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Síntesis de la Doctrina de la Raza (09) Importancia de la teoría de las "razas interiores"

Síntesis de la Doctrina de la Raza (09) Importancia de la teoría de las "razas interiores"

Biblioteca Julius Evola.-Tras establecersu doctrina de la raza, Evola aborda las implicaciones que encierra. Lo coherencia que, a partir de este momento, adquiere esta doctrina es sorprendente. Por ejemplo, así como el racismo biológico considera que un tipo nórdico-germánico similar al arquetido ideal es reconocido como propio por los racistas, sin tener en cuenta que este individuo puede llevar el pelo -rubio naturalmente- con rastas, tocar los bongos y profundizar en la ideología de BobMarley, la doctrina evoliana de la raza dice: para que algún elemento pueda considerarse como arquetipo debe de coincidir la raza del cuerpo y la raza del espíritu.

 

9.- IMPORTANCIA DE LA TEORIA DE LAS "RAZAS INTERIORES".

La doctrina totalitaria de la raza precisa las relaciones existentes entre la raza y el espíritu sobre la base de principios que ya hemos anunciado-. lo exterior es función de lo interior, la forma corporal es a la vez el instrumento, la expresión y el símbolo de una forma psíquica. De la concepción del tipo racial verdaderamente puro, tal y como lo hemos esbozado se deriva: es un tipo "de una pieza", un tipo armonioso, coherente, unitario. Es aquel en el cual las supremas aspiraciones espirituales de una especie dada no encuentran obstáculo ni contradicción en los rasgos de carácter y el "estilo" del alma, mientras que el alma de esta raza se encuentra a su vez en un cuerpo apto para expresada y hacerla manifestar.

Es evidente que no se puede encontrar tal tipo "puro" masivamente representado en los pueblos existentes hoy que, como se ha visto, corresponden esencialmente a "componentes" étnicos. Por lo demás, no podría serio mas que en una raza que hubiese permanecido suficientemente aislada de toda influencia heterogénea, lo que corresponde solo a un concepto ideal, es decir, a una culminación y a una realización teóricas perfectas de la raza en sentido general. Se trata, efectivamente, de esas culminaciones a propósito de las cuales hemos dicho que los valores supremas de la personalidad se identifican con los de la raza.

Esta es la razón por la que en este ámbito, las investigaciones racistas no pueden ser simplemente cuantitativas: sin ignorar, no obstante, los elementos exteriores comunes que predominan numéricamente, aquellas deben proceder a una elección, buscar qué representante de una raza dada es el más apto para encarnar el ejemplo más completo y el mas puro de un estilo particular, de modo que pueda asumir y comprender lo que expresa y anima (es decir, su raza interior) y hacer sensible el sentido de la unidad original en la cual convergen las diferentes elementos de una raza. Una vez hecho esto, se puede también considerar el caso de tipos raciales menos puros, es decir, aquellos en los que la correspondencia entre los diferentes elementos, exteriores e interiores, no es completa ni perfecta, en los cuales se constata, por así decir, una distorsión del "estilo" de esta raza. Se trata pues de una gestión cualitativa, de una búsqueda basada sobre el examen interior sobre una facultad intuitiva e introspectivo. Naturalmente, la fisiognomia o ciencia de la fisonomía, juega aquí un gran papel: decir que "el rostro es la expresión del alma" es enunciar un lugar común, pues el cuerpo (formas del cráneo, proporciones de los miembros, etc.) tiene para el que sabe comprenderlo un lenguaje lleno de enseñanzas. De aquí, la significación precisa de ciencias tales como la craneología, el estudio del esqueleto, etc., que a primera vista pueden parecen técnicas.

En esta óptica, el racismo favorece pues una nueva sensibilidad con respecto del cuerpo, y, de forma más general, de la forma física del ser humano. No es indiferente que un cuerpo tenga una u otra forma; no es algo fortuito y neutro. Cualquiera que sea sensible al tipo en el que todos los elementos del ser humano están realmente unificados no puede sino sentir igualmente todo el aspecto trágico y negativo de los casos en los que tal unidad ha desaparecido. Un alma que vive el mundo como algo frente a lo que hay que tomar posición, como el objeto de un combate y de una conquista, debería normalmente poseer un rostro en el que los rasgos enérgicos y ardientes reflejasen esta experiencia interior, junto con un cuerpo esbelto, grande, enérgico y recto, un cuerpo "año" o "nórdico-ario. Imaginemos ahora el caso en que tal alma tenga inversamente por instrumento un rostro relleno y regordete, un cuerpo rechoncho y lento (una raza física en suma) que parece hecha para expresar una interioridad de un tipo muy diferente. Ciertamente la raza interior entrará en contradicción, de algún modo, con ese cuerpo heterogéneo y dará a los mismos rasgos otra expresión- encontrará pese a todo el medio de expresarse. Pero para utilizar una imagen de L. F. Claus, será como si se tratase de interpretar con una ocarina una partitura escrita para un violón.

Lo que una educación racial debe evidenciar, es el hecho de que en ese ámbito igualmente el racismo está animado de un espíritu clásico y propone un ideal humano conforme con este espíritu. Quiere una exacta correspondencia entre lo interior y lo exterior, entre el contenido y el continente. Quiere seres de una pieza, en tanto que fuerzas coherentes y unitarias. Detesta y se opone a toda promiscuidad, a todo dualismo destructor y también consecuentemente, a esta ideología romántica que se complace en una interpretación trágica de la espiritualidad y supone que es únicamente a través de una eterna oposición, un sufrimiento, un incesante anhelo y una lucha confusa como se puede llegar a los valores extremos. La verdadera superioridad de las razas arias es, por el contrario, olímpica: esta se traduce por el sereno dominio del espíritu sobre el cuerpo y sobre el alma que para reflejar (según su estilo y las leyes que le son propias) la raza, se presentan a nosotros como adecuados medios de expresión. La teoría de la raza interior es importante, pues pone en evidencia el aspecto mas deletéreo de los cruzamientos y mestizajes: estos conducen a una dislocación y a una contradicción interiores a una ruptura de la íntima unidad de un ser humano de una raza dada. Tienen por efecto que las almas de una raza se encuentren en el cuerpo de otras razas, lo que provoca la alteración tanto de la una como de la otra. Crean verdaderos inadaptados en el amplio sentido de la palabra, hasta que habiéndose agotado la fuerza interna en combates y en fricciones de todo tipo (y la que haya permanecido en un cierto límite aún "dominante" pierde así su cualidad) la raza interior se difumina para ser reemplazada por una substancia informe y dislocada que llevan los cuerpos en los que las características raciales iniciales eventualmente subsistentes no son mas que lejanos recuerdos, formas vacías de su significación profunda. Es en este momento cuando los mitos internacionalistas y cosmopolitas, hijos de la susodicha ideología de la igualdad espiritual fundamental del género humano, comienzan a convertirse en realidad.

Es pues en la dirección opuesta donde convendrá actuar. El punto de partida es un examen interior destinado a descubrir cual es verdaderamente en nosotros el elemento fundamental, la "naturaleza propia" (o raza espiritual) a la cual es necesario ajustar nuestra vida y sede fieles ante todo. Es preciso obrar a fin de confedr a nuestro ser el máximo de cohesión y de unidad o, por lo menos, obrar de forma que en los descendientes se reunan las condiciones más favorables sobre la base de lo ya obtenido- pues la influencia plástica formadora que una idea ejerce hasta en el plano somático y biológico (en la hipótesis en que ella tuviera una cierta relación con el elemento interior primordial de la raza), es una realidad positiva que atestiguan ejemplos históricos bien precisos, tanto a nivel colectivo como a nivel individual.

En materia de política cultural, las consecuencias de la ciencia racial son igualmente claras. Como escribe L. F. Claus: "En la medida en que un conocimiento científico ejerce una influencia sobre la historia, el objetivo que se impone en ese ámbito a la psico-antropología es el siguiente: debe indicar las fronteras que ningún pueblo, ninguna comunidad de sangre y de cultura pueda franquear o abrir sin correr el riesgo de su propia destrucción. La búsqueda de las fronteras del alma constituye consecuentemente en la hora actual una tarea histórica". Hace esto alusión esencialmente a la tarea de defender y de favorecer (no solo entre los individuos, sino también en las naciones) la misma cohesión y la misma unidad, la misma correspondencia entre el elemento exterior y el elemento interior del que ya hemos hablado a propósito del individuo. Con esto, el tema central de las consideraciones desarrolladas hasta aquí a propósito de las relaciones entre raza y na ción aparecen claramente.

Lo que es igualmente básico para una doctrina exhaustiva de la raza, es el superar los peligros d un relativismo y de un particularismo estrechos que pueden dar lugar cuando son expuestos de modo unilateral y extremistas. Es sobre todo en el ámbito de la cultura y de la "raza del alma", estado intermedio entre corporeidad y pura espiritualidad cuando aparece la necesidad imperativa de definir y de defender ciertas fronteras interiores, de las que se deriva, según la fórmula de Goethe, un "límite creador" y no paralizador (un límite no para la vía hacia lo alto, sino hacia lo bajo, hacia una promiscuidad sub-racial e incluso en el fondo subpersonal, la cual deja el campo libre a procesos de desnaturalizacion, de disgregación y de rompimiento interiores.

 

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