado por la «lanza extraordinariamente grande» de la que manan tres flujos de sangre. En algunas formas de la saga, el castillo donde se encuentran esos objetos se confunde con otro castillo del que es rey un caballero cojo ya canoso.

Peredur declara: «A fe mía que no volveré a dormir tranquilo hasta que conozca la historia de la lanza», y la explicación, con la que concluye la leyenda, es que las mujeres belicosas sobrenaturales de Kaerlay habían herido a un rey, que se revela como el caballero canoso que cojea, y matado a su hijo, cuya cabeza cortan y le entregan. Peredur se dirige significativamente al rey Arturo y, con él, toma venganza, extermina a las mujeres sobrenaturales, con lo cual el rey cojo recobra la salud, y el reino recobra la paz. Ante todo es interesante destacar aquí que las mujeres reconocen en Peredur «a aquel que había estado en su escuela para aprender la caballería, pero que era su destino tener que matarlas»; el inteligente lector comprenderá enseguida qué quiere decir esto; y, en cuanto a la «herida» del rey causada por las mujeres podrá remitirse a lo que, desde un doble punto de vista interpretativo, hemos dicho a propósito de la herida de Amfortas. Más en general, tenemos aquí el aspecto según el cual el tipo «heroico» es siempre el superador de la «mujer». La amazona, simbólicamente, no es sino el principio femenino que usurpa una función de dominio; y si el «héroe» tiene necesidad de la mujer ya través de ella se convierte en héroe, también debe destruir en ella los rasgos por los cuales - en nuestra leyenda - fue fatal para la dinastía anterior. En segundo lugar, la cualidad que hace posible la venganza y, en general, la misión de Peredur, se relaciona con la prueba de la espada, que ya conocemos con respecto al rey Arturo y que encontraremos de nuevo repetidamente. En el castillo del anciano, Peredur, efectivamente, había destrozado su espada golpeando una barra de hierro, y se había mostrado capaz de juntar enseguida los trozos, pero, tras hacerlo dos veces, a la tercera prueba, la espada sigue rota en pedazos, y el anciano rey dice: «Tú sólo posees dos tercios de la fuerza; te queda por conquistar el último tercio. Cuando la poseas por entero, nadie será capaz de competir contigo». Esta carencia en el contexto de la leyenda aparece implícitamente como la causa de que Peredur «no hace la pregunta» y, por tanto, tampoco concibe el cumplimiento de la venganza. Se trata de tres grados de una prueba, que podría ser refrendada por la fórmula «golpeado, resurjo»: capacidad de recobrar y reafirmar una energía, destrozada -si se quiere, «sacrificialmente» (de ahí también, llegado el caso, otra conexión con el tema cristiano en un primer momento, o bien en una forma elemental material-. En cuanto a la «venganza», es un tema que probablemente tiene relación con algún elemento histórico absorbido por la leyenda, con la «herida» del rey, correspondiendo siempre a alguna prevaricación por parte de fuerzas o corrientes que han usurpado o tratado de usurpar su función. La forma completa de la saga sigue entonces este esquema: la sangre que gotea de la lanza pide venganza; recomponer la espada rota es el primer deber, conduce a «hacer la pregunta», y de ello proceden, finalmente, la venganza, la restauración y la glorificación. Entonces la lanza se convierte en un símbolo luminoso de paz. Los temas fundamentales de la antigua leyenda céltica de Peredur corresponden exactamente a los de la saga de Parsifal, que, por tanto, también por esa razón remite a elementos antiguos, de origen y espíritu no cristianos. Una última referencia en ese sentido puede encontrarse en la Desruction of Dà Dargas Hostel y en el Musca Ullad, antiguas leyendas célticas en las que, entre otras cosas, aparece igualmente una potente y letal lanza junto a un recipiente que contiene sangre mezclada con una sustancia venenosa flamígera.

En cuanto se introduce la lanza en ese recipiente, se extinguen las llamas. En Wolfram, Amfortas debe el tormento de su herida y la incurabilidad de ésta a un veneno ardiente del que estaba impregnado el hierro de la lanza, en el que pone: «Dios ha manifestado su poder maravilloso y terrible». Es el equivalente de la sustancia sanguínea envenenada y ardiente de la que habla la antigua leyenda céltica que acabamos de citar, sustancia que la lanza, en su aspecto positivo (aspecto «cetro»), resuelve, extingue, diríamos casi según la misma coyuntura, por lo que Heracles como héroe olímpico se convierte en el liberador del héroe titánico Prometeo. Se disipan entonces las tinieblas y la tragedia, despierta la «memoria de la sangre» hiperbórea, que actúa como custodio de la espada. Se realiza el misterio de la «Sangre Regia».

 

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