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Símbolos y Mitos de la Tradición Occidental (III). EL GUERRIN MESCHINO

Símbolos y Mitos de la Tradición Occidental (III). EL GUERRIN MESCHINO

Biblioteca Evoliana.- En el siglo XV, Andres de Berberino publicó un relato sobre el "Guerrin Meschino". Evola analiza este relato y descubre tras su aparente banalidad un tema metafísico: el de nuestros orígenes. Hemos recordado quienes somos y cuál es nuestro origen. En España, algunos cuentos aluden también a este tema: el individuo que vive una vida miserable, porque no conoce que es hijo de un Rey. Este tema no es sino la perífrasis simbólica de un tema eterno: la necesidad que el ser humano tiene de buscarse a sí mismo y de conocer cuál es su verdadero origen y naturaleza. El artículo fue inicialmnete publicado en la revista "Il Regime Fascista", el 24 de diciembre de 1939.

 

 

III

EL GUERRIN MESCHINO

Lo que nos ha llegado bajo la forma de folklore, es decir, de tradiciones populares extraídas de leyendas o fábulas, podría ser comparado a esos conglomerados minerales que, junto a una ganga inutilizable contienen ricos filones. Este material no es menos precioso sobre el plano estético y literario, y todavía lo es más sobre el plano espiritual, pues se trata de hecho, de la forma involutiva, casi inconsciente, en la que sobreviven los significados trascendentes, base de ciertos ciclos de civilización.

El folklore medieval (o de origen medieval) es, a este respecto, más interesante. En una de nuestras obras, EL MISTERIO DEL GRIAL Y LA TRADICION GIBELINA DEL IMPERIO, ya hemos tenido ocasión de individualizar lo que revelan en varias tradiciones o canciones de gesta de la Edad Media, figuras como la del Rey Arturo, el Preste Juan, Perceval, Ogiero, "Federico", etc. Aquí nos proponemos estudiar breve mente un ciclo de civilización análogo que conoció también en Italia, una amplia audiencia popular (antes que la literatura policíaca y pornográfica toca se la delantera), sin que sea comparable a la de nuestros clásicos o a la DIVINA COMEDIA. Queremos hablar de los relatos que tuvieron por héroe al "Guerrin" llamado "Meschino" (el pobre Guerin) juzgados hoy como muy adecuados para divertir a los niños y considerados como literatura de escasa calidad.

En verdad estos relatos pueden figurar más que legítimamente entre aquellos en los que la vocación oscura demos incluso decir, "el misterio" de lo Occidental de la Edad Media, intenta expresarse figurativamente. El "Guerrino" no es un tipo de caballero inventado, es un símbolo. Simboliza el alma medieval en su esfuerzo por conocerse a sí misma. Para comprender el sentido oculto de los relatos fantásticos o pueriles de este ciclo, es preciso conocer el resto de ciclos con los que se emparenta e interfiere frecuentemente. Lo importante es que estos temas fundamentales nos refieren a lejanas tradiciones, a un mundo y a una espiritualidad anteriores al cristianismo.

El Guerrino está representado como un individuo que ignora sus orígenes "nobles", que conquista su nobleza en tanto que ser, combatiendo y mostrándose como el caballero más valeroso y que, devorado por un irresistible deseo de conocer su extracción (figurativamente, de conocer y encontrar a sus propios "padres"), es impulsado a realizar toda una serie de empresas y aventuras alegóricas. Llegaremos incluso a ver un elemento racial además del elemento tradicional. El nombre italiano de Guerrino corresponde al de Guerin o Garin en francés [o incluso Garí, en catalán, nombre del protagonista de una leyenda montserratina muy difundida en al Cataluña tardomedieval. NdT], tipo de caballero simbólico que interfiere con el caballero llamado Helias, Helios, Lohengrin o Loengrin, en definitiva, "Caballero del Cisne". Se trata del caballero que llega de una tierra misteriosa, y en ocasiones de la del Rey Arturo o del Grial, en ocasiones la de Venus incluso el mismo Paraiso. En nuestro libro "El Misterio del Grial" hemos demostrado que esta tierra no es otra que la llamada "tierra de los Hiperbóreos", del extremo norte, consagrada a Apolo, dios solar de la raza dórico-aria; tierra que debe ser considerada como el centro y el lugar de origen de las diversas razas blancas que se han replegado sucesivamente hacia el sur a causa de la glaciación.

Podemos, por consiguiente, considerar a "Guerrino" el cual se presenta así: "Soy de este mundo, no sé de donde vengo ni a donde voy", como una especie de "Caballero del Cisne", de Lohengrin, que ha perdido el recuerdo de sus orígenes; bajo el símbolo, siempre es el hombre de la civilización nórdico-aria medieval quien va a la búsqueda del hilo perdido de su más alta tradición y de su oscura herencia.

No es el caso esbozar aquí los diversos viajes simbólicos de Guerrino hacia Oriente. Se ha dicho que allí el Preste Juan podrá aclararle algo sobre sus orígenes. El legendario reino del Preste Juan no es, a su vez, más que una de las representaciones donde se encarna, en la imaginación popular medieval, el recuerdo de la "tierra sagrada" primordial y sobre todo de la suprema función real y sacerdotal, natural y sobrenatural, al mismo tiempo, que ejerce la tradición hiperbóreo que le corresponde. En las representaciones medievales, este centro está localizado frecuentemente en diversos lugares, pero con preferencia hacia el Oriente. En los relatos del Guerrino se encuentra "al final de la tierra, hacia Levante". Es descrito como situado sobre "una montaña cuya cima parece alcanzar el cielo", símbolo de su función relacionadora, en cierta forma, del elemento terrestre humano, con el elemento sobrehumano. Pero el hecho más importante es que la montaña de su reino sea un centro de culto y del oráculo de Apolo, es decir, un enclave no cristiano, sino ario-helénico, venido de la región hiperbóreo, aunque el Preste Juan, rey de esta tierra "de la verdad y el bienestar", por reverencia hacia la religión dominante, sea descrito como rey y sacerdote cristiano.

En las diferentes tradiciones legendarias, el motivo de los conquistadores que han emprendido un recorrido análogo al de Guerrino en la tierra del Preste Juan o en otros lugares similares, se repite frecuentemente. Todos estos lugares están marcados por los mismos árboles "Solares", típicos del oráculo apolíneo, recibiendo así la consagración sobrenatural del poder que resulta y, casi se estaría tentado de decir, para recuperar el contacto con los orígenes, obscuramente presentido por su grandeza. Se reencuentra este motivo en los relatos del Guerrino que durante cierto lapso de tiempo, va a asumir el poder del Preste Juan en su aspecto específicamente guerrero, ya que convirtiéndose en general en jefe es venerado por todos, según el deseo del Preste Juan, como si se tratase de él mismo. Pero la búsqueda de sus orígenes en el reino del Preste Juan solo tiene éxito a medias. Guerrino consigue solamente saber que sus antepasados y su linaje es regio. Para conocer realmente a sus padres, debe desplazarse hacia Occidente y hacia el Norte, tras haber sufrido diversas pruebas, sobre todo el paso a través del reino del hada Alcina. En el fondo, Alcina personifica el principio genérico de las seducciones y de las renuncias antiviriles, sugestiones venusianas y ginecocráticas que constituyen un tema central en las civilizaciones pre-arias del Sur. Por otra parte, el hecho de que Guerrino regrese hacia Occidente compensa, por así decir, la deformación de la imaginación popular y de las circunstancias contingentes de localización en Oriente de un centro que en realidad es la imagen del centro realmente nórdico-occidental, lugar de origen del linaje de conquistadores arios primordiales.

Es así como en una de las versiones del relato, es en Irlanda, en el "Pozo de San Patrick" donde Guerrino tiene al fin una información definitiva sobre sus orígenes. Una vez más, se asiste a una situación de asimilación cristiana que oculta un significado más profundo, dado que la Irlanda prehistórica tiene efectivamente testimonios entre los más característicos de la tradición prehistórica nórdico-occidental. De todas formas, es en Occidente donde se realiza la odisea de Guerrino, quien al fin reencuentra a sus padres. Pero elige renunciar a la dignidad real y a las grandezas de este mundo para consagrarse a la vida ascética. "Hijo de Dioses" lo llaman sus adversarios. "Raza de Dioses" era el nombre de la raza legendaria venida de Avallon hasta Irlanda, según las antiguas tradiciones irlandesas de la raza de los Tuatha-da-Danan; Avallon no es más que uno de los nombres que designaban el mismo centro primordial nórdico-atlántico. Los símbolos hablan claramente a propósito del sentido último de esta aventura. La vía del regreso a los orígenes, al menos para la raza de los conquistadores occidentales, resucitados bajo el signo del Sacro Romano Imperio Germánico (las aventuras de Guerrino parecen desarrollarse bajo el reinado de Carlomagno) no es el que -según las absurdas teorías "evolucionistas" llevaría a condiciones animales de existencia-, sino que, poco a poco, lleva de la tierra al cielo y, en consecuencia, -en términos dantescos- de la VIDA ACTIVA a la vida contemplativo. No como evasión, sino como realización final, tras toda clase de pruebas heróicas, finaliza pues, bajo este signo ascético, la odisea del Guerrino. Esta "canción de gesta" tan popular, delicia de la juventud de generaciones precedentes, resume pues, según una lógica perfecta, las etapas funda mentales de un itinerario espiritual completo, válida también como vocación de un individuo aislado o como tradición de toda una raza.

Con esto disponemos de lo necesario para compren der la cifra trece como número positivo, benéfico y "solar". Cómo ha podido convertirse, más específicamente, en el número de la felicidad y más frecuente mente de la desgracia, es algo que vamos a comprender a continuación.

Una tradición puede sufrir un obscurecimiento, una decadencia, de forma que, aun dejando sobrevivir las formas, se haya retirado la fuerza suprema que debería penetrarla y reanimarla. Una de las formas simbólicas más expresivas de este estadio es la reunión de los doce a quien falta, sin embargo, el treceavo. Si nos referimos a la fórmula medieval de estas ideas, nos encontramos con la representación muy interesante de la Tabla Redonda en torno a la cual se sientan los doce caballeros, pero cuyo treceavo lugar está vacío y lleva el nombre significativo de ASIENTO PELIGROSO. Nadie puede sentarse en él sin deber enfrentarse a una prueba terrible. Está reservado a un caballero elegido, predestinado, mejor que todos los demás, cuyo nombre, en las novelas de caballería es en ocasiones Galahad, en otras Perceval o Gawain. La cualificación particular de este caballero le da derecho a ocupar la plaza, es decir, encarnar la función solar suprema y ser el jefe de los. otros doce, es decir, de la tradición, organización, o del ciclo que les reunía. Si cualquier otro caballero quisiera ocupar la plaza sin ser digno, encontrarla la desgracia: sería fulminado o la tierra se abrirla bajo sus pues. Por el contrario, el caballero elegido a pesar de estos fenómenos permanecería indemne. Se presenta a menudo como el que es capaz de reparar, a diferencia de los otros, una espada rota, símbolo evidente de la decadencia a la cual va a poner término. He aquí como puede aclararse el doble significado de felicidad y desgracia de la cifra trece. El aspecto maléfico debe evidentemente prevalecer, por la simple razón que, sobre el plano que ya hemos indicado, es natural que la mayor parte de los que intentan ocupar el treceavo puesto, no estén a la altura de la prueba.

Júzguese con este ejemplo lo que puede subsistir de manera obtusa, nocturna, subconsciente, en las supersticiones populares. La potencia de la superstición no es más que la automatización y la materialización de lo que, en el origen, se relacionaba con significados espirituales. La Edad Media en Occidente, es el último período en donde tradiciones, como las relativas al doce, al trece, al puesto peligro so, conservaron aun significados de éste género. Para apreciar la distancia que existe entre ellas y su supervivencia supersticiosa evocaremos una vez más nuestro libro EL MISTERIO DEL GRIAL Y LA TRADICION GIBELINA DEL IMPERIO. Hemos ilustrado y demostrado que las leyendas de caballería de las que acabamos de hablar, tenían un estrecho lazo con el problema político-espiritual del imperio gibelino. El héroe del Grial, que habría debido restituir a su antiguo esplendor un reino misterioso y se identificaba con el caballero elegido, capaz de sentarse sin temor en el "lugar peligroso", el treceavo lugar vacío, no es más que el dominador que todo el mundo gibelino esperaba para poner fin a la usurpación y realizar íntegramente en el mundo entero el Sacro Imperio Romano Germánico. Corresponde también, más o menos, al misterioso DUX y al VELTRO dantesco, que tenía mucha más relación de lo que generalmente se cree con las tradiciones a las que nos hemos referido, mientras que Richard Wagner ha falseado de la forma más lamentable, su verdadero sentido.

Pero esta esperanza, como se sabe, se vio decepcionada. Tras una breve culminación todo se hundió: Renacimiento, Humanismo, Reforma, crecimiento anárquico y violento de las naciones, absolutismo y, en fin revolución y democracia. Puede imaginarse hasta que punto hoy el treceavo lugar está vacío. El símbolo que encierra, corresponde rigurosamente a aquel muy conocido, del emperador gibelino, jamás muerto, que duerme un sueño secular y que espera que los tiempos "hayan llegado" para despertar y combatir a la cabeza de los que no lo han olvidado y que le son fieles en la última batalla.

 

 

 

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