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Revuelta contra el Mundo Moderno (II Parte) Introducción

Revuelta contra el Mundo Moderno (II Parte) Introducción

Biblioteca Julius Evola.- Abordamos la reproducción de la Segunda Parte de Revuelta Contra el Munod Moderno. Vamos a intentar publicarla en el plazo más breve posible, dado su interés. Para situar al lector le diremos que si en la primera parte de la obra el autor ha pasado revista a los valores de la tradición y se ha preocupado de definirlos, en esta segunda parte, lo que traza es una morfología de las civilizaciones, una clasificación que va mucho más allá de la división que ya había realizado en "La Tradición Hermética" entre civilizaciones tradicionales y civilizaciones modernas.

 

SEGUNDA PARTE

GENESIS Y ROSTRO DEL MUNDO MODERNO

"El Sabio conoce muchas cosas ‑ prevé los acontecimientos, la decadencia del mundo ‑ el fin de los Ases"

(Völuspa, 44)

"Os revelaré un secreto. Ha llegado el tiempo en que el Esposo coronará a la Esposa. Pero ¿dónde está la corona? Hacia el Norte...

Y ¿de donde viene el Esposo? Del Centro, donde el calor engendra la Luz y se dirige hacia el Norte... donde la Luz se vuelve resplandeciente. Pero ¿qué hacen los del Mediodía? Se han adormecido en el calor; pero despertarán en la tempestad y, entre ellos, muchos se aterrorizarán hasta el punto de morir"

J. Boheme (Aurora, II, XI, 43).

El método adoptado en la primera parte de esta obra presenta, en relación al que seguiremos a partir de ahora, una diferencia que interesa poner de manifiesto.

En la primera parte nos hemos situado en un punto de vista esencialmente morfológico y tipológico. Se trataba ante todo de extraer, a partir de testimonios diversos, los elementos que permitieran precisar mejor en lo universal, es decir, suprahistóricamente, la naturaleza del espíritu tradicional y de la visión tradicional del mundo, del hombre y de la vida. No era preciso, pues, examinar la relación existente entre los datos utilizados y el espíritu general de las diversas tradiciones históricas de las que dependen. Los elementos que, en el conjunto de una tradición particular y concreta, no eran conformes con el puro espíritu tradicional, podían ser ignorados y considerados como carentes de influencia sobre el valor y el sentido de los otros. No se trataba tampoco de determinar en que medida algunas posiciones e instituciones históricas eran "tradicionales" en el espíritu, o solamente en la forma.

A partir de aquí nuestro propósito varía. Consistirá en seguir la dinámica de las fuerzas tradicionales y antitradicionales a través de la historia, lo que excluye la posibilidad de aplicar el mismo método, a saber, aislar y valorizar, en razón de su "tradicionalidad" algunos elementos particulares en el conjunto de las civilizaciones históricas. Lo que contará en el futuro, y constituirá el objeto específico de este nuevo enfoque, será, por el contrario, el espíritu de una civilización determinada, el sentido según el cual han actuado de forma concreta todos los elementos comprendidos en su interior. La consideración sintética de las fuerzas reemplazará al análisis tendiente a desgajar los elementos válidos. Se tratará de descubrir la tendencia "dominante" en los diversos complejos históricos y determinar el valor de sus diferentes elementos, no en lo absoluto y lo abstracto, sino teniendo en cuenta la acción que han ejercido sobre tal o cual civilización contemplada en su conjunto.

Mientras que en la primera parte, hemos procedido a una integración del elemento histórico y particular en el elemento ideal, universal y "típico", se tratará pues, de ahora en adelante, de integrar el elemento ideal en el elemento real. Más que recurrir a los métodos y resultados de la historiografía crítica moderna, esta integración se fundará esencialmente, como en el primer caso, en un punto de vista "tradicional" y metafísico, y sobre la intuición de un sentido que no se deduce de los elementos particulares, sino que se presupone y a partir del cual se puede comprender y medir su valor orgánico así como el papel que han podido jugar en las diferentes épocas y en las diversas formas históricamente condicionadas.

Podrá suceder, pues, que aquello que se ha omitido en la primera integración figure en un plano destacado en la segunda, y otro tanto de forma inversa; en el marco de un civilización dada, algunos elementos podrán ser puestos de relieve y considerados como decisivos, mientras que en otras civilizaciones, donde también se dieron, deberán ser abandonados y considerados como carentes de interés.

Para cierta categoría de lectores estas precisiones no serán inútiles. Contemplar la Tradición en tanto que historia tras haberla contemplado en tanto que supra‑historia, comporta un desplazamiento de la perspectiva; el valor atribuido a los mismos elementos se modifica; cosas que estaban unidas se separan y otras que se encontraban separadas se unirán, según las fluctuaciones de las contingencias inherentes a la historia.

 

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