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Biblioteca Evoliana

Hitler y las sociedades secretas. Julius Evola

Hitler y las sociedades secretas. Julius Evola

Biblioteca Julius Evola.- El siguiente artículo fue publicado en la revista Il Conciliatore, correspondiente a octubre de 1971 y posteriormente incluida en la recopilación "Ultimo Scritti" publicada por editorial "Controcorrecte". El autor sale al paso de las exajeraciones realizadas por Louis Pauwels y Jacques Bergier en su obra "El Retorno de los Brujos", sobre las relaciones de Hitler con las sociedades ocultistas y secretas de su tiempo. Evola, que conoció los entresijos del régimen nacional-socialista y, al mismo tiempo, era un esoterista notorio, es quien mejor podía opinar sobre todas estas relaciones.

 

Hitler y las sociedades secretas

Il Conciliatore, Octubre 1971

Es singular que en Francia diversos autores se han entregado a la búsqueda de las relaciones entre el nacionalsocialismo alemán con sociedades secretas y organizaciones iniciáticas, que serían las inspiradoras del “trasfondo oculto” del movimiento hitleriano. En la conocida obra de Pauwels y Bergier El retorno de los brujos, fue la primera en realizar una incursión en este terreno. El nacionalsocialismo es definido en términos de una unión entre el “pensamiento mágico” con la ciencia técnica, e incluso se da la fórmula "divisiones acorazadas + René Guénon", fórmula que la habría conmovido de indignación en su tumba a los huesos de este eminente exponente del pensamiento tradicional y de las disciplinas esotéricas.
En esta frase ya se percibe el equíuvoco habitual de confundir el elemento mágico con el mítico, que no tiene nada que ver con el primero. Es incontestable la parte que en el nacional socialismol han tenido los “mitos”, como el del Gran Reich, el del jefe carismático, de la raza y de la sangre, etc, pero a tal respecto cabe dar al término “mito” el simple sentido soreliano de “idea-fuerza motriz”, de idea dotada de un particular poder sugestivo (como, en general, son los utilizados por la demagogia), sin ninguna implicación “mágica”. Así, por ejemplo, ninguno pensará sensatamente en atribuir una componente “mágica” a los mitos usados por el fascismo, como el de Roma o del jefe, o a los de la Revolución Francesa e incluso del mismo comunismo.

El discurso hubiera sido diverso en el caso de una búsqueda de la influencia del orden simplemente humano al que podía haber obedecido, sin darse cuenta, ciertos movimientos. En los autores franceses a los que hemos aludido no se trata de esto; no se piensa en influencias de carácter general, sino de aquellas influencias concretas ejercidas por organizaciones reales, en distintos grados "secretas". Si ha hablado también de "Superiores Desconocidos" que habría suscitado el movimiento nazi y se habrían servido de Hitler como de un medium. No está claro todavía para qué fines lo habrían hecho; a juzgar por los resultados, y a la vista de las consecuencias catastróficas ue ha tenido, incluso indirectamente, el nacionalsocialismo para Europa, se debería pensar en fines oscuros y destructivos, lo que convergería con las tesis de aquellos que resaltaban el lado oculto de todo aquel movimiento que Guénon llamaría la “contra-iniciación”. Pero los autores franceses a los que nos hemos referido han avanzado también otras tesis, como la de que el medium Hitler en un momento dado se habría emancipado de los "Superiores Desconocidos", casi como un Golem, y que desde entonces el movimiento habría tomado una dirección fatal. Pero entonces sería necesario decir que estos Superiores ocultos tenían verdaderamente facultades de visión y poderes muy limitados, para no saber bloquear a aquel que habían utilizado como su medium.
En un plano más concreto, se ha fantaseado mucho sobre el origen de los temas y de los símbolos esenciales del nacionalsocialismo, aludiéndose a organizaciones preexistentes, pero a las que difícilmente se les podría atribuir un carácter iniciático regular. Indudablemente no ha sido Hitler quien inventó la ideología racista germánica, ni el símbolo de la cruz gama o el antisemitismo ario; todo esto ya existía previamente en Alemania. Un libro titulado El que dio ideas a Hitler habla de Lanz von Liebenfels (el título nobiliario se lo había autoatribuido), antiguo cisterciense, que había fundado una orden cuyo símbolo ya era la cruz gamada y que desde 1905 publicaba la revista Ostara, que Hitler había conocido, donde estaban ya claramente enunciadas las tesis racistas arias y antisemitas.
Pero bastante más relevante en la trastienda oculta del nacionalsocialismo es la parte que se quiere atribuir a la Thule-Gesellschaft ("Sociedad Thule"). Aquí las cosas son un poco más complejas. Esta sociedad fue la emanación de una sociedad preexistente, la Germanenorden ("Orden de los Germanos") fundada en 1912, de la que formaba parte Rudolf von Sebottendorff. Von Sebottendorf había estado en Oriente y en 1924 Había Publicado un extraño volumen sobre las Prácticas operativas de la antigua masonería turca, en el que describe procedimientos, basados en la repetición de sílabas, símbolos, gestos y “pases”, al final de los cuales se producía la misma transformación iniciática del ser humano perseguida por la alquimia. No está claro con qué organización “masónicas” turcas pudo estar en contacto Sebottendorff, ni si él mismo, además de describir los rituales, los había practicado.

Ni siquiera es evidente si en la Thule-Gesellschaft, por él dirigida tales rituales se aplicaban: algo que sería muy importante para evaluar dado el hecho de que en esta organización formaron parte, o tuvieron contactos, muchas personalidades de primer plano del nacionalsocialismo, a partir de Hitler y Hess. Por otra parte, se da por descontado que Hess se habría formado en ella y que a su vez, en cierta forma, habría “iniciado” a Hitler, cuando se encontraba con él preso tras el fallido Putsch de Munich.

En realidad, se debe recordar que además, que existía un lado esotérico en la Thule-Gesellschaft que tenia el aspecto de un sociedad relativamente secreta, que tenía como emblema la cruz gamada, y que estaba caracterizada por sostener un decidido antisemitismo y un racismo germanizante. Se debe considerar con mucha precaución la suposición de que el nombre seleccionado por la organización, Thule, atestiguara una seria y consciente referencia al simbolismo nórdico polar y la intención de una relación con los orígenes hiperbóreos de los indogermanos, dado que Thule es como el centro sagrado, situado en el extremo septentrional, de la Tradición primordial. También se ha considerado la posibilidad de un origen mucho más profano, dado que Thule puede ser una deformación de "Thale", nombre de la localidad del Harz en la que la "Orden de los Germanos" en 1914 había organizado un congreso teniendo como orden del día la formación de una organización secreta racista para combatir la que se suponía existía tras el hebraísmo internacional. Sobre todo este orden de ideas Sebottendorff, jefe de la Thule-Gesellschaft, puso de relieve en su libro aparecido en Munich en 1933 y titulado Bevor Hitler kam ("Antes de que Hitler llegra") para indicar que ya existía antes de hitler, como mitos e ideología.

Así, una investigación seria sobre las relaciones iniciáticas de Hitler con sociedades secretas no conduce muy lejos. En cuanto al Hitler medium y a su fuerza magnética, son necesarias algunas precisiones. Que Führer debiera esta fuerza a prácticas iniciativas, nos parece una fantasía; de otra forma se debería atribuir a otros líderes que poseyeron análoga fuerza física, como Mussolini o Napoleone, a análogas influencias. Más bien habría que suponer que una vez desatado un movimiento colectivo se crea una especie de vórtice psíquico que se concentra en quien constituye su centro hasta conferirle una aureola particular, perceptible, sobre todo, para quien sea sugestionable.

En cuanto a su cualidad de medium (que, dicho sea de paso, es opuesta a una eventual cualificación iniciática), puede ser reconocida, con cierta reservas, en Hitler, en cuanto bajo más de un aspecto se nos presenta como un “poseso” (tal es el rasgo que lo distingue, por ejemplo, de Mussolini). Cuando fanatizaba a las masas, bada la impresión de que otra fuerza lo trasportase teniéndolo, precisamente, como un medium, si bien de un tipo particular y excepcionalmente dotado. Quien ha oído hablar a Hitler ante masas delirantes no puede por menos que haber tenido esta impresión. Dadas las reservas que exponen en relación a supuestos "Superiores Desconocidos", no es posible establecer la naturaleza de tal fuerza subpersonal.

En cuanto a la “gnosis” nacionalsocialista, o sea a una presunta dimensión casi mística y metafísica, sería preciso recordar a este respecto la coexistencia en el Tercer Reich de aspectos· mitioi" con aspectos abiertamente iluministas e incluso cientifistas. En Hitler se pueden encontrar numerosas referencias a una visión del mundo incontestablemente “moderna”, con un fondo profano, naturalista y materialista, mientras simultáneamente tenía fe en una Providencia, de la que se consideraba un instrumento, para la realización del destino de la nación alemana (así ve, por ejemplo, un signo de la providencia en haber escapado por poco al atentado del que fue objeto en su Cuartel General). Alfred Rosenberg, ideólogo del movimiento, agitaba el mito de la sangre, hablaba de un “misterio” de la sangre nórdica que habría tenido un valor sagrado, pero que también cuando se trataba de catolicismo acusaba como mistificación todo rito y sacramento, que se situaba casi como un iluminista, contra los “oscurantismo de nuestro tiempo” y se jactaba de que el hombre ario había inventado la ciencia moderna. En base a todo esto, se explica que le llamaran la atención las runas, los antiguos signos nórdico-germánicos, que concibió en un plano puramente emblemático, casi como en el fascismo se hizo con ciertos símbolos romanos, sin ninguna implicación esotérica. El programa nazista de crear un hombre superior se resiente de una "mística de la biología", de nuevo, con una orientación preferentemente científica: podía tratarse al máximo de un “hombre superior” en el sentido nietzscheano, pero en absoluto en el sentido iniciático.

El proyecto de "creación de un orden racista religioso y militar de iniciados reunidos en torno a una Guía divinizada" no puede ser considerado como el del nazismo oficial, como quiere Alleau, el cual como antecedentes, se ha referido, entre otros, incluso a los ismaelitas islámicos. Solamente en el marco de las SS, finalmente, que se constituyó en el segundo tiempo en el Tercer Reich y que tenía una posición a este respecto, se encuentran algunos motivos de un plazo superior.
En primer lugar en las SS, Heinrich Himmler, había intentado crear una Orden que comprendiera elementos formado según la ética prusiana y la de los antiguas órdenes caballerescas, especialmente la Orden de los Caballeros Teutónicos, para tal organización buscaba una legitimación o carisma, que no podía extraer, como las antiguas Ordenes, del catolicismo, abiertamente aborrecido por la corriente radical del nacionalsocialismo. Aun sin disponer de la posibilidad de una vinculación tradicional, Himmler se refirió al simbolismo nórdico-hiperboreo (Thule), sin que se debiera a la presencia de “sociedades secretas” que se ha pretendido ver, atrayendo la atención (como también hizo Rosenberg) a las investigaciones de un holandés, Herman Wirth, sobre la tradición nórdico-atlántica (Wirth estuvo subvencionado por una oficina creada a propósito por Himmler, la Ahnenerbe). Esto no está carente de interés, pero las “trastiendas ocultas” son completamente inexistentes.

El balance global es negativo. El límite de las divagaciones de autores franceses es el libro Hitler y la tradición cátara de J. M. Angebert (publicado en París en 1970). Aquí entran en escena los cátaros, secta de herejes existente entre los siglos XI y XII, especialmente en Francia meridional y cuyo centro era la fortaleza de Montségur. Fue destruida, en opinión de Otto Rahn, en una "cruzada contra el Graal" (tal es el título de uno de sus libros: Kreuzzug gegen den Gral). Lo que el Grial de los templarios con su secta caracterizada por un maniqueísmo fanático que rechazaba el mundo y era adverso a la existencia terrenal de la carne y de la materia, hasta el punto de que sus partidarios se dejaban morir de hambre o se suicidaban por distintos medios, es completamente oscuro. Tal como se sabe, Rahn (con el cual mantuvimos correspondencia durante un tiempo intentando demostrar la arbitrariedad de sus tesis) fue SS y se sostiene que una expedición alemana habría encontrado secretamente el Grial para el Reich. Tras la caída de Berlín una unidad se habría abierto camino hasta el Zillertal, cerca de la frontera italiana llevando consigo un objeto para esconderlo al pie de un glaciar en espera de una nueva era…

En realidad, se ha hablado de un commando pero parece que tuvo una misión menos mística, la de salvar y esconder el tesoro del Reich. Otros dos ejemplos de hasta dónde puede conducir la fantasía cuando se la subordina a ideas fijas es la expedición organizada por las SS al Tíbet (las SS no comprendían solo formaciones militantes sino también estudiosos y especialistas) con fines alpinistas y etnológicos y otra expedición al Ártico, con fines de exploración y también para la creación de eventuales bases militares. Según estas interpretaciones fantasiosas, la primera expedición había buscado una relación con un centro secreto de la Tradición, la otra habría intentado establecer un contacto con la Thule hiperbórea oculta...

 

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