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Revuelta contra el Mundo Moderno. I Parte. Cap XI. Relaciones jerárquicas entre realeza y sacerdocio

Revuelta contra el Mundo Moderno. I Parte. Cap XI. Relaciones jerárquicas entre realeza y sacerdocio

Biblioteca Evoliana.- El Capítulo XI del "Revuelta contra el Mundo Moderna" sienta las bases de la relación jerárquica entre Realeza y Sacerdocio. Evola considera la espiritualidad sacerdotal como una forma telúrica y ginecocrática de espiritualidad, mientras que la espiritualidad Regia estaría relacionada con formas masculinas, virilesy solares de espiritualidad. Esta diferenciación será importante a la hora de establecer los distintos modelos de civilización (que realiza Evola en los primeros capítulos de la Segunda Parte de la misma obra).

 

XI

RELACIONES JERARQUICAS ENTRE
REALEZA Y SACERDOCIO

Si la síntesis original de los dos poderes se reconstituye, en cierto sentido, en el rey consagrado, se percibe claramente la naturaleza de las relaciones jerárquicas que, en todo orden normal, deben existir entre la realeza y la casta sacerdotal (o Iglesia) contemplada en tanto que simple mediadora de las influencias sobrenaturales: la primacía pertenece a la realeza frente al sacerdocio, al igual que, sobre el plano simbólico, pertenece al sol en relación a la luna, al hombre respecto a la mujer. Desde cierto punto de vista, se trata de la misma primacía tradicionalmente reconocida a la realeza sacerdotal de Melquisedech, sacrificador del Altísimo, Dios de la Victoria ("el Altísimo hace caer a los enemigos en tus manos". Gén. , XIV, 20) frente al sacerdocio de Abraham. Como hemos dicho, los defensores medievales de la idea imperial no han dejado de referirse al símbolo de Melquisedech, para reivindicar, respecto a la Iglesia, la dignidad y el derecho sobrenaturales de la realeza (1) .

Para volver a las civilizaciones puramente tradicionales, se desprende de alguno textos arios, más precisamente indo–arios, que incluso en una civilización cuyo carácter parecería, a primera vista, esencialmente "sacerdotal", subsiste, en amplia medida, la noción de la relación justa entre las dos dignidades. Se trata de textos ya citados, donde se dice que la estirpe de las divinidades guerreras nace de Brahman como una forma más alta y más perfecta que él mismo. Y sigue a continuación: "No hay nada superior a la aristocracia guerrera – kshâtram – y los sacerdotes – brahman – veneran al guerrero cuando tiene lugar la consagración de los reyes".

En el mismo texto, la casta sacerdotal, asimilada al Brahman – comprendido aquí de una forma impersonal, en un sentido que corresponde, en el cristianismo, a las influencias del Espíritu Santo, del que la Iglesia es detentadora– aparece en una relación de Madre o matriz materna – yoni – con la casta guerrera o real (2) , lo que es particularmente significativo. El tipo real se presenta aquí con su valor de principio masculino que supera, individualiza, domina y gobierna "triunfalmente" la fuerza espiritual, concebida a imagen de una madre y de una mujer. Ya hemos hecho alusión a las antiguas tradiciones relativas a una realeza obtenida convirtiéndose en esposo de una mujer divina, la cual aparece a menudo también como una madre (tránsito al símbolo del incesto, de donde procede el título de "toro de su madre" atribuida, en un contexto más general, al rey egipcio). Todo remite al mismo punto. El hecho de reconocer la necesidad del rito de investidura no implica que se le consagre y reconozca la subordinación del rey a la casta sacerdotal. Ciertamente, una vez desaparecida la raza de los seres que, por naturaleza ya, no son simplemente humanos, el rey, antes de la consagración –admitiendo que no se haya elevado individualmente por otro medio, a un plano más alto (3) – no es más que un "guerrero"; pero, mediante la consagración, más que recibir un poder, lo asume asume , y este poder, la casta sacerdotal lo "posee" menos que lo "guarda": el poder pasa entonces a una "forma más elevada". En este acto, la cualidad viril y guerrera de aquel que recibe la iniciación se libera, se transporta sobre un plano superior (4) ; sirve de eje y de polo a la fuerza sagrada. Se comprende pues porqué el sacerdote consagrador debe "venerar" al rey por él consagrado aunque este –dice el texto– debe al brahmana el respeto que se puede tener por una madre. Incluso en el Manavadharmashastra , –que intenta, sin embargo, defender la primacía del brahmana – éste es comparado al agua y a la piedra, mientras que el khsatriya es comparado al fuego y al hierro, y se reconoce que si "los khsatriya no pueden prosperar sin los brahmana , los brahmana no pueden elevarse sin los khsatriya " e incluso si "los brahmana son la base, los khsatriya están en la cumbre del sistema de las leyes" (5) . Por sorprendente que esto pueda parecer a algunos, estas ideas, en el origen, no fueron enteramente ajenas a la cristiandad misma. Según el testimonio de Eginhard, despues que Carlomagno hubiera sido consagrado y aclamado según la fórmula: "A Carlos augusto, coronado por Dios, grande y pacífico emperador de los romanos, ¡vida y victoria!" el papa "se postra ( adoravit ) ante Carlos, según el rito establecido en los tiempos de los antiguos Emperadores" (6) . Además, en el tiempo de Carlomagno y de Luis el Piadoso, como también en los emperadores cristianos, romanos y bizantinos, los concilios eclesiásticos eran convocados, o autorizados, y presididos por el príncipe a quien los obispos iban a someter sus conclusiones, no solo en materia de disciplina, sino también en materia de fé y de doctrina, utilizando la fórmula: "Al Señor y Emperador, para que Su sabiduría añada lo que falta, corrija lo que está contra la razón, etc..." (7) . Esto significa que se reconocía al soberano, incluso en el dominio de la sabiduría, como un eco, el primado y una imprescriptible autoridad rspecto al sacerdocio. La liturgia del poder , propia de la tradición primordial, subsistía. No es un pagano, sino un católico –Bossuet– quien ha declarado, en una época ya moderna, que el soberano "es la imagen de Dios" sobre la tierra, llegando incluso hasta proclamar: "Sois dios, aunque murais y vuestra autoridad no muere" (8) .

Cuando, por el contrario, la casta sacerdotal pretende que en razón de la consagración que da, la autoridad real debe reconocerla como jerárquicamente superior ("aquel que bendice es superior al que es bendecido") (9) y por tanto obedecerle –y tal ha sido precisamente en Europa la pretensión de la Iglesia en la "Querella de las investiduras"– se cae en plena herejía, en pleno trastorno de la verdad tradicional. En realidad, encontramos ya, en la penumbra de la prehistoria, los primeros episodios del conflicto entre la autoridad real y la autoridad sacerdotal, la una y otra reivindican para sí mismas la primacía perteneciente a lo que es anterior y superior a cada una de ellas. En el origen, este conflicto no fue en absoluto motivado, como se cree generalmente, por preocupaciones de supremacía social y política; tenía profundas raíces, más o menos conscientes, en dos actitudes opuestas frente al espíritu, actitudes de las que tendremos ocasión de hablar más adelante. Bajo la forma que debía esencialmente asumir tras la diferenciación de las dignidades, el sacerdote, en efecto, es siempre, por definición, un intérprete y un mediador de lo divino: aunque potente, tendrá siempre conciencia de dirigirse a Dios como a su señor. El rey sagrado se siente, por el contrario, de la misma raza que los dioses. Ignora el sentimiento de la subordinación religiosa y no puede ser sino intolerante respecto de toda pretendida supremacía reivindicada por el sacerdote. Sea como fue, se desliza, con el tiempo, hacia formas de anarquía antitradicional, anarquía que reviste un doble aspecto: o bien el de una realeza que es un simple poder temporal en rebelión contra la autoridad espiritual; o el de una espiritualidad de tipo "lunar" en revuelta contra una espiritualidad encarnada por la monarquía que ha conservado la memoria de su antigua función. En uno y otro caso, la heterodoxia surgirá de las ruinas del mundo tradicional. La primera vía es la que conducirá a la usurpación "titánica" y, poco a poco, a la secularización de la idea de Estado, a la destrucción de toda verdadera jerarquía, y, enfin, a las formas modernas de una virilidad y de una potencia ilusorias y materializadas, finalmente derribadas por el demonismo del mundo de las masas bajo sus aspectos más o menos colectivistas. La segunda vía, paralela a la anterior, se manifestará primeramente por el advenimiento de la "civilización de la Madre", con su espiritualidad de base panteista; se manifestará luego a través de las diversas variedades de lo que es, hablando con propidad, la religión devocional.

Veremos como en la Edad Media se asiste al último gran episodio del conflicto, antes evocado, bajo la forma de una lucha entre el universalismo religioso representado por la Iglesia, y la idea regia, encarnada, no sin compromiso, por el Sacro Imperio Romano, idea según la cual el Emperador es efectivamente el caput ecclesisiae (10) , no solo el sentido que sustituye al jefe de la jerarquía sacerdotal (el papa), sino tambien porque la función imperial es aquella en la cual la fuerza misma alcanzada por la Iglesia y animando a la cristiandad, puede unise en una relación eficaz de dominación. Aquí "el mundo, concebido como una vasta unidad representada por la Iglesia, asumía la imagen de un cuerpo cuyos miembros están coordinados bajo la dirección suprema del Emperador, que es a la vez el jefe del reino y de la iglesia (11) . El Emperador, aunque debió su trono al rito de la investidura celebrado en Roma tras las otras investiduras correspondientes a su aspecto secular de príncipe teutónico, afirmaba tener directamente de Dios su poder y su derecho y no tener más que a Dios sobre él: el papel del jefe de la jerarquía sacerdotal que le había consagrado no podíaser pues, lógicamente, más que el de un simple mediador, incapaz –según la concepción gibelina– de recuperar, por la excomunión, la fuerza sobrenatural a partir de ahora asumida (12) . Antes que la interpretación gregoriana trastornase la esencia misma de los símbolos, la antigua tradición permaneció, el Imperio –como siempre y por todas partes– era asimilado al sol y la Iglesia a la luna (13) . Por otra parte incluso en la época de su mayor prestigio, la Iglesia se atribuye un símbolo esencialmente femenino, el de una madre , en relación al rey, que es su hijo: simbolismo donde se reencuentra precisamente la expresión upanishadica (el brahaman en tanto que madre del kshatram ) pero unida a los ideales de la supremacía de una civilización de tipo ginecocrático (subordinación anti–heroica del hijo a la Madre, derecho de la Madre). Por lo demás, el hecho de que el jefe de la religión cristiana, es decir, el papa, asumiendo el título de pontifex máximus cometa más o menos una usurpación, se desprende de lo que ha sido ya dicho, a saber que pontifex maximus fue originalmente una función del rey y del Augusto romano. Igualmente, los simbolos característicos del papado, como la doble llave y la nave, han sido recuperados del antiguo culto romano de Janus, del que ya se ha indicado su relación con la función real. La triple corona misma correspodne a una dignidad que no es ni religiosa ni sacerdotal, sino esencialmente iniciática: la del "Señor del Centro", soberano de los "tres mundos". En todo esto aparece pues claramente una distorsión y un desplazamiento abusivo del plano, que,aun habiéndose realizado oscuramente, no es menos real e indica una desviación significativa de la pura idea tradicional.


notas a pie de página:

(1) En la Edad Media, la figura misteriosa del "sacerdote real Juan" reproduce, en cierta manera, la de Melquisedec, en tanto que se relaciona con la figura de un centro supremo del mundo. La leyenda concerniente al regalo que hizo el preste Juan a "Federico" de "una piel de salamandra, augua viva y un anillo que confiere la inmortalidad y la victoria" (A. GRAF, Roma nelle mem. , etc. cit., v. II, pag. 467) expresa la sensación confusa de una relación existente entre la autoridad imperial y una especie de mandatario de la autoridad detentada por este centro. Cf. J. EVOLA, Misterio del Graal, op. cit. [retorno al texto]

(2) Brhadaranyaka–upanishad , I, iv, II; cf. también Shatapatha , XIV, iv, 2, 23–27. [retorno al texto]

(3) En la tradición hindú misma, no faltan ejemplos de reyes que poseen ya o adquieren un conocimiento espiritual superior al de los brahamana. Tal es, por ejempo, el caso del rey Jaivala, cuya ciencia no habría sido transmitida por ningún sacerdote, sino reservada a la casta guerrera, kshatram . Por ello se dice que "la soberanía de todas las regiones – loka – pertenece hasta aquí [solo] al "kshatram" ( Shatapatha–brâm , XIV, ix, I, II). En el mismo texto (XI, vi, 2, 10 cf. Bhagavad–gitâ , III, 20) se cita también el caso bien conocido del rey Janaka que alcanza, mediante el ascesis, la realización espiritual y en el Brhadâranyaka– upanishad , IV, iii, I. sigs. se ve al rey Janaka enseñar al brahamana Yânavalka la doctrina del Yo trascendente. [retorno al texto]

(4) Así, en el Pancavimsha–brham , XVIII, 10, 8, se dice que si se emplean, para la consagración real – râjasurya – las mismas fórmulas – trivrt – que para el brahman (es decir, la casta sacerdotal), este debe, sin embargo, someterse al kshatran (es decir a la casta guerrera real). Son procesiamente las cualidades que el aristócrata y el guerrero –y no el sacerdote en el sentido limitado de término– poseen en propiedad y que, integrados en lo sagrado, reproducen la cúspide "solar" de la espiritualidad y justifican el hecho, ya mencionado, que en las organizaciones tradicionales más perfectas, los sacerdotes, en el sentido superior del término, eran excusivamente elegidos entre las clases patricias y que la iniciación y la transmisión de la ciencia trascendente les era originariamente reservado. [retorno al texto]

(5) Mânavadharmashastra , IX, 321–322; XI, 83–84. [retorno al texto]

(6) Apud F. de COULANGES, op. cit , pags. 315–16. El Liber Pontificalis (II, 37) dice textualmente: "Post laudes ad Apostolico more antiquorum, principum adoratus est ". Cf. las expresines de PIERRE DE BLOIS ( apud BLOCH, op. cit. , pag. 41): "Asistir al rey [para un clèrigo] es realizar una cosa santa, pues el rey es santo; es el Cristo del Señor y no en vano ha recibido el sacramento de la unción". El autor añade que si alguién dudaba de la eficacia mística de este sacramento, bastaría invocar, como argumento, el poder taumatúrgico real. [retorno al texto]

(7) Cf. F. de COULANGES, op. cit. , pag. 524–5, 526, 292–3. Se puede recordar, por lo demás, que fue un emperador –Segismund– quien convocó el Concilio de Constanza despues de la Reforma, para intentar remediar el cisma y la anarquía en los cuales el clero había caido. [retorno al texto]

(8) BOSSUET, Sermon sobre los Deberes de los Reyes . [retorno al texto]

(9) A esta expresión paulina se puede oponer, en la tradición judaica, el simbolismo de Jacob que lucha con el ángel y lo obliga a "bendecirlo" ( Génesis , XXXII, 25). [retorno al texto]

(10) Cf. Liber de Lite , v. II, pag. 536–7. [retorno al texto]

(11) A. SOLMI, Stato e Chiesa secundo gli scritti politici da Carlomagno al concordato di Worms , Módena, 1901, pag. 156, 85. Mientras duró el imperio romano de Oriente, la Iglesia, por lo demás, tuvo siempre el carácter de una institución de Estado, dependiendo del Emperador, el cual ejerce un poder casi soberano (cf. E. LOENING, Gresch. des deutschen Kirchenrechts , Estrasburgo, 1878, v. II, pag. 3–5). El principio de la usurpación sacerdotal se remonta teóricamente, como se verá, a las declaraciones del papa Gelasio I. [retorno al texto]

(12) Cf. de STEFANO, L'Idea Imper. , etc., op. cit., pags. 36–37, 57–8; KANTOROWICZ, Friedrich II , op. cit., pag. 519. [retorno al texto]

(13) Igualmente en Hugues de FLEURY ( de Regia Potest. , I, 13, Liber de Lite , v. II, pag. 482. [retorno al texto]

 

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