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Biblioteca Evoliana

Julius Evola - el secreto de los Vedas

De 1914 a 1916, el periódico Arya, editado en Pondichèry  con un número limitado de copias, hoy son imposibles de encontrar en ninguna parte, publicó una serie de escritos de Srî Aurobindo sobre el secreto de los Vedas. Estos ensayos han sido ahora republicados en forma de volumen único con el mismo título, Le secret du Véda (Cahiers du Sud, París 1954). Se trata del intento de clarificar el contenido más profundo de los Vedas, a partir de la idea de que éstos contienen mitos susceptibles de una interpretación espiritual. Es evidente que el objetivo principal de Aurobindo es el de contestar la interpretación materialista prevalente entre muchos estudiosos orientales en el momento en que escribió sus artículos. Según una fórmula extendida, en los Vedas se encontrarían sobre todo la atribución supersticiosa de un carácter divino a los fenómenos y fuerzas de la naturaleza, las oraciones de los conquistadores indios tendrían como objetivo asegurarse el poder, la salud y la prosperidad, así como las proyecciones en clave mitológica de las luchas entre los arios contra las poblaciones originarles de los territorios en los que habían penetrado.
 
Contra esta fórmula, ahora ya no tan generalmente aceptada, Aurobindo ha tomado el camino inverso. Todo mito y, podemos decir, toda estructura tradicional de los orígenes, tiene por su propia naturaleza muchos aspectos, tantos que siempre admite, potencial o efectivamente, también una interpretación espiritual. El objetivo de Aurobindo es el de contestar la existencia de una fractura real entra la fase védica “naturalistas” de la tradición hindú y su sucesiva fase filosófica y metafísica, que asumió su propia forma definitiva sobre todo en las Upanishad. Sus interpretaciones de ciertos episodios característicos de algunos himnos de los Vedas, recogidas y presentadas de manera eficaz desde muchos puntos de vista, nos muestran cómo bajo un revestimiento mítico pudiese estar ya contendida en los Vedas esta doctrina secreta de la iluminación espiritual y de la naturaleza superior del Yo, que debería constituir el centro de la doctrina de las Upanishad.

Sin embargo nuestra impresión es que, en parte, Aurobindo ha pasado de un exceso a otro. Mientras la escuela naturalista veía sólo los aspectos exteriores y más groseros de los Vedas, Aurobindo insiste, puede que demasiado, en su aspecto más profundo como si el resto fuese sólo una forma contingente, de tal modo que refluye de manera excesivamente unilateral en el plano espiritualista.

Según nuestra opinión, cuando vamos a estudiar las tradiciones de los orígenes, entre las que hay que incluir también a los Vedas, es deberemos adoptar un visión más amplia; es decir deberemos considerar que el sentido cósmico y el espiritual están íntimamente conectados, en cuando que, según la feliz fórmula de Mircea Eliade, para la humanidad de los orígenes “la naturaleza no era nunca natural”, y en las imágenes y hechos materiales reales había encerrado un significado superior y profundo, unas veces advertido a nivel instintivo como un presentimiento, otras visto con mayor consciencia, especialmente por parte de una elite. Pero esto no debería llevarnos a ignorar el aspecto “cósmico”, a través de una interpretación puramente psicológica.

Otro punto sobre el que no podemos estar de acuerdo con Aurobindo, es en el que muestra la tendencia a atenuar las antítesis existentes entre la herencia espiritual de los arios y la de las civilizaciones aborígenes de la india pre-aria. Por otro aspecto, un capitulo muy importante es el quinto, porque nos da la clave para una nuevo frente de investigación. Se delinean brevemente algunos principios metodológicos en el campo filológico. También aquí hay un problema de similar significado. Hay expresiones verbales de los orígenes, en virtud sobre todo de las raíces de las palabras, que indican por así decir, una “tendencia” o una “estructura elemental”, que, según las circunstancias, es susceptible de ser traducida con un significado que puede pertenecer a varios planos muy distintos, materiales y espirituales. Esto da origen, por adaptación y especificación, a expresiones que, objetivamente, a cusa de esas diferencias de plano, parecen no tener ninguna conexión, mientras que en realidad están conectadas por profundas analogías. Un ejemplo señalado por Aurobindo es aswa, cuyo significado ordinario es caballo, pero que es también usado como símbolo del prâna, la energía vital. Su raíz puede sugerir al mismo tiempo, las nociones de ímpetu, de potencia, de posesión, de placer, y estas diferentes ideas se asocian al símbolo del corcel, con el objetivo de representar las características distintivas del prâna.

La importancia del reconocimiento de este estado de cosas, desde el punto de vista metodológico y epistemológico, es evidente. Aurobindo lo verifica utilizándolo en el análisis de ciertas expresiones védicas. Pero una extensión de este principio, elaborado por estudiosos competentes, no puede dejar de abrir nuevos e interesantes horizontes para las ciencias religiosas en general.

(Aparecido originalmente en East and West, VI, (1955), nº2, p. 167)

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