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Símbolos y Mitos de la Tradición Occidental (IV). EL TRECE Y EL ELEGIDO

Símbolos y Mitos de la Tradición Occidental (IV). EL TRECE Y EL ELEGIDO

Biblioteca Evoliana.- Este cuarto artículo sobre simnbolismo, alude a algo que en nuestro ámbito cultural es sinónimo de mala suerte y desgracia asegurada. Pero no siempre ha sido así. Por caminos que Evola analiza breveme pero brillantemente, el número 13 pasó de ser el símbolo del caballero "elegido" en la temática del Grial, a símbolo de mala suerte. Y, sin embargo, este proceso se ha realizado siguiendo una lógica extrema que Evola analiza en este artículo publicado inicialmnete en la revista "Il Regime Fascista" correspondiente al 9 de agosto de 1939.

 

IV

EL TRECE Y EL ELEGIDO

 

Una precisión de Guenon, de capital importan cia para toda nueva orientación de los estudios etnológicos y folkloristas, dice en sustancia que el primitivismo y la expontaneidad atribuidos comunmente a las tradiciones populares, usos, costumbres y leyendas de las capas sociales y de las poblaciones inferiores, no es más que una fábula. No hay en todo esto, a parte de algunas raras excepciones, más que una forma involutiva y degenerada de elementos y significados que pertenecieron, en su origen a un plano más elevado. Las autotituladas supersticiones populares deben ser consideradas desde este ángulo. Por su misma etimología, la palabra lo confirma: superstición significa supervivencia, lo que sobrevive y subsiste. Las supersticiones populares frecuentemente no son más que restos de las concepciones superiores de antaño, actualmente incomprendidas y, en consecuencia, degradadas que subsisten como algo mecánico y sin alma, que continúa ejerciendo cierta fascinación, movilizando fuerzas irracionales e instintivas de fé, mediante una especie de atavismo, sin poder facilitar una explicación inteligible.

Queremos ofrecer aquí un simple ejemplo que podrá servir de aclaración. Nadie ignora las supersticiones populares relativas a la cifra trece. Son comunes a más de una nación. La cifra trece tiene una naturaleza ambigua: trae desgracia y fortuna. El elemento negativo de desgracia predomina frecuentemente (y no por casualidad como veremos). Pero existe otro aspecto: la cifra trece es también portadora de fortuna, tanto y tan bien que figura entre los amuletos modernos, que atraen sobre todo al sexo débil, un poco por diversión y un poco por convicción. )De dónde viene pues esta creencia o superstición?

Al desvelarse su origen primigenio, la mayor parte permanecerá estupefacta, pues es preciso hacer referencia a muy antiguas tradiciones de carácter metafísico, sagrado e incluso imperial. El punto de partida es el simbolismo del doce. El "doce" es una especie de signo que se encuentra en todas partes donde se constituyó el centro de una gran tradición hist6rica de tipo "solar", en función de precisas analogías. En efecto, el zodiaco se compone de doce signos que definen el circuito solar. Un ciclo completo de] astro de la luz comprende doce fases que están marcadas por las constelaciones zodiacales, a las cuales estuvieron así atribuidos otros tantos modos de ser y, sobre otro plano, otras tantas funciones de la "solaridad" en el ciclo. Es por ello que, por analogía y por vías misteriosas, las tradiciones que en la antiquedad encarnaron sobre la tierra y en la historia una función "solar", nos hacen encontrar siempre la "sigla" del doce. Así, el más antiguo código ario, el de las Leyes de Manú, se divide en doce partes; los grandes dioses y anfictorios helénicos eran doce, al igual que los miembros de numerosos colegios sacerdotales romanos (los Arvales y los Salienos, por ejemplo y era doce el número de líctores); doce: los discípulos de Lao-Tsé, los héroes divinos de los Ases del Mitgard de la tradición nórdica, los miembros del Consejo Circular del Dalai-lama en el Tibet, los principales caballeros de la Cort del Rey Arturo y del Grial, los trabajos simbólicos de Hércules, etc. El cristianismo refleja también el mismo orden de ideas: doce apóstoles... pero ADEMAS, el TRECEAVO. En la reunión de los Doce el Trecreavo es aquel que encarna el principio solar, es pues el centro y el jefe supremo de todos; los otros, en relación a él no corresponden más que a funciones aspectos derivados del ciclo solar de la tradición civilización o religión de la que nos ocupamos.

Ya hemos tenido ocasión de exponer como, en el mundo de los orígenes allí donde faltan los llamados "testimonios positivos" o ante su ambiguedad, el SIMBOLO y el MITO pueden facilitar un hilo conductor precioso para una exploración más en profun didad que en superficie. Esto fue admitido, y no solo hoy por el "racismo alemán", sobre todo cuan do se propuso completar sus investigaciones antropológicas y biológicas por una espiritualidad y una "visión del mundo" que le permitieran afirman de nuevo los principios en el dominio de la historia de las religiones, de la mitología comparada, de las tradiciones primordiales y de las sagas. En Italia, este terreno aun permanece casi virgen. Y sin embargo, en un mundo como el de la antigua peninsula itálica que, desde la más lejana prehistoria, ha sufrido la influencia de civilizaciones y pueblos muy diversos y que raramente ofrece un paralelismo riguroso entre pureza étnica y las tradiciones correspondientes, una búsqueda asimilando el símbolo y el mito a un documento podría tener resultados de una singular importancia.

Naturalmente para esto es preciso una cualificación adecuada y un ojo particularmente avezado. Como la lengua, el símbolo y el mito de una raza pueden pasar a otras razas, de unas civilizaciones a otras, cambian de alguna manera, de FUNCION, sirven de soporte a otros significados que los que tenían normalmente en el origen. Es preciso pues saber orientarse e integrar todo lo que este género de encuesta puede aportar de sólidos conocimientos de orden tradicional.

Este será nuestro punto de partida para algunas consideraciones que deseamos hacer aquí a propósito de algunos símbolos cuya presencia en el antiguo mundo itálico y luego romano, atestiguan a su manera la existencia de una tradición de origen y de tipo netamente nórdico-ario o, como preferimos llamar, HIPERBOREO. Preferimos utilizar este térmi no para prevenir cualquier falsa interpretación o aprensión justificada. Hablando de "nórdico ario", podría creerse que nos adherimos a las tesis pan germanistas y que, por ello, reconocemos que lo que hay de más válido en nuestro pueblo y en nuestra tradición derivó de razas puramente nórdicas o nórdico-germánicas. Utilizado como hacemos, "hiperbóreo" tiene una extensión muy diferente. Hace referencia a un tronco absolutamente primordial, base del grupo GLOBAL de los pueblos y de las civil( zaciones arias, cuyas razas nórdico-germánicas no son más que una ramificación particular. Las fuerzas originales creadoras de las civilizaciones de la antigua India, del Irán, de la primera Hélade y de Roma misma pueden reivindicar un origen idéntico y, al menos, una misma dignidad.

Precisado este punto, los principales símbolos de la antigua red que deseamos examinar y penetrar en su significado más puro y profundo son: el HACHA, el LOBO, el CISNE, el AGUILA y la CRUZ RADIADA. Para este examen es necesario emplear el método comparativo aplicándolo al conjunto del ciclo de las civilizaciones y de los mitos aríos: lo que nos ofrece una de estas tradiciones arias, lo que se encuentra en otra y está entonces integrado confirmado o ulteriormente aclarado.

El presente artículo se limitará al HACHA. El hacha es uno de los símbolos más característicos de la tradición hiperbóreo primordial. Sus rasgos no llevan a la más lejana prehistoria según unos, a la última época glaciar segun otros, al menos al período paleolítico. En una obra reciente, Paulsen ha dirigido, entre otros, mapas que ilustran la amplia difusión del hacha hiperbóreo, según los diferentes yacimientos prehistóricos europeos. El tipo más antiguo es el "hacha sideral", en silex, o hierro meteórico, es decir, una "sustancia caída del cielo". El uso de estas hachas siderales, era sobre todo, ritual y sagrado. Dada la sustancia de la que estaban hechas, nos llevarán finalmente al simbolismo más general de las "piedras divinas" , "piedras caidas del cielo" que tuvieron tan gran importancia por todas partes donde se creo en la antiquedad un centro tradicional: del OMPHALOS de Delfos a la "piedra del destino" -LIA GSIL- de las antiguas tradiciones británicas, de los ANCILIA, confeccionados en la Roma antigua con piedras caidas del cielo cuyo significado era de instrumento de soberanía, PIGNUN IMPERII, hasta el Grial que, según la tradición que nos ha conservado Wolfram von Eschembach, es igualmente una piedra caida del cielo.

En el caso del Hacha, este símbolo genérico toma un significado especial en relación más estrecha con una tradición heróica y sagrada. Las piedras de los aerolitos simbolizan el "rayo" (de aquí la expresión "piedra de rayo") la fuerza celeste fulminante, significa que se extiende al Hacha side ral prehistórica: como el rayo, rompe y rasga. Tal es la base de] significado que el Hacha, arma simbólica, tuvo en las tradiciones arias y nórdico arias de los hiperbóreos primordiales hasta la Roma antigua y a la época de los vikingos.

En la concepción aria de la guerra -de la que hemos hablado en ocasiones- el elemento material era inseparable del elemento espiritual, trascendente. En toda lucha o conquista, el antiguo ario veía el reflejo de una lucha metafísica, del eterno conflicto entre las potencias olímpicas y celestes de la luz y las potencias oscuras y salvajes de la materia y del caos. El Hacha como arma y símbolo, está estrechamente ligado a estos significados. El Hacha aparece como un arma "celeste" empuñada, sea por el guerrero o conquistador hiperbóreo, sea por el sacrificador o el sacerdote. En los graffiti, que se remontan a una lejana antiquedad, en Fossum (Suecia) puede verse a numerosas figuras que empuñan el hacha, próximos a los símbolos solares. Es interante notar estas convergencias. Estos antiguos símbolos nórdicos corresponden a rasgos aún más antiguos, los de la civilización franco-cantábrica de la Madeleine o de Cro-Magnon (10.000 años antes de nuestra era aproximadamente), llamada "Civilización del reno" que, en nuestra opinión, ha llegado hasta la región ligur. Por otra parte en las huellas arcaicas de la civilización ítalo-ligur se vuelve a encontrar el hacha acompañada de símbolos solares e hiperbóreos como el cisne, la cruz radial (la svástika). Franz Altheim recientemente ha demostrado la correspondencia de los restos prehistóricos de Val Camónica y los yacimientos suecos. Se encuentran igualmente en esta región italiana graffiti en los que figuran el hacha simbólica y el símbolo solar y astral análogo. A este respecto, Altheim ha hablado incluso de una verdadera "Migración dórica en Italia" y le ha parecido evidente la similitud de la civilización que ha dejado estas huellas en el Norte de Italia, y que debla concluir por enigmáticas vías, en la creación de Roma, con la de los dorios en Grecia, cuya conclusión debía ser Esparta.

En cuanto al significado espiritual del "hacha sideral", la encontramos nuevamente en el culto nórdico-ario de Thor. Thor es una figura divina cuyo atributo eran dos armas que, en el fondo, son equivalentes: el hacha y el martillo de dos cabezas, MJOLNIR. Las dos armas son análogas, pues el martillo representa también la potencia del rayo como el hacha; además, el doble martillo por su forma incluso se confunde con el Hacha bipene con dos filos que emanan del mismo simbolismo y nos, lleva especificamente a la tradición hiperbóreo. Thor combate con este arma a las "fuerzas celestiales", los ELEMENTARWESSEN, que intentan apropiarse de las potencias celestes (simbólicamente: la "Luna" y el "Sol"); es también con ella que, en la tropa de los "Héroes divinos" o ASES, lucha contra el "oscurecimiento de lo divino", el RAGNA-ROCK, que es preciso no confundir con el "crepúsculo de los dioses" como Wagner, sino considerar como el eco mítico del fin trágico de un ciclo de civiliza ci6n y de tradición de origen hiperbóreo, del mito.

En la historia, hasta la época de los vikingos Thor aparecía como un dios guerrero. Los vikingos admitían que las virtudes divinas de Thor, su potencia y su fuerza, se transmitían de cierta manera a los que habrían tomado su emblema, el Hacha, como símbolo de la presencia de la divinidad. Esta creencia era la base de la realeza nórdica. Los reyes nórdicos, daneses y suecos, tenían el hacha como símbolo de su poder y de su dinastía; se la puede ver sobre los estandartes de las tropas de Sven de Dinamarca al marchar para la conquista de Inglaterra en una miniatura de Mathieu de París; ha sido conservada entre las armas reales de Noruega, en donde el hacha y no el león, es el elemento más significativo y original. El prestigio místico del símbolo hiperbóreo fue tan grande en el norte que cuando la cristianización, la nueva fe no pudo des terrarlo: pensemos en unos cultos muy extendidos en el Norte, el de San Olaf, quien es una especie de reencarnación cristiana de Thor. Como Thor, tiene una barba dorada y lleva el hacha y como él, es el protector mítico del país y como este santo rey se convirtió en el "rey eterno de Noruega" -PERPETUUS REX NORVEGAIAE- hasta el punto de que los soberamos que le sucedieron pensaron reinar bajo su hombre.

De otra parte, la relación de1 poder supremo con la consagración trascendente por el signo hiperb6reo del Hacha se encuentra en Italia, a través de los ligures, entre los que el Hacha estaba igual mente en relación con la realeza; en fin, el Hacha formaba parte del símbolo de los líctores de la Ro ma antigua; símbolo del poder y del derecho del cual muchos ignoran el significado primordial y sagrado y que no interpretan más que en términos jurídicos y políticos, es decir, profanos y seculares.

Se encuentra la confirmación de estos significados en otras tradiciones arias. Recordaremos la de Parashu-Rama (indo-aria): Rama tiene el hacha. Es con el Hacha hiperbóreo de doble filo como -según las tradiciones transmitidas de una manera más o menos mitica por el MAHABARATA- este héroe divino, o jefe creador de civilización, mientras que los progenitores de los conquistadores habitaban aún en una región septentrional, habría exterminado a los MLECCHAS, raza de titanes, casta guerrera degradada, que habla intentado usurpar la suprema autoridad espiritual.

En el ciclo mediterráneo, la figura de Zeus Labraundos, o Júpiter con la doble hacha, recuerda la relación existente entre el Hacha y el Rayo, arma articular del dios olímpico. El rayo es la fuerza utilizada por Zeus para abatir a los Titanes y a los Gigantes tras su intento de apropiarse del Olimpo, mito que refleja también el tema de la "guerra metafísica eterna", característica de la espiritualidad heróica y aria y del recuerdo de los conflictos entre las diferentes espiritualidades y las diversas razas de la más antigua Hélade. Sobre estas bases, el Hacha fue efectivamente considerada como un símbolo de la espiritualidad heróica aria. Los troncos arios primordiales lo utilizaron en sus empresas guerreras, que eran, para ellos, la dramatización y la continuación de la lu cha metafísica velada por el mito. Figura en la misma época en los ritos destinados a evocar y a determinar gracias al sacrificio, las fuerzas invisibles. Más tarde, cuando el concepto "sagrado" se desplazo, identificándose, en otro orden de ideas, con el de "santo", el Hacha perdió poco a poco su significado primigenio y se relegó al rango de arma y de instrumento sin alma.

Volviendo al antiguo mundo mediterráneo, es muy significativo el encontrar el Hacha, pero ROTA, en los más antiguos yacimientos y cultos de la CIVILIZACION PELASGA: hachas rotas son ofrecidas a la divinidad en una inversión de significados que, en relación al culto ario, es casi satánica. En realidad, la civilización pelasga pertenece al Medite rráneo pre-ario y pre-helénico, a un ciclo religioso dominado por la figura de una mujer divina, en cuyo culto las mujeres y los hombres afeminados te ntan un lugar fundamental. En este ciclo, Zeus cesa de ser un dios olímpico para convertirse en una especie de demonio sujeto a la muerte (en Creta se mostraba en la tumba). Aquí la figura del dios de las aguas o del fuego subterráneo se mezcla con el culto y las costumbres semitico-asiáticas, marca das por la violencia confusa, dionislaca y afroditica de un éxtasis desordenado.

El Hacha, en el mundo mediterráneo antiguo y pre-ario, es anexionado a divinidades femeninas y a AMAZONAS; detalles significativos cuando se sabe que las Amazonas, "mujeres viriles" y querreras,no son más que la representación mítica, a través de un símbolo, del intento de formas "femeninas" de la espiritualidad por suplantar a la tradición heróico-solar y "urania" (celeste) de origen hiperbóreo. Pero el mito nos habla también de Herakles, el héroe particularmente representativo de las capas dorio-aqueas Y de los otros héroes aliados de la potencia olímpica, que combatieron a las amazonas matando a la reina y entre los trofeos de sus victimas recuperaron -entre otros- el Hacha, símbolo hiperbóreo usurpado. El mito no nos podía hablar más claramente.

Sería fácil indicar trastornos análogos en la trama de la antigua historia itálica y en la de Roma: conflictos entre las fuerzas profundas de las razas, las fuerzas humanas y divinas que, mientras se manifestaron bajo formas diferentes, políticas, sociales, religiosas. Por ejemplo, la civilización etrusca es considerada generalmente como pertene ciente al ciclo mediterráneo-oriental de las razas pre-arias contra las cuales la Hélade aquea y doria tuvo que luchar ya. Roma, que incluyó el hacha símbolo etrusco, en el emblema de los líctores, signo del poder, repite casi idénticamente el gesto vengador que el mito atribuye a Herakles y que acabamos de recordar. Todo lo que Roma realiza de grande, lo realiza por un esfuerzo tenaz de purifi cación y superación de los elemento itálicos no-arios mezclados, en el origen, con las fuerzas de la tradición aria y nórdico-aria. Hacha, Lobo, Aguila, Cruz Radiada, etc. -símbolos de los con quistadores hiperbóreos- hacen su reaparición en el seno de la grandeza romana como los signos silenciosos de su "misterio".

 

 

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